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| SERGIO RAMÍREZ MERCADO EN COLOQUIO DE LA ACADEMIA |
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Un memorable coloquio resultó el efectuado en la sede de la Academia Dominicana de la Lengua con Sergio Ramírez Mercado, afamado novelista de Nicaragua y miembro de número de la Academia Nicaragüense de la Lengua. El doctor Bruno Rosario Candelier, director de la Academia, condujo el coloquio con el escritor y académico, actividad cultural en la que participaron con preguntas formuladas al novelista los integrantes del Grupo Mester de Narradores, los académicos Manuel Salvador Gautier, Ofelia Berrido, Ángela Hernández y Rafael Peralta Romero.
Ante una entusiasta audiencia compuesta por académicos, escritores, intelectuales, profesores y estudiantes de letras, Sergio Ramírez Mercado, que completa con Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes la cuadrilla de los grandes narradores hispanoamericanos del presente, dio notaciones de un admirable dominio de conocimientos literarios y de poseer una vasta experiencia como novelista, al tiempo que reveló importantes vivencias que han nutrido su obra narrativa. En mis palabras de presentación, ponderé la mentalidad de novelista nicaragüense, que la confirman estas señales: 1. La capacidad intelectual y estética para encontrar, en el material bruto de hechos y problemas, la idiosincrasia de un pueblo. 2. La capacidad para auscultar, en los hechos socioculturales o en los conflictos interiores, la voz de una comunidad. 3. La capacidad para recrear, con las imágenes narrativas y las técnicas compositivas, la cosmovisión de una cultura y el talante de sus interlocutores. El diestro narrador centroamericano, en cuya novelística hay evidencia de un cabal dominio de las técnicas narrativas y una clara comprensión del sentido de la narración, se destaca, según dije, por la destreza lingüística de su prosa, la conciencia diáfana del lenguaje y el aporte narrativo al desarrollo de la imaginación creadora, razón por la cual estimé que Sergio Ramírez es un escritor de la lengua española. “Cuando un escritor expresa, desde el espíritu de nuestra lengua y la sustancia de su creación, la idiosincrasia de un pueblo o la voz profunda de una comunidad, alcanza la categoría de escritor de la lengua”, subrayé. En su participación, la novelista Ofelia Berrido intervino preguntándole al intelectual nicaragüense si, como hombre que vivió una vida política intensa al formar parte del Frente Sandinista y firmar el manifiesto de 1977, creía que el escritor debe comprometerse políticamente y manifestarlo en su obra o recomienda que dé la espalda a cuanto acontece en la sociedad. A lo que Sergio Ramírez puntualizó que fue vicepresidente de su país bajo el régimen sandinista pero, como bien es sabido, a los vicepresidentes nadie los recuerda. “Viví esa experiencia intensamente, pero ya pasó. Hoy vivo a través de la cultura y la literatura. De hecho yo fui escritor antes de ser político, como subrayó Bruno Rosario Candelier. Ya la política quedó atrás y terminé esa etapa con el libro Adiós muchachos, que es mi versión de los hechos. Es el testimonio de mi verdad vista desde mi perspectiva. Con ella pongo punto final a esa etapa política, pero conservo mi capacidad de opinar sobre lo que sucede en el mundo. Ahora bien, yo combino el papel de escritor con el de ciudadano. Cuando escribo lo hago con la ventana abierta, no puedo permanecer ajeno ni cerrarme a lo que pasa en la sociedad, a lo que pasa afuera… Para mí, Centroamérica está presente en mi obra. Tiene una referencia inevitable con la realidad: la pobreza, las dictaduras, ahora el narcotráfico, en fin… Siempre hay un hilo conductor con la región geográfica porque nuestros vínculos son reales”. Cuando la novelista dominicana le preguntó al novelista nicaragüense que diera su opinión sobre la novela y que señalara un modelo de novela, nuestro invitado ponderó de un modo especial la obra Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes. “Esa es para mí una novela como son las verdaderas novelas porque lo incluye todo: prosa, poesía, historia, imaginación, realidad, ironía… La novela es incluyente, todo está permitido cuando se escribe una novela; se escribe, me parece a mí, en gran parte desde el inconsciente. La novela es profunda, no tiene límites, lo puede encerrar todo”. Subrayó el novelista que las novelas son historias que se cargan a través del tiempo, pues no se hace una novela en tres meses. Mis novelas en su mayoría han sido escritas en un período de 2 años, como Margarita, está linda la mar o La fugitiva, en fin… La novela debe ser capaz de mantener la atención del escritor a través de ganchos suficientes para mantener la atención del lector en el curso de toda la obra”, añadió. En su comentario sobre el quehacer novelístico, consignó que el lector es cómplice del escritor: el novelista crea la novela y el lector la recrea, porque el lector le da nueva vida a una novela. Recursos son también los diálogos que recordamos y que un día, como lectores, vamos modificando a nuestro mejor parecer, el rostro sin esperanza de una mujer antes de lanzarse a las vías del tren y que ya no sabemos si lo vimos en la vida o en el sueño gracias a la lectura de Ana Karenina, de León Tolstoy; una injusticia atroz como cuando aquel Dimitri Karamazov azota con el látigo al cochero mientras su hijo, apenas un niño, presencia la escena, impotente, al apreciar una injusticia que como lector no puede reparar, pero que nos enseña el sentido de la piedad y la justicia. El escritor de novelas no está para analizar e interpretar lo que él escribe, sino para narrar. El novelista describe, no prescribe. La interpretación es del lector. El escritor de novelas cuenta mentiras con propiedad para provocar sentimientos, conceptos y emociones que despierten la imaginación. Una buena novela logra de esa manera asir la belleza y provocar una reflexión sobre la realidad, comentó el novelista invitado. Por su parte, Manuel Salvador Gautier recordó que, en una entrevista que le hacen a Sergio Ramírez sobre su novela El cielo llora por mí, el escritor nicaragüense plantea que “es muy raro que haya un escritor latinoamericano que se ausente de la política”. Significó que los narradores experimentan la necesidad de protestar por la problemática social, la falta de institucionalidad, la corrupción, la discriminación racial y otros hechos negativos que contribuyen a destruir las bases de la convivencia en un país. El coordinador del Grupo Mester de la Academia le preguntó qué recomendaría a los autores para no caer en el panfletismo, algo muy criticado en nuestro país por la literatura que se escribió durante la vigencia del Socio-realismo. A ese planteamiento, el académico nicaragüense respondió diciendo que los novelistas deben cuidarse en no apostar a una ideología, ni a ninguna propaganda, ni a una doctrina del tipo que fuere, pues su misión es describir y narrar lo que acontece en la realidad, de manera que es al lector a quien le corresponde juzgar o inferir una determinada posición conceptual, filosófica o política. En su intervención, el novelista nicaragüense enfocó varios temas vinculados al quehacer de la novela, así como diversos aspectos formales, como podremos apreciar en la transcripción de su entrevista, que publicaremos en el Boletín de la institución. Sergio Ramírez Mercado nació en Nicaragua en 1942. Escritor, periodista, abogado y político, fue vicepresidente de su país durante el primer gobierno del partido sandinista. Publicó su primer libro, titulado Cuentos, en 1962. En su obra literaria figuran, entre otros títulos, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita, está linda la mar, Premio Alfaguara de Novela 1998 y el Premio Latinoamericano “José María Arguedas” en el 2000. También Cuentos completos (1998); Adiós muchachos, memoria de la revolución sandinista (1999); Catalina y Catalina (2001); Mentiras verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), Tambor olvidado, ensayos (2007), El cielo llora por mí (2009) y La fugitiva (2011). El libro Cuentos más que completos, que incluye la narrativa corta de Juan Bosch editada por Alfaguara en América, tiene un enjundioso prólogo del novelista, ensayista y académico de Nicaragua. Santo Domingo, ADL, 3 de mayo de 2012. |
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