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| EL MUNDO DE LA POESÍA Y LOS POETAS |
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Por Bruno Rosario Candelier
“La belleza no puede herir su dardo en un corazón atolondrado. Reclama el recogimiento. Espacios de soledad. Para oír y para cultivar el espíritu en la palabra. En el fragor diario de la vida, el poeta se sabe llamado. Esta llamada es pabilo humeante, centella tremulante. Pero es luz -certeza de luz-, aunque esté vertida en frágil vaso de barro” (Helena Ospina, “Arte y persona en Bartolomé Lloréns”). Muchos se han hecho la pregunta, ante el apremiante afán consumista de una sociedad moderna dominada por la posesión ansiosa de dinero y de bienes materiales, si la poesía ha muerto y si ha desaparecido el valor o el encanto de la obra artística y las humanidades. Es cierto que la poesía no tiene valor para quienes tienen su atención puesta en la consecución del bienestar material y la fortuna. La mayoría de la gente parece estar centrada en la lucha por la vida, atenta a la dura faena en los diversos ámbitos laborales y sociales en busca de los recursos económicos para vivir y muchos lucen atrapados por el estrés de la vida agitada, agobiados por factores de tensión, ansiedad y angustia, con un desinterés por las expresiones culturales, intelectuales y artísticas. Por las tendencias dominantes en la sociedad, nuestro pueblo da la sensación de que ha echado a un lado las tendencias fundamentales de la esencia humana, como son las inclinaciones intelectuales, morales, estéticas y espirituales. Los seres humanos tenemos una larga historia en el proceso de nuestro desarrollo biológico, social y cultural, ya que primero tuvimos que aprender a dominar la Naturaleza para sobrevivir, pero con el paso del tiempo y los conocimientos heredados de nuestros mayores comprobamos que no solo de pan vive el hombre, como dice el texto bíblico, ya que en los momentos de ocio o del espacio propicio para la reflexión, la soledad creadora y la contemplación, experimentamos la necesidad de determinadas apelaciones que reclama la condición humana. A las necesidades materiales se suman las necesidades del espíritu, pues somos barro que siente, piensa y sueña. Y, en tal virtud, reflexionamos sobre el sentido de la vida y nuestro destino, intuimos verdades sobre las vivencias que certifican una sensibilidad trascendente mediante la cual nos instalamos en nuestro medio circundante y establecemos un punto de contacto con el Universo. Justamente, mediante la participación de la sensibilidad podemos apreciar los atributos y valores que diferencian a los seres humanos de las restantes criaturas de la Creación. En efecto, ante la belleza de la Naturaleza experimentamos una singular emoción que despierta el sentido estético; ante el encanto de lo viviente sentimos una sensación de identificación y coparticipación que despierta el sentido cósmico; y ante el esplendor de la Creación nuestra alma se conmueve y sentimos una entrañable devoción por el Creador del Mundo, sentimiento que despierta el sentido místico. Entonces, a la luz de la belleza y el misterio de la Creación nace el deseo de testimoniar lo que captan nuestros sentidos dando fe de nuestra emoción estética y testimonio de nuestra fruición espiritual mediante un lenguaje diferente al que habitualmente empleamos. Es el lenguaje poético que expresa con belleza y emoción la verdad de nuestras intuiciones y la hondura de nuestras vivencias. Pero el lenguaje poético es diferente al lenguaje ordinario con el que comunicamos lo que pensamos o queremos. A ese testimonio de nuestra creación, hecho con elegancia y sentido, le llamamos poesía. La creación poética se funda en tres aspectos concurrentes: el sentimiento, la belleza y el misterio, que concitan el despliegue de la sensibilidad y fecundan las emociones que canaliza el lenguaje de la poesía. Cuando hablamos o escribimos expresamos en conceptos nuestra percepción de las cosas, razón por la cual el hablante ordinario piensa en conceptos; pero el poeta traduce esos conceptos en imágenes, cuando escribe su emoción estética, mediante una forma indirecta de decir las cosas con el lenguaje de la figuración. Al contemplar unos hermosos ojos negros, para describir el color o el encanto que irradian, el poeta no lo expresa directamente sino que lo dice indirectamente mediante el recurso de las imágenes, razón por la cual Emilio García Godoy, para expresar que una muchacha tenía unos ojos negros, escribió: “Y surgió la noche y se anidó en tus ojos”. Pues bien, los seres humanos estamos dotados del don del lenguaje y el de la creatividad y si es verdad que las tendencias materialistas y desacralizadas de nuestro tiempo nos alejan del arte, la religión, la filosofía y la mística, que son las expresiones de la sensibilidad espiritual y estética, también es verdad que las más importantes inclinaciones del espíritu humano, como la poesía y la mística, nunca perecerán aunque la cultiven unos pocos elegidos para canalizar las altas manifestaciones del intelecto. Por esa razón siempre habrá poesía, como una vez dijera Gustavo Adolfo Bécquer y, desde luego, siempre habrá fervor por la Divinidad, como muy bien señalara Platón en la Antigüedad. Para ser verdaderamente humano hay que cultivar los valores del espíritu, como la belleza, la verdad, el bien, el amor divino y la paz interior. La inspiración estética es una expresión genuina de la condición humana, como lo es también la intuición mística. Su cultivo satisface las más hondas aspiraciones del hombre y las más entrañables apelaciones humanas. Y la poesía, que es la más elevada expresión estética de la creatividad, es un hermoso testimonio, fecundo y elocuente, de la más honda condición espiritual del hombre. El encanto que produce la percepción de la belleza y el misterio, lo mismo a los poetas antiguos que a los actuales, sigue vigente, a pesar de la apariencia de que la poesía ha muerto. Pero esa es una mera apariencia, pues hay suficientes creadores en la actualidad que confirman que la poesía sigue viva y palpitante, aunque muchos poetas escriban de una manera complicada, difícil de entender para quien desconozca el lenguaje especializado de la creación poética. Por ese don de creación, pudo el poeta del Movimiento Interiorista, Fausto Leonardo Henríquez, escribir: En el interior de la montaña que se yergue en el recóndito temblor de los instantes, allí, indefenso como una hormiga ante un río impetuoso, busco una luz que me mire o una mano que, calurosa, se prenda de mi vestido y me traslade al mundo inmortal de las alondras. Un nudo corredizo ata mi mirada, posiblemente es el riesgo que existe en quien quiere ser un ángel y no una sombra. La poesía ha sido el género literario más cultivado en las letras dominicanas, como también lo ha sido en las restantes literaturas americanas. Hemos tenido, a lo largo de la historia, una significativa producción poética en cantidad y en calidad, en todas las tendencias y vertientes de esa singular forma de creación, que en la dimensión lírica, ocupa el más alto peldaño. Mediante la intuición, la memoria y las vivencias, los poetas canalizan la más honda creación estética que ausculta el sentido sutil de lo viviente, los hallazgos de la conciencia o la revelación de verdades de la cantera del infinito que, aunadas a la belleza y el misterio, la línea del mito, la metafísica y la mística formalizan con el lenguaje de las imágenes y los símbolos. Las tendencias poéticas dominantes del siglo XX responden a la orientación estética del Postumismo, la Poesía Sorprendida, Independientes del 40, la Generación del 48, la Generación del 60, el Pluralismo, la Poética del Pensar, el Contextualismo y el Interiorismo cuyos integrantes han tenido una importante presencia el escenario de la creación poética. Los creadores de la Modernidad respondían al modelo de creación establecida por los poetas de la Poesía Sorprendida (Franklin Mieses Burgos, Antonio Fernández Spencer, Manuel Rueda, Manuel Valerio, Mariano Lebrón Saviñón, Freddy Gatón Arce) con una estrategia poética combinada mediante fórmulas simbolistas, surrealistas y creacionistas); de los Independientes del 40 (Manuel del Cabral, Pedro Mir, Héctor Incháustegui, Tomás Hernández Franco, Octavio Guzmán Carretero, Francisco Domínguez Charro, Alfredo Fernández Simó, Chery Jimenes Rivera y Carmen Natalia), con una preocupación por el hombre y el paisaje dominicanos, expresada en una poesía de tendencia social y a veces de protesta, que pone su evidencia de un lado en la esencia de lo dominicano siguiendo en cierto modo la tradición de Domingo Moreno Jimenes; y por otra parte denuncian las injusticias sociales con estilos y tendencias distintos: directo y reflexivo en Héctor Incháustegui y Octavio Guzmán Carretero: lírico y social en Pedro Mir y Chery Jimenes Rivera; real-imaginario y metafísico en Manuel del Cabral, Tomás Hernández Franco y Alfredo Fernández Simó. Valiosas obras de autores nacionales, como Obras Poéticas de Domingo Moreno Jimenes, Poemas de una sola angustia, de Héctor Incháustegui; Hay un país en el mundo y Contracanto a Walt Whitman, de Pedro Mir; Compadre Mon, Doce poemas negros, La espada metafísica, de Manuel del Cabral; La criatura terrestre y Por los mares de la Dama, de Manuel Rueda; Crónica del Sur y Por ahora, de Lupo Hernández Rueda; Geografía de una inquietud, de Chery Jiménez Rivera o País de vendimia, de María Luisa Sánchez, son obra poéticas de gran valor literario. Aunque a mediados del siglo XX la Poesía Sorprendida ya no existía como grupo, sus antiguos integrantes seguían activos e influyentes con una creación poética inspirada en una sólida tendencia literaria: 1) Cultivo del modo subjetivo en la poesía; 2) potenciación de los procedimientos imaginativos (simbolistas, creacionistas y surrealistas; 3) apertura y trascendencia con el lema “Poesía con el hombre universal”; 4) rigor formal a la expresión de temas eternos como el dolor, la soledad, la muerte y el amor; 4) divulgación de los movimientos poéticos renovadores, como el Simbolismo, el Surrealismo y el Creacionismo; 5) valorización de la tradición de la gran poesía de todos los tiempos y culturas, mediante la reproducción de sus creaciones (clásicos españoles principalmente). Este grupo tenía una tendencia hacia la subjetividad, unida a la preocupación por la perfección formal. Poemas como Sin mundo ya y herido por el cielo o Clima de eternidad, de Franklin Mieses Burgos; Tiempo en la tierra, de Mariano Lebrón Saviñón; Retiro hacia la luz, de Freddy Gatón Arce; La tierra escrita, de Aída Cartagena; Canto a Sarah, de Manuel Valerio; y Rosa de tierra, de Rafael Américo Henríquez, son ejemplos de las grandes creaciones poéticas de los poetas sorprendidos. Autores como Domingo Moreno Jimenes, Manuel del Cabral, Héctor Incháustegui Cabral, Franklin Mieses Burgos, Melba Marrero de Munné, Antonio Fernández Spencer, Mariano Lebrón Saviñón, Freddy Gatón Arce, Aída Cartagena Portalatín, Manuel Valerio, Manuel Rueda, Hilma Contreras y Héctor Pérez Reyes dieron a la estampa importantes obras poéticas. Freddy Gatón Arce publicó Poblana, Magino Quezada, Retiro hacia la luz, Son guerras y amores, Y con auer tanto tiempo, El Poniente; Antonio Fernández Spencer, Obras poéticas; Manuel Rueda, La criatura terrestre, Con el tambor de las islas, Por los mares de la dama, Las edades del viento, Congregación del cuerpo único. El grupo de la Generación del 48, con la revista Testimonio (1964-1966), potenció su influjo cultural en los ambientes literarios. Sin desdeñar la tradición, esta agrupación constituye una síntesis en la evolución poética dominicana, en tanto sus integrantes asimilaron la inquietud humana del Postumismo y la preocupación formal de la Poesía Sorprendida, para expresar en lenguaje simbólico las tendencias de su tiempo, el ansia de libertad, la sed de justicia y los valores esenciales del hombre. Se ha señalado en este grupo la tendencia a la introversión mediante el lenguaje subjetivo como consecuencia del régimen político de la época (10). Sus principales integrantes, como Lupo Hernández Rueda, publicaron Crónica del Sur, Por ahora, Con el pecho alumbrado; Máximo Avilés Blonda, Cantos a Elena, Centro del Mundo, Del comienzo a la mitad del camino y Los Profetas; Víctor Villegas produjo Diálogos con Simeón, Charlotte Amalie, Juan Criollo y otras antielegías, Poco tiempo después y Muerte herida; Alberto Peña Lebrón publicó Órbita inviolable. Los autores que surgieron después de los ´60 engarzaron a su creación el enfoque de lo humano universal y lo dominicano en particular. Con el advenimiento de la Generación del 60 y las promociones siguientes finiseculares, la poesía dominicana se acopló a las corrientes neorrealistas, existencialistas, mágico-realistas, subjetivistas, experimentalistas e interioristas con el endoso de la realidad natural, las vivencias psicológicas y los estados de conciencia propios de la mentalidad sociocultural moderna. Después de la breve irrupción del Pluralismo y las corrientes de vanguardia, que no prosperaron, se volvió al patrón clásico y a las formas de creación acopladas a las tendencias estéticas establecidas de las letras universales. El propio Manuel Rueda, después de aupar su proyecto experimentalista, renunció a su propuesta al advertir, con su lúcido talento crítico, que los fueros renovadores carecen de sentido si no están avalados por un contenido trascendente, un encanto inherente y una forma hermosa afín a la belleza, la verdad y el misterio, los polos convocantes de la creación poética. Los creadores de poesía adecuaron su creación poética a las fórmulas líricas establecidas, como las obras de Marcio Veloz Maggiolo, Ramón Francisco, Juan José Ayuso, Soledad Álvarez, José Enrique García, Pedro José Gris, Rhadamés Reyes Vásquez, José Mármol, Plinio Chahín, José Frank Rosario, Dionisio de Jesús, Medar Serrata, Freddy Bretón, Tulio Cordero, José Mármol, Plinio Chahín, Fernando Cabrera, José Acosta, León David, Sally Rodríguez, Julio Adames, Ángela Hernández, Carmen Sánchez, Carmen Comprés, Iki Tejada, Ángel Rivera Juliao, Soledad Álvarez, Chiqui Vicioso, Armando Almánzar Botello, Carmen Pérez Valerio, Guillermo Pérez Castillo, Jaime Tatem Brache, Fari Rosario, Farah Hallal, entre otros. Las obras poéticas más importantes del último medio siglo son La criatura terrestre, de Manuel Rueda; Retiro hacia la luz, de Freddy Gatón Arce; Los profetas, de Máximo Avilés Blonda; Por ahora, de Lupo Hernández Rueda; Las voces, de Pedro José Gris; Banquetes de aflicción, de Cayo Claudio Espinal; El fabulador, de José Enrique García; Luz de los cuerpos, de Sally Rodríguez; Huéspedes en la noche, de Julio Adames; Entre la voz y el fuego, de Freddy Bretón; La sed del junco, de Tulio Cordero; Un latido en el bosque, de Iki Tejada; Viajera del polvo, de Ida Hernández; Destrucciones, de José Acosta; Entre el polvo y la ceniza, de José Frank Rosario; Temblor de árbol, de Teresa Ortiz; Ángel de luz, de Ángel Rivera Juliao; Será otro azul, de Carmen Comprés; Rituales de la lluvia, de Jaime Tatem Brache; y La isla presentida, de Fausto Leonardo Henríquez, Entre la voz y el fuego, de Freddy Bretón y Una mujer en caracol, de Farah Hallal. Entre los poetas interioristas destacan Ángel Rivera Juliao, con Ángel de luz; Guillermo Pérez Castillo, con Insondable acecho; Pedro José Gris, con Las voces; Tulio Cordero, con La sed del junco; Fari Rosario, con Polvo y olvido; José Acosta, con Territorios extraños; Henry Santos Lora, con Memoria de la tarde; Carmen Pérez Valerio, con Rumor cotidiano; Sally Rodríguez, con Luz de los cuerpos; Iki Tejada, con Ternura de agua; Carmen Comprés, con Será otro azul; y Fausto Leonardo Henríquez, con Gemidos del ciervo herido. Factores de la creación poética 1.- La nostalgia.- En el trasfondo de la creación poética subyace la nostalgia, aliento que se suma a las motivaciones que la motorizan. Etimológicamente, nostalgia es un dolor por lo que hemos perdido, por lo que tuvimos y añoramos. La sensación de vacío, de pérdida, de ausencia late en el subsuelo de la creación poética, y ese dolor por recuperar lo que perdimos, alienta y motiva el acto creador. La nostalgia, por tanto, no es sino una fuerza que estimula a recuperar lo que anhelamos volver a tener. Excepto en la lírica mística, el poema entraña una nostalgia de algo, y exceptuamos la mística porque a ésta la inspira la apelación de la vivencia contemplativa. Es una nostalgia lo que lleva a Jorge Luis Borges a expresar en “Tanka”: “Alta en la cumbre/todo el jardín es luna, /luna de oro. / Más precioso es el roce/ de tu boca en la sombra”. 2.- La búsqueda.- La fuerza de la nostalgia, o la apelación del objeto amado en la mística, concita una búsqueda. En todo poema hay una búsqueda, incluido el poema místico. En esa búsqueda coinciden los poetas y los místicos, a quienes los une el canto creador. Se sabe que al místico lo mueve la búsqueda de lo divino. Probablemente la búsqueda del poeta conlleva un anhelo de hallar lo que intuimos como bueno y deseable, como bello y verdadero. Tal vez fue esa búsqueda la que movió a Salvatore Quasimodo a decir: “Cada uno está solo en el mundo. / Atravesado el corazón/ por un rayo de luz. / Y de pronto anochece”. 3.- La apertura.- Motivado por una apelación, que puede ser nostalgia o búsqueda, en el poeta se desata un sentimiento de apertura, de entrega, de ofrenda y consagración como un acto de piedad y altruismo. Se asocia con las cosas y las criaturas con las que se compenetra para compartir e identificarse con ellas. Es una empatía cósmica que se despierta en los humanos por un acto de ternura. Por eso choca tanto que esa actitud generosa y creativa de la figura del poeta se anide a veces en sujetos mezquinos capaces de actos perversos o innobles. Porque la poesía, como acto de creación, como producto de la sensibilidad y la intuición, es semilla de compenetración y empatía, de acción y milagro. Dice el poeta: “La noche acaba más tarde en las cañadas, al pie de los barrancos. Sus aguas eran aguas de sombra, debajo de la sombra del follaje. Corría secretamente. Sólo el rumor del agua publicaba secretamente su trayecto andariego. Y fue entonces cuando un soplo de vientos matinales movió la copa de los árboles, abrió paso a los rayos y el beso de la luz lo descubrió allá abajo como un fulgor de plata repentina. La belleza del espectáculo y la potencia de la luz... me trajeron a la memoria aquellos versos: “Una luz puede menos en/ la sombra/ que tu amor en mi vida. / No lo apagues” (F. S. Ducoudray). 4.- Recuperación.- Como gestación de una realidad estética, el poema entraña un acto de recuperación, que amaina la nostalgia, por cuanto entraña satisfacción de la búsqueda y cumplimiento a la apertura. En el místico no hay recuperación sino vivencia, plenitud de lo vivido en el acto puro de la contemplación. Y lo mismo en el poeta que en el místico el resultado de la creación, recuperado o no, produce la satisfacción de lo creado. Por eso dice Alfonsina Storni en uno de sus poemas memorables: “Y sé callar/ cuando la luna asciende, / enorme y roja, / sobre los barrancos”. 5.- Utopía.- La nostalgia y la utopía son los dos polos en tensión del acto creador de la poiesis. De nuevo aludimos al místico para decir que si en su operación creadora no hay nostalgia, tampoco hay utopía, puesto que la mística sabe cuál es la motivación secreta y entrañable de su estado de contemplación. La utopía es la motivación subyacente que da cuenta del poema ya que toda utopía entraña, como la creación misma, el lugar de la ilusión, de los sueños posibles, y ya los poetas han dicho que sueñan lo que no parece imposible, en ese espacio ficticio sin lugar y sin tiempo donde situamos lo que anhela el corazón desde el fondo entrañable del yo profundo. Esa situación lírica está descrita con singular maestría en el poema “La niña”, de Octavio Paz: “Entre la tarde que se obstina/ y la noche que se acumula/ hay la mirada de una niña. / Deja el cuaderno y la escritura. / Todo su ser, dos ojos fijos. / En la pared la luz se anula. / ¿Mira su fin o su principio?/ Ella dirá que no ve nada. / Es transparente el infinito. / Nunca sabrá que lo miraba”. El hacedor del poema es una persona con sensibilidad estética y capacidad creativa. En la persona del poeta confluyen varias cualidades destinadas a percibir y expresar los rasgos peculiares de las cosas por lo cual destacan en la sensibilidad estética estos atributos: a) comprensión para captar el sentido de fenómenos y cosas; b) intelección para entender los efluvios intangibles de la realidad; c) capacidad sensitiva para sentir y expresar la sustancia del poema; d) verbalización para tener la potencia verbal de transmutar lo sensorial a lo imaginativo; e) formalización para darle sentido y belleza a la percepción múltiple y simultánea de las cosas. Por esos atributos de la sensibilidad creadora capta el poeta la voz del ser y el sentido de fenómenos canalizando y supeditando al propósito esencial de la creación poética, que es siempre y bajo cualquier estética la creación de la belleza con la verdad de conciencia, lo que mueve su sensibilidad estética y su talante espiritual. La poesía es la creación de una realidad estética en la que se articulan vivencias y emociones en un lenguaje imaginario fundado con elementos de la Naturaleza y articulados eufónicamente para hacer sentir el encanto de la creación con emoción y belleza. En la creación poética aparecen, en consecuencia, estos rasgos distintivos: 1.- Síntesis conceptual, sensorial y afectiva en forma armoniosa, sugerente y bella. 2.- Plasmación del sentido esencial y profundo de la percepción intuitiva. 3.- Creación de imágenes sensoriales con belleza y sentido poético. 4.- Armonía sonora y expresiva en pro del encantamiento verbal. 5.- Expresión de la belleza con sentido en términos conmovedores y elocuentes (5). Principios de la creación poética En la conformación del poema confluyen la estructura organizativa y los principios reguladores de la comunicación verbal. Al escribir el poema el poeta le da forma a la materia y en esa operación verbal dispone de cuanto hace posible el acto creador, y aunque no lo sepa conscientemente lo sabe por intuición a partir de la lectura de poesía. El poema constituye una visión verbal de la realidad y en tal sentido tiene una manera peculiar de expresarse. Como conocimiento intuitivo de la realidad, como producto estético del lenguaje, el poema obedece a las siguientes leyes de la creación poética: 1.-Pensar en imágenes.- Mientras los hablantes ordinarios, al realizar un hecho del lenguaje, pensamos en conceptos, los poetas piensan en imágenes, es decir, traducen sus percepciones y emociones en imágenes sensoriales, que es la forma propia de la poesía. Al ver a una mujer con hermosos ojos negros, Emilio García Godoy, le dirá: “Y surgió la noche y se anidó en tus ojos”. Pensar en imágenes es una ley lírica y por tanto es propio de la poesía lírica, y ese procedimiento libera el poema del razonamiento (6). Las imágenes tienen como finalidad hacer sensible el caudal de conceptos, sensaciones y emociones que concurren en el poeta. Cuando Antonio Fernández Spencer concibió la intuición de asignarle poder a la muerte, sugirió en imágenes preñadas de sensaciones nuevas, que la poesía se inventó, no para traducir conceptos como lo hacen los demás hechos del lenguaje, sino para expresar pensamientos en imágenes: “Algunas noches los muertos encienden estrellas, / y con sus manos el tiempo/ hace locas señales en la flor o en la espiga”. 2.-Crear una realidad estética. Aunque se trate de un poema inspirado en realidades objetivas, la sustancia del poema, por efecto del trabajo de la forma, ha de transmutar el dato real en objeto estético. La forma necesita de la materia para plasmarse, para concretarse en algo tangible. La forma modela la cosa pero sin la materia no puede darle existencia a nada. El objeto real, material o ideal, ha de transmutarse, en virtud de la esencia poética, en objeto estético. La apariencia de lo real es estímulo para crear la forma, no para reproducirla. El “mar”, de Pedro Salinas o el “cementerio” de Paul Valéry no tienen una representación sensorial objetiva puesto que se trata de una creación estética, aunque esa creación se haya inspirado en una realidad específica. La realidad del poema es diferente y autónoma de la realidad de la cosa, aunque esta la haya inspirado. No importa si el mar o el cementerio, en los poemas implicados, tenía existencia real. Lo importante es apreciar la existencia en el poema, la realidad estética del lenguaje que le dio forma y consistencia. Para poderse manifestar, la forma se concretiza en una cosa u objeto. Empero la poesía no retrata la realidad ni reproduce el objeto que le sirve de pretexto creativo sino que éste o aquel objeto, ésta o aquella realidad, se convierte en realidad estética en virtud de la magia verbal en la poesía. La realidad verbal del poema goza de autonomía referencial, y ese principio es fundamental a la hora de hacer exégesis poética. Poiein en griego es crear, inventar, fabular con palabras una realidad que se sostiene verbalmente, líricamente, estéticamente. Por eso la poesía es también ficción. Cuando Francisco Matos Paoli siente que la sociedad le ha negado todo, cuando le parece que sufre el olvido o el desdén, se refugia en su propio castillo interior, subjetivo y metafísico, y allí experimenta una fuerza superior a la de la realidad real y acude al símbolo del espejo para aludir a la reproducción de los sentidos y evoca el canto de la alondra para significar su poder creativo y lo visualiza imantando el movimiento y transmutando lo sensorial en creación poética: “Que no me busquen en el penúltimo/ verdor de las horas./ Ya para mí la vida/ degüella sus espejos trasnochados/ y no hay rumor posible en los eneros/ cuando la alondra imanta/ su propia sombra azul que no es azul” (Canto de la Locura). 3.-Vincular el contenido a la Naturaleza. Lo que mueve al poeta a crear, el aliento emocional que lo sacude y estremece, lo asocia a elementos de la Naturaleza porque en la vida de la Naturaleza halla el ser humano la comprensión de cuanto acaece. La sustancia que nos conforma está en todo lo existente. Somos materia estelar, como creía Carl Sagan, y lo que creamos, material o espiritual, es un pequeño Cosmos hecho a imagen del mundo y a imagen y semejanza de nosotros mismos. Cuando Federico García Lorca dice en “Canción otoñal”: Hoy siento en el corazón/ un vago temblor de estrellas, / pero mi senda se pierde/ en el alma de la niebla. / La luz me troncha las alas/ y el dolor de mi tristeza/ va mojando los recuerdos/ en la fuente de la idea...”, está aludiendo a lo que mueve su sensibilidad y lo que siente lo vincula a la Naturaleza para hacer más sensible lo que siente. 4.-Asociar las percepciones de lo real. La percepción doble y simultánea de una misma cosa indica que el poeta abre su abanico sensible y todo su potencial receptor para nutrirse de sensaciones múltiples, físicas y metafísicas, ya que en la creación poética participan los sentidos exteriores y los sentidos interiores con las facultades intelectivas, imaginativas y sensitivas por lo cual el poeta ha de relacionar asociativamente las diferentes percepciones de lo real. En la percepción múltiple de poema, milagro que permite captar al mismo tiempo lo tangible y lo intangible, confluyen lo natural y lo sobrenatural. Por eso la poesía, como creía Antonio Machado, se orienta hacia el misterio. El creador de “Soledades”, escribió: Anoche cuando dormía / soñé ¡bendita ilusión! que una colmena tenía/ dentro de mi corazón; /y las doradas abejas/ iban fabricando en él, / con las amarguras viejas, / blanca cera y dulce miel. Se trata de la relación de una realidad supuesta (la colmena en el corazón) que va labrando, con la pasta de la desventura y el dolor, la miel que dulcifica la amargura existencial como una forma alegórica de interpretar la realidad de la vida. 5.-Testimoniar la voz de la persona lírica. La poesía revela la creación de la propia percepción del mundo. El poeta ha de plasmar el ritmo, la imagen y el tono con que externa la voz personal y la voz universal que da cuenta, en la expresión del poema, las vivencias y pasiones de la persona lírica. La creación de la persona lírica, producto de la voz personal, es inimitable por su condición auténtica y genuina. De nada sirve saquear frases y figuraciones ajenas. Podemos mejorar nuestro estilo, enriquecer nuestro lenguaje, ampliar nuestro horizonte con la visión de otros creadores, pero para expresar la voz propia están los acentos, los tonos, la percepción singular del fragmento de la realidad al que accedemos. La voz de Tulio Cordero, entre los interioristas dominicanos, apunta siempre a la búsqueda mística que lo apela con el gozo de saberse parte consustancial del Todo: /Si acaso la rosa presumida preguntase/ invéntate una excusa. /Esta noche/ quiero ascender estos peldaños/ sin menester de lumbre (“Esta noche”). 6.-Asignar un valor simbólico a términos comunes. La creación poética no es una representación verbal de las cualidades sensibles de las cosas sino una creación que asigna un valor simbólico, traslaticio o metafísico de lo real. En toda obra poética hay una relación de semejanza con la realidad de la cual infirió el creador la forma que tienen las cosas naturales. La obra literaria no reproduce hechos, objetos o fenómenos aunque se inspire en ellos y se nutra de la experiencia natural, social o histórica, como se aprecia en Walt Whitman: Mirad el mar sin límites, /sobre el podio del mar parte el navío con todas las velas/ desplegadas, aún las de gavia. /La flámula ondea en lo alto, mientras navega/ majestuosamente -abajo, las olas rivalizan/ con el navío-, adelantándosele. /Lo rodean con movimiento brillantes espumas (“El navío que parte”). 7.-Crear una realidad autónoma y diferente de la realidad real. Aunque la creación poética entraña una imitación de la forma de la Naturaleza, el producto poético es independiente de toda referencia objetiva por lo cual la creación poética goza, como obra de ficción, de autonomía referencial en virtud de la realidad que ella inaugura con su forma y su sustancia. La mimesis aristotélica se refiere, no al reflejo de la realidad o la Naturaleza, sino a la creación al modo de la Naturaleza por cuanto no es calco sino fruto de la capacidad de creación verbal, como lo revela “Interior” de Johanna Goede: “Cada vez/ que miro hacia dentro/ para contemplar el mundo: / Te encuentro”. 8.-Canalizar el torrente irracional del fuero interno. La naturaleza multívoca, asociativa y polisémica de la creación poética da lugar a múltiples sentidos y exégesis por lo cual no hay en poesía un sentido único y una interpretación excluyente sino significados plurales, abiertos y diversos aunque una sola haya sido la motivación que inspire el acto creador. La poesía es canal de un torrente irracional, simbólico y metafísico, mediante el cual el autor da rienda suelta a contenidos que el propio autor ignora. Este pasaje de Territorios extraños de José Acosta confirma lo que digo: Yo soy inocente de esa música/ de ese lirio roto sobre el aire/ de estos ojos cerrados para siempre. / Yo no soy el que navega en este espacio /no soy el que crea en este instante/ esta forma horrenda del silencio. 9.-Organizar la estructura del poema. A diferencia de la poesía, que puede aparecer en verso o prosa, el poema obedece a una estructura dispuesta con las partes que la componen, según una organización determinada en la que están presentes los siguientes aspectos: 1.- Situación (descripción). 2.- Evocación (rememoración). 3.- Confrontación (oposición dramática). 4.- Transformación (transmutación) 5.- Solución (salida al conflicto). En “Aquí te amo”, de Pablo Neruda, se aprecian los diferentes pasos en la organización del poema: Aquí te amo. En los oscuros pinos se desenreda el viento. Fosforece la luna sobre las aguas errantes. Andan días iguales persiguiéndose. Se desciñe la niebla en danzantes figuras. Una gaviota de plata se descuelga del ocaso. A veces una vela. Altas, altas estrellas. O la cruz negra de un barco. Sólo. A veces amanezco, y hasta mi alma está húmeda. Suena, resuena el mar lejano. Este es un puerto. Aquí te amo. Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte. Te estoy amando aún entre estas frías cosas. A veces van mis besos en esos barcos graves que corren por el mar hacia donde no llegan. Yo me veo olvidado como estas viejas anclas. Son más tristes los muelles cuando atraca la tarde. Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta. Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante. Pero la noche llega y comienza a cantarme. La luna hace girar su rodaja de sueño. Me miran con tus ojos las estrellas más grandes. Y como yo te amo, los pinos, en el viento, quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre. 10.-Sugerir una visión luminosa y edificante del Mundo. El poema es el relato de un sueño, la síntesis de lo que acaricia el corazón como bueno y deseable. El poema postula una visión amable del mundo. El poeta escribe, no para cambiar la realidad, sino para modificar nuestra visión de la realidad y apreciemos las delicias de la vida, el lado bueno de las cosas. La poesía hace amable y positiva nuestra visión del mundo desde el reino de la fabulación, pues con su obra los poetas confirman que el ser humano anhela lo que no parece imposible. Con su visión espiritual y estética el poema formaliza el sueño humano. Entonces la poesía sirve para que tomemos consciencia de lo que es el mundo en su esplendor, de lo bueno y hermoso de la vida y sus criaturas y de la bondad de cuanto existe para gozo y deleite de los humanos. Por eso los poetas comparten con los místicos una actitud de valoración de la belleza y el misterio. En “Preludio Gris”, Alberto Peña Lebrón transmuta la soledad en espera: “Callad. La brisa nueva puede sentirse sola./Oigo pasos en la neblina: su tamaño no bastó a mi vacío./Nada bastó; quién lavará su nombre de fresco aroma,/de rocíos recién llegados a la ribera de los besos./Atardecer, tú nunca sospechaste esta palabra: ausencia./Cada día, ella regaba los ocasos con extraños sollozos./Tal vez algunas cosas se sientan solitarias: gris nocturno,/la brisa nueva, mas el corazón debe ungirse de olvido./Cendal de gris espacio, sigue la misma ruta/despierta de su sombra desplegada…”. POEMAS DE AUTORES DOMINICANOS DE DOMINGO MORENO JIMENES Poema de la hija reintegrada I Hija, yo no sé decirte si la muerte es buena o si la vida es amarga; sólo te aconsejo que despiertes, adulta de comprensión más que tu padre. II Hija ya no habrá oriente ni poniente para tu porvenir: una sábana blanca serán tus días, una sábana blanca será tu pasado y tu recuerdo una estrella que frente a frente me iluminará el porvenir. III No sé por qué tu agotamiento me trae una recóndita dicha anegada en lágrimas que me hace amainar la pulsación de la tarde. IV Tu infancia y tu silencio me parecen hermanos. V Hija, hazme tomar la resolución de los otros: vuelve mi proa añicos y mi voluntad una piragua; que nada sea mío desde hoy, que no quiera poseer nada mañana; desnudo de bienes y desnudo de virtudes hazme; sin egoísmo de lealtades y sin egoísmo de pureza; hazme entero el milagro de darme todo a los elementos como si fuera en sustentación un ser increado…. VI Tu vida una microscopía, pero grande; el segundo de tu inexistir, eterno. VII Hija, ¡cuántas nubes, cuántos pájaros, cuántos horizontes insospechados me abre en el amanecer tu ruta! VIII Hija mía, para ti la mañana no será clara ni fresca; verás envuelta el alba en la noche, y las cosas de mayor transparencia tomarán ante tus ojos la actitud de un largo crepúsculo. IX En este mundo donde sólo se premia la capacidad de fingir mejor, era justo que llegaras, y después de breves instantes, ya estuvieras confundida con la cal y con la mariposa, con el carbón y con la piedra. X ¡Cómo me alivianas la sombra, al advertir desde que te dormiste que en mi derredor todo es sombra! XI ¡Oh tú, que me enseñaste desde que naciste a ver la vida con ojo más sabio y a la humanidad con ojo más triste! Triste, triste; ¿y no es acaso la suprema alegría de los seres mudables el ser tristes? Triste fue la faz de la tierra cuando se desperezó el primer hombre. Triste tiene que quedar la tierra cuando se desentuma en su regazo el último hombre. XII ¡Oh tú, que desde que naciste pude decir: boleta de la tumba! ¡Oh tú, que ya crecida pude decir, por tu descalidez, la preferida mía! XIII Por ti quise cambiar y que la fortuna me sonriera; y por ti no cambié y la fortuna no me sonreirá nunca. XIV Hija, cada vez que examino tu vida me doy cuenta de que tú eres como mi vida: una sombra entre dos crepúsculos. XV Iba a decir entre dos agotadoras auroras y ya ves, reincidí, sin querer, entre dos crepúsculos. XVI ¿Por qué tan pura, tan casta y tan leve, te debas parecer al crepúsculo? XVII Olvidaba que toda adjetivación es cruel y cruda: Dios dio desnudo a los hombres el verbo, y del lenguaje, sólo debe quedar desnudo el verbo. XVIII Toda filigrana de síntesis es una profanación, ¿verdad, hija mía? Ya te puedo buscar sin parcializaciones, sin atributo contingente: ¡serás en mi incompleto nombrar, sencillamente, el vaho de las cosas! XIX No te puedo asir con una palabra, y debe extrañarme, recónditamente, porque tú estás para mí más alta que la región de las palabras! XX Y vuelvo a caer en las comparaciones. ¡Oh, hija, cuán subordinado estoy a la vida! XXI Miserable del hombre que osa creer que después de la sombra la vida es vida. XXII De imperfecciones se forman nuestras excelencias y es toda la existencia del hombre un brazo tendido hacia el turbio porqué de los enigmas. XXIII -Tiene el pulso demasiado débil, pero ese letargo no es la muerte-. Su médico era mi propia almohada de cabecera y yo quedé perplejo ante su callado sufrimiento y la miseria de la vida! XXIV Si fuera bizco el pensamiento y tuviera la boca siempre llena de mentidas palabras; hija, iba a blasfemar por tu dolor… pero, ¡perdona! XXV Compran caro el suelo donde colocan a los muertos y ellos son más dueños de la tierra que los hombres que comercian con ellos. XXVI Al través de los milenios, los hombres son puñados de tierra que se deforman a su antojo. XXVII Hija, ya han venido a avisarme que tus pies están fríos. Hija, resígnate a que lo blanco no sea blanco y a que lo negro no sea negro. XXVIII Hija, cuán brilla el sol sobre el tamiz de los guayabos, cómo se agiganta la nada sobre la soledad de tu aposento, cómo nace y renace la esperanza por entre los ámbitos de la vida. XXIX -Tibien la leche terciada con agua para si mi chiquitita despierta. Cuídenmela, hasta que se vuelva esperma como capullo inmortal el cuidado. Ella es carne de mi vida, flor de mi pensamiento, cemento de mi alma. NUEVO MADRIGAL El aguijón estaba perfumado. La herida estaba perfumada. Ascendió al cerro un velo de perfume. Una neblina de sándalo anunció la mañana. -¡La abeja ha muerto, madre! Y al irrumpir, quedaste ensimismada, cual si el dolor se te volviera aroma, iris el grito y tornasol la lágrima. ¡Hija mía, expía en tu vida la íntima fragancia! HORA GRIS Atravesé el cementerio de la aldea: no tenía dolientes; se estremeció mi alma junto a un jazmín triste; gimieron mis sentidos junto a una rosa cárdena. Después lancé la rosa y los jazmines al viento, y sólo quedó flotando en el instante esta sola palabra: “Tierra”. POEMAS DE HÉCTOR INCHÁUSTEGUI CABRAL CANTO TRISTE A LA PATRIA BIEN AMADA Patria… y en la amplia bandeja del recuerdo, dos o tres casi ciudades, luego, un paisaje movedizo, visto desde un auto veloz: empalizadas bajas y altos matorrales, las casas agobiadas por el peso de los años y la miseria, la triste sonrisa de las flores que salpican de vivos carmesíes las diminutas sendas… …una mujer que va arrastrando su fecundidad tremenda, un hombre que exprime paciente su inutilidad, los asnos y los mulos, miserable coloquio del hueso y pellejo; las aves de corral son pluma y canto apenas, el sembrado sombra, lo demás es ruina… Patria, es mi corazón un acerico en donde el recuerdo va dejando lanzas de bien aguzadas puntas que una vez clavadas temblorosas quedarán por los siglos de los siglos. Patria, sin ríos, los treinta mil que vio Las Casas están naciendo en mi corazón… Patria, jaula de bambúes para un pájaro mudo que no tiene alas, Patria, palabra hueca y torpe para mí, mientras los hombres miren con desprecio los pies sucios y arrugados y maldigan las proles largas, y en cada cruce de camino claven una bandera para lucir sus colores nada más… Mientras el hombre tenga que arrastrar enfermedad y hambre, y sus hijos se esparzan por el mundo como insectos dañinos, y rueden por montañas y sabanas, extraños en su tierra, no deberá haber sosiego, ni deberá haber paz, ni es sagrado el ocio, y que sea la hartura castigada… POEMAS DE FRANKLIN MIESES BURGOS Cuando la rosa muere Cuando la rosa muere Deja un hueco en el aire Que no lo llena nadie: Ni el eco que sepulta Su desolado rostro Herido en otra arena Ni la luz que va sola En río transparente Hecho por serafines Ni la sombra que es ala De un pájaro de niebla Nacido sobre el viento Cuando la rosa muere Deja un hueco en el aire Que no lo llena nadie. Solo el llanto lo anega Con sus blancas estatuas De sal petrificada, Con sus astros caídos Y sus nubes viajeras; Solo el llanto lo anega En estrellas pequeñas. Cuando la rosa muere Deja un hueco en el aire -rodando como un nido- Para acunar tu pena. Rosa en vigilia Rosa en vigilia que delira en vano Desde el alto silencio de su orilla. Aurora vegetal que maravilla, Más cerca de lo azul que de lo humano. Rojo fanal en la delgada mano Del tallo que sostiene la sencilla Luz que prende su sol, en la semilla Oscura de su hondo meridiano. Para ti la palabra iluminada Por donde alza plástica la vida Su soledad más viva y perfumada. Ninguna forma igual a tu desgaire Para ser tomo tú, solo una herida Abierta y desangrándose en el aire. POEMAS DE MANUEL RUEDA Visiones de la tierra ¿Cómo olvidarte tierra que escapas bajo los pies y no cesas de estar? Como aire compacto sol y noche fundidos en el magro terrón luna de pulpa de guanábana y cocotales ardientes quemazones con olor a cadáveres a traiciones de selvas borrachas y a pistoletazo súbito. Me tocó el corazón y late: es tierra bajo el tambor pisada de puercos cimarrones y de iguanas arrebatadas ciguas sobre los caimitales sueño de orquídeas doñas azotadas por el ala envidiosa del murciélago. Tierra pulso de tambor y grito resbalando a las cuevas de las ciguapas comedoras de semillas tierra bajo los ríos diáfanos que nos ignoran. Mar donde tienden redes pescadores sonámbulos. (Las mareas no borran las pisadas) Arena que arde en los ojos de las mujeres que esperan. Cómo no amarte polvo de las provincias enterradas en claridad de muerte con sol y calaveras de animales domésticos reclinadas en las bardas y portales y tinajones agrietados donde el agua es silencio y el silencio ese mar ciego que a lo lejos sucumbe tambalea sobre tapias de cambronales ríspidos y tumbas de blancores anónimos. He salido a pisar la tierra toda a beberla en aire azul y lodazales verdes donde la luna tiembla como una raíz pálida que no puede crecer cercenada por mosquitos y lianas putrefactas. Salmo de los arrozales con lumbre. Cibao ofrecido en los valles con claridad de campana tendido a la puerta del bohío en las noches sólidas y en los atardeceres ventosos cuando el gallo-humo desfleca la cola grisazul cocoriqueando por haber nacido antes que su madre rojiza en los carbones. Norte de polvo de sexo agujereado. Norte hundido con su sol y su océano famélico al que alguien cortó sus barbas de patriarca. Viento en harapos que se encrespa sobre el hueso para decir sus elegías fertilidad de sal y llanto en la boca de los muertos que esperan la resurrección. POEMAS DE MANUEL VALERIO Estremecimiento de fulgores Los claveles se incendian en tu presencia. Hilvanaré un collar de claveles para tu nombre. Por el olor de las pomarrosas y por el amarillo color quemado de las granadas, por el dorado revuelo de tus cabellos y por el amarillo color quemado de las granadas, por el dorado revuelo de tus cabellos y por los reverberantes destellos de tus pupilas ¡todo yo me estremezco y me desangro! y canto para ti el asombro de toda tú. Trémulos corren los ríos de los sueños cuando soñamos despiertos y cerramos los ojos, cuando un clavel clavelero se deslía en la noche callada del reposo... Yo te digo amor y tu sonrisa impacienta mis sentidos, únicamente eres idéntica a ti, hermosa mía en un trillar de mariposas que te circundan de ternuras... Cantares Tu voz en el agua. Mi cuerpo en el agua. Tu voz y mi cuerpo en el agua. Por el agua va mi cuerpo. ¿Adónde irá mi cuerpo en el agua? ¡Ay, que la muerte refleja toda su sombra en el agua! Tu cuerpo en la llama. Mi voz en la llama. Mi voz y tu cuerpo en la llama. Por la llama va tu cuerpo. ¿Adónde irá tu cuerpo en la llama? ¡Ay, que la muerte refleja toda su sombra en la llama! ¡Ay, mi cuerpo en la sombra del agua! Zarah Por algo la llama lleva su nombre: Llama. Por algo es azul lo azul y la paloma una paloma. Por algo el río corre a la orilla de los árboles. Por algo llevas tú tu nombre: Zarah. POEMAS DE FREDDY GATÓN ARCE Un punto infinito Un punto. El infinito mirado desde cualquier orilla, centro azul de tu nombre escrito sobre el mantel oloroso a limpio, cercano al plato de rica ración después que la gracia rodea nuestras cabezas de pequeños glotones alborotando. Un punto, cuando aún la vida discurría sin anécdotas y se ignoraba cómo desmentir al sueño, y cuando aún la realidad era lo que acontece en la noche o el día y seduce. Un punto que no esquive, bajo la tierra y por el aire, en la mesa o el recuerdo; un punto que ronde como mar o tiempo transcurrido, transcurriente; un punto que seas tú a mi lado, padre, sin sombra. Un punto, un punto pues orilla al universo, y sólo es la muerte, pero la tuya. Pues bien, aún cantando las maravillas de la tierra alguien me pregunta si ya vuelvo, si traigo ahora húmedos los labios como la tierra gratuitamente hermosa después del amor, después de los ríos, los cuerpos y la muerte. Oh amada: yo comienzo en el árbol con los huesos, con la jugada vieja del amor, de todo tu cuerpo, de todo tu amor, y a veces siento que estoy solo de veras. A veces siento que estoy a merced de los tiempos y ciudades, a merced de mí mismo, casi tuyo, de la luz, y entonces compruebo la vida y la muerte que atesoran las almas y los cuerpos. Entonces puedo decir que el pasado es la gracia suprema de los frutos, y el presente, tembloroso como la sombra o como la llama, como la tierra aquella de que arranco, de que comienzo a tirar con la raíz, con la pena, con este turbio deleite llamado primavera. Por ella puedo apreciar ahora el tierno abandono de la tarde. Por ella ahora voy cantando al puro abandono de tu cuerpo. Tu cuerpo, conmovido, por tierra, sustentado por la tierra de tal suerte que si lo tomo en mis brazos nada podría generosamente colmar la huella dejada por su peso. Oh primavera mía, solísima como la luz en la fina cautividad de los árboles radiantes, yo te miro vivir sin otra embriaguez ni cántico de dicha que los del Padre sereno, en el rescoldo tiernísimo de la Separación. POEMAS DE MARIANO LEBRÓN SAVIÑÓN Invocación a mi isla Te llamo desde el bosque ardido de distancia esperando una estrella de sed en mi horizonte. Por tu hermosura salto, trópico enardecido, por tu torso de estrellas, del sol y luna y mares. Voy más allá del canto buscando tu sentido. Pero quedas entero: pétalo, polen, fruto. Creces como un estambre de esperanza y en el ancho pistilo del mundo te agigantas. Te busco desde lejos. Te entregas como un árbol, como una isla abierta en medio de un pantano, como una fuente pura en aridez de rosas. Te busco desde lejos. Enarcas tus dos manos por la frente del hada, y sollozante y loco aspiras tu perfume de amor entre los pinos. POEMAS DE LUPO HERNÁNDEZ RUEDA CRÓNICA DEL SUR Es un territorio de ruidosa arena blanca. Es un terreno seco, accidentado, abierto, donde la sombra es una lanza agazapada al pie de las oscuras bayahondas. Allí abundan la sed y la indolencia. Un mar de amplias orillas tropicales, un sol tenaz, que hace sangrar las piedras; la voz ágil del viento que mueve el polvo fiero; muchos ríos sin agua, y unas escasas poblaciones distantes. Las lomas son enormes dinosaurios sin vida. El amor es violento como las mariposas. El amor, ¿no es el amor la tórtola que retoza en el viento, los múltiples colores que traen las mariposas cuando revolotean en el campo florido del recuerdo? El amor es la playa, la costa alucinante, el hombre desgarrado, sediento, de la aldea. ¿Sería posible acaso olvidar esta tierra, mitad goce infinito, mitad tribulación? La ventana Esta ventana abierta, ¿por qué luce cansada y vigorosa también? Recoge el polvo alzado en los caminos y se recuesta dormida sobre los hombros de la tarde. ¿Qué tiene, como yo, para morir y ser nueva cada vez? Esta ventana me hunde en el misterio de donde salgo renovado. ¿Por qué tan tierna y callada y amorosa? Me concita su aire centenario, su arco griego, su madera; el talle único, labrado, el ritmo de sus pasos con luces. ¿Sueño o arrobamiento? No sé. Su mirada se extiende en el ocaso, rieles que parten de sus ojos y cortan mar y cielos, y vuelven a su cuerpo encendido que el tiempo desordena. Esta ventana abierta hermosea las cosas con su paciencia iluminada. POEMAS DE VÍCTOR VILLEGAS Antielegía Acontece que puedo preguntar, igual que cuando advierto la tranquila y reposada prisa de las multitudes, y su lenguaje hablo, entro a la madera que ilumina la casa como entra el pariente que va a curar la herida, toco los utensilios, la ponchera y el gallo, el tumor y la hernia del último difunto. Puedo preguntar, pregunto, he preguntado igual si hablo del ajo y la cebolla, del racimo de plátano de los grandes perros que cuidan las casonas; del arroz en los arrozales y las infinitas plantaciones que con la soledad ahorcan los polvorientos pueblos de mi pequeño país. Igual si mi lenguaje es el del agua del pozo de José, de la que lava seda ajena, del pescador y el camionero, y pocos no lo entienden; si es el de la que pare y abandona el hijo en los zaguanes, el de las romerías, el que denuncia el crimen, los tiranos del trópico y sus cómplices, y pocos no lo entienden. Somos una muchedumbre No, Simeón, no humedezcas tus párpados, ésa es la realidad, tu realidad. Vuelve los ojos a ese angustioso panorama, no vaciles, enciende tu pecho y tu ira contra los culpables, enciéndelos junto a mí que somos los muchos, los justicieros. (…) Si, es cierto, somos la muchedumbre. Vivimos muy lejos de la luz, de los palacios, de las fiestas galantes, de los perfumes. No hay conciertos para nuestros oídos, no hay salones para nuestros bailes, no hay canchas ni hay piscinas, ni siquiera hay para nosotros una muerte ilustre, porque para eso somos los muchos.(…) Los muchos, henos aquí, distintos a los pocos, bajo este cielo igual, bajo esta lluvia igual, sobre esta tierra única. Y sin embargo, ay, somos el alimento de las chimeneas, la materia de la producción y el alma de las ganaderías, somos el viento, el polen, el aire puro y la azucena. POEMAS DE MANUEL MORA SERRANO CANTO A LA MUJER NEGRA ¡Mujer desnuda, mujer negra! Yo canto tu belleza fugaz, que se fija en lo eterno. (Mujer Negra) Leopold Sedar Senghor ¿Comprendéis a Etnaí? No es la criolla sierva del hombre y del amante esclava ¡es la reina de Saba que domina al más sabio de todos los monarcas! Nutren su corazón dignas virtudes, su ideal es la pura democracia. ¡Poetas, saludad la joven negra oriunda de las castas africanas! (A Etnaí) José Joaquín Pérez 1 De la suave untura de la savia están hechas tus carnes, mujer negra. Mujer que compendias la tierra en el brusco aroma de tus muslos, en la redención erecta de tus senos, en la juntura de tus brazos. Mujer negra, solitaria en el mundo junto a muros de odios, aquí tendida y entregada eres la paz ansiada de las patrias, por cuanto sepultura eres de toda angustia. Porque nada hay más imponente que la mirada roja de tus ojos, que la llameante mirada del deseo brotando por tus ojos. Hermosa que eres mujer negra, hermosa que eres. Mediodía condensado en la canela, en el anís del sexo. Cimarrona mía, cimarrona mía, cimarrona mía. Piensas, y es el mundo que pasa por tu cabeza taciturna, es el mundo que pasa por tus ojeras tibias. Recostado en tu vientre oigo los tambores antiguos, aquellos que decían en la selva nuestra ya perdida que la sangre del negro es musical y dulce. Hermosa que eres mujer negra, hermosa que eres. Mediodía condensado en la canela, en el anís del sexo. Cimarrona mía, cimarrona mía, cimarrona mía. 2 El sufrimiento, el látigo sobre la espalda escaldada de miles y miles de generaciones, está en tu cuerpo, por eso galopamos mi sangre y tú por caminos iguales, por caminos que son, como el deseo, rutas malditas. Mujer negra, mujer sola en mis brazos junto a la noche, la noche que viene de la noche honda de tu sexo fecundo, trayendo la sonrisa cocal del futuro hijo, del negrito que alumbrará la tierra con sus dientes. Hermosa que eres, mujer negra, hermosa que eres, mediodía condensado en la canela, en el anís del sexo. Cimarrona mía, cimarrona mía, cimarrona mía. Porque eres hermosa como la tierra cuando sus mangos la pueblan, cuando sus cajuiles pintan las mejillas de las sierras, porque tus labios, mangos de mi África recóndita, son carnosos y dulces como tus dientes en el beso como huesos de la fruta del cocotero, relucientes. Te sonríes, y el mundo entero tiene gracia. Lloras, bajas los ojos y el océano penetra con su amargor. Y es que no eres del mar sino del río, del charco hondo donde braceo perdido entre tus brazos. Hermosa que eres mujer negra, hermosa que eres. Mediodía condensado en la canela, en el anís del sexo. Cimarrona mía, cimarrona mía, cimarrona mía. 3 Paso las manos por tus caderas, voy al sur de tu occipucio y el mapa de África late bajo mis manos, siento los ríos crecer, madurar el mijo, estirar sus largas patas el Níger undoso para apresar los flamencos rosas. Hipopótamo que sueña en la laguna verde, cebra que cabriolea, león que abre su jeta enorme es tu sexo, mujer negra. Dame la vida y la salud de tu piel suave, de tu lustrosa piel teñida de misterios. Hermosa que eres mujer negra, hermosa que eres. Mediodía condensado en la canela, en el anís del sexo. Cimarrona mía, cimarrona mía, cimarrona mía. Dame la azúcar parda de tu lengua, culebra viva, cíñeme entre tus senos cálidos, mujer negra. Con la suave untura de la savia virgen mujer hecha de bijas y leche de cabras, mujer medianoche, mediodía, crepúsculo sombrío, dame la libertad que falta al mundo y que late en tu vientre con espasmos terribles, ahora que soy la cruz de la vida sobre tu cuerpo en cruz, cuando tus ojos buscan las grutas ancestrales para darme la luz del placer para iluminar mi vida. Hermosa que eres mujer negra, hermosa que eres. Mediodía condensado en la canela, en el anís del sexo. Cimarrona mía, cimarrona mía, cimarrona mía. 4 Vuelvo a palpar tus carnes tamboreras más allá de la muerte. Vuelvo a encontrar bajo mi tacto tibio, tus dominios oscuros. Me encuentro en los orígenes del mundo cuando te toco, en las fronteras que hacen estallar al día sobre la tierra, ahora que sonríes y estás entre las parcelas del instinto como una bestia maniatada en sedas, regresando. Hermosa que eres mujer negra, hermosa que eres. Mediodía condensado en la canela, en el anís del sexo. Cimarrona mía, cimarrona mía, cimarrona mía. Mujer negra, betún de melancolía, botón de la tristeza, aroma mi frente parda con tus manos santiguadoras y dame en el beso cálido, en el besobeso de los labios gruesos la dimensión total de la alegría, la profunda y betúnica melancolía que hace que el negro muera de tristeza. Mujer negra, mujer plena, absoluta carne hermosa, navego por tu cuerpo, galopo por tus praderas, voy de árbol a árbol por tu selva embriagado de ti y de libertad, porque sé que en verdad, en ti está la libertad, que sólo en ti está la libertad que aprendí en mis correrías de cimarrón. Hermosa que eres mujer negra, hermosa que eres. Mediodía condensado en la canela, en el anís del sexo. Cimarrona mía, cimarrona mía, cimarrona mía. Cimarrona mía, cimarrona mía, cimarrona mía. GÉNESIS DE LOS MULATOS Y Yelidá estaba inerme entre los trapos con su torpeza jugosa de raíz de sueño pero empezó a crecer con lentitud de espiga negra un día sí y otro no blanca los otros (Yelidá) Tomás Hernández Franco De blanco y negro, inexplicable engendro, sublime, cuando quiere o enamora, insaciable en sus iras como el tigre, apacible en su amor como paloma. (La Mulata) Francisco Muñoz del Monte 1 Entonces los mulatos hicimos el mundo a nuestra semejanza: Hicimos de azúcar parda las noches de luna llena, llenamos de piel, de nuestra verdadera piel, los hondos ríos, fabricamos con soles tiznados los ojos de nuestras mozas, pusimos azucenas y claveles en sus labios y en sus bocas, con tierra, con tierra de cacaotales centenarios, con tierra prieta y virgen, olorosa a sueños, hicimos sus carnes, con hebras perfumadas de raíces de pachulíes adornamos sus /sexos y de auyamas insomnes poblamos las colinas de sus senos; con pringues de bija y leche hicimos los ombligos de nuestras /mozas ah... no quedaron robles firmes cuando construimos sus muslos, y con olivares lejanos y flamboyanes de África con aceite de cocos y misterio de selvas hicimos nuestros rostros, el esplendor moreno de los rostros. 2 Cuando lo mulatos hicimos el mundo a nuestra semejanza mezclamos al día y a la noche en un mortero de sueños, machacamos al día y a la noche, día y noche majamos y así hicimos los cuerpos del color de Yelidá. Con la más límpida materia del día hicimos las almas y con materia fresca de lunas llenas, los cuerpos. 3 Cuando los mulatos hicimos el mundo a nuestra semejanza dijimos primero: Sea el ron. Y fue el ron y vimos que era bueno, y bebimos. Dijimos después, sea el ron como una culebra de fuego y fue el ron como una culebra de fuego para el amor y fue la noche del amor mulato como el ron, alucinante, y fue la noche del amor de los mulatos como el ron, ardiente, y dijimos entonces, sea la noche del amor mulato y fue la hembra mulata como una culebra de fuego y fue el macho mulato como un caimán insaciable y sensual. Y cuando vimos que la noche del amor de los mulatos era buena, dijimos, sea la noche del amor de los mulatos terrible y agotadora. 4 Cuando los mulatos hicimos el mundo a nuestra semejanza Decidimos que debíamos bendecir al sexo. Dijimos: Sea el sexo de la hembra mulata como la noche, /insaciable, sea el sexo de la hembra mulata como la noche de bija y leche y mane esencias de claveles y azucenas bajo la uva de su ombligo. Y así fue el sexo de la hembra mulata: substancioso. Y dijimos: bendito sea el sexo de la hembra mulata porque es incansable, insaciable e insondable como la noche de bija y leche bajo la uva de su ombligo. Y dijimos entonces, de él baje la gloria física como fiebre eterna y fue bendito bajo las noches de bija y leche. 5 Cuando los mulatos hicimos el mundo a nuestra semejanza y vimos que era bueno y deseable, dijimos: que la carne del mulato queme la carne blanca bajo las noches, que sea sol en las noches sobre la mañana en sábanas de la mujer / blanca y dijimos: ame el mulato la piel blanca entregada y sea su señor, en ella se enseñoree como rey en la noche, como rey en el día y sea así sobre la piel sin color, sobre la piel sin pigmento y que sea ají, pimienta y sudor, calor y fuego sobre la hembra /blanca. Dijimos: ame el blanco a la hembra mulata, encuentre en ella un misterio interminable y sea su esclavo: por ella robe, mate y pierda el sueño y las fuerzas. 6 Cuando los mulatos hicimos el mundo a nuestra semejanza dijimos, por cuanto de la hembra negra nos viene la astucia de /amar, y del macho negro trajimos la fuerza y la sabiduría para amar, sea el mulato dulce sobre la piel nocturna y exista la armonía y las islas de los cocoteros duerman sobre el continente de los /negros por cuanto son bellos y puros, ingenuos y exaltados. Y así todo fue hecho, como nosotros dijimos y quisimos, al conjuro de tambores y violines, atabales y flautas, porque sólo el mulato que es materia diurna y nocturna, piel de /Yelidá, puede ser señor y dirimir conflictos entre el negro-negro y el blanco-blanco, porque nosotros, los mulatos, su fruto somos, su engendro somos en verdad, y en verdad sea dicho: somos la mezcla perfecta y duradera. Dioses somos. Por eso hicimos los mulatos el mundo a nuestra semejanza. POEMAS DE FREDDY BRETÓN SAMARITANA Cargada de agua inútil satisfecha junto a la corriente se sienta la sed. El manantial con las plantas maltrechas le pide de beber. ‘‘¿Cómo tú, siendo un pozo me pides de beber?” Y ella no comprende que el pozo va sediento de su sed. Cuando me dio de su agua por los aires volé dejé olvidado el cántaro mil sedientos busqué. Y ahora voy sedienta de su sed. LA CENA A la mesa del mundo se ha sentado el Maestro rodeado de los suyos los suyos que son nuestros: la piedra, el polvo, el trueno, los corderos y el lobo. Entre mar y montañas por manteles, el prado. Y a la luz de sus ojos el pan grande y dorado, y el amor entre todos. CANCIÓN DE HOY PARA MAÑANA Ahora es el mañana. Mira, si no, los resplandores como surgen: como bandadas de sueños se levantan multiplicándose en los prismas diminutos del rocío. Ahora es el mañana, justo ahora. Aferra bien tus manos a la esperanza nueva a la aurora que nace de luz no anochecida. Suelta tu corazón que vuele alto sin que le falte el compás de su latido a la tierra que pisas o a la materia que se transforma entre sus dedos. Levanta el pie que no es hora de piedras ni de batir el fango. ORACIÓN PARA PEDIR INCENDIO Incéndiame de amor, te lo suplico. No quiero arder con llama pasajera. Arda mi corazón -mi pobre casa: quiero oírlo crepitar cual pino viejo. Quema tanta basura, la escoria que amontono en mis adentros. Quisiera levantarme renovado sin los viejos temores que aposento. No quede en pie madero alguno: lo quiero todo calcinado. Vuelen ardientes las astillas de mis antiguos sueños de leyes torpes que dictó el pasado. Quiero que estalle todo, que reviente hasta el último cimiento y que así pueda volver aprisa a la nada que me regale el fuego. Y cuando se hayan dispersado mis cenizas y del viento no cuelgue ni el olvido, ¡que hablen las mil bocas de la piedra! ¡Que se levante la pared bruñida! GIRASOL Gira, girasol en el cuadrante infinito de tus rumbos sin calcular los grados ni las horas muévete en la precisa dirección de los mil vientos. No te desveles por saber si el ecuador está cerca o está lejos: ignora meridianos, disloca paralelos. Que nadie te señale nortes: invéntate tus puntos cardinales. Busca la luz y gira: por cada rayo un sueño un latido por partícula de luz. Abre tus poros y deja que ella invada tus caminos que asalte tus meandros que muerda y aniquile tus tinieblas. Corra transfigurada tu savia bienherida. Abre tus pétalos y gira. Prodiga claridades reparte a manos llenas el oro de tus soles. HACIA LA FIESTA Padre de la armonía: yo sé bien que tu voz divaga por el mundo. Te canta suavemente la brisa en los pinares, o en los vientos que rozan las rocas de la altura. Padre del Universo, del que soy parte mínima: preste yo mi voz a tus cantares, como lo hace la fuente o el arroyo en las piedras; que no sólo a las aves les fue encomendado cantar tus maravillas. Sea todo mi ser el instrumento en que hagas resonar tus melodías. TORMENTA Tiempo claro, Señor pero en mi alma se aprestan las señales de tormenta. No te duermas, mi Dios, mira que traigo las velas rotas y el timón anda un poco descompuesto. Ay Señor que atizas tu sol desde tan lejos para que yo tenga el calor sin el que muero. Ay Señor que pones ante mí el ave en vuelo, con la que sueño, y haces crecer y dar el fruto al árbol bueno. Ay Señor que viajas en la luz y hasta el confín cobras tributo; eres fulgor, amor en pleno, y hostil, a veces te pago como un bruto. ESA MUCHACHA Esa muchacha, Señor que tú creaste, caoba recia que talló tu mano diestra no torcerá el designio con que tú me marcaste. Esa muchacha en flor -fragancia indiscutida- no variará el trayecto del pulso en su latido. Su voz me conmovió; por un momento vi el asalto a mis dominios. Pero aspiro a otra flor de hálito infinito y por ella contengo mi voz y mis sentidos. Mi ruta seguirá como tú la has trazado. No la habrá de nublar una nube huidiza ni la habrá de quebrar lo que muere en la brisa. POEMAS DE TULIO CORDERO ESTA SED Si es cierto que en este manantial has de venir a encontrarme entonces date prisa Cántaro no tengo y me dan miedo estos montes inhóspitos y estas bestias hambrientas Tú sabes que yo sé de muchos pozos pero ignoraba el tuyo Ven que mis manos se abrasan y esta sed se hace honda Esta sed no se calma Pródigo Es porque a veces te olvido que me sabe a vacío el instante. Me palpo polvo sin el hálito preciso, bestia feroz o gorrión frágil. Carencia envilecida o nada galopante. Tú, te haces el que no ve ni nada sabe. Y yo, abismado a tu semblante riente, me veo como Tú eres. Y vuelvo a ser el lirio que se abre. Grato Escozor Pero había en mi corazón Algo así como fuego ardiente… Y aunque yo trabajaba por ahogarlo, no podía. (Jeremías 20,9) No cesas de insistir a pesar de tu ausencia. -Las cosas revelan lo que son al lado de tus sombras-. Cruje la hojita seca que el viento manso arrastra y balbuce algo de Ti que no alcanzo a descifrar. -Hay dolores suaves y dulces que no te dejan sestear la vida, cosas de las que tu no puedes despojarte con tan sólo un conjuro. Te vuelves en el envés del pétalo y eclipsa con agitado aroma mi retina. -Ya te dije una vez que, en cierto modo, es mejor tenerte lejos. Por Ti en mí palpita esencialmente todo: Los colores seductores de tu ausencia. Los rumores enloquecedores de tus pasos. Los interludios de los que se desangran sin razón. Y si, como de costumbre, vuelvo a tu pecho, entonces mis manos se hacen mansas. Me das lo que no daña y espantas mis letargos. ¡Ah, es tan molesto estar despierto! Ascesis Piedras desnudas de los riscos. Árboles videntes. Ríos orantes y cigarras roncas. Musgos asidos a un ábrego de muerte. Luna escondida. Flautas y vihuelas de noches secretas. Chatarras mudas. Cantos y visiones luminosas. Musgos, flautas, riscos, lunas. Y mansa calma, cortina gris de detrás de lo asible… Callad de una vez por todas, o hablad y explicadme. O tal vez salvadme de esta sombra feroz, de esta sustancia abismal, de estos ríos traviesos en donde las bestias con ángeles de fuego danzan. ENCUENTRO Admito que han habido tardes turbadas por crepúsculos ausentes. Que una voz tosca ha herido tantas veces estos capullos palabreros. Que aquella mano violenta -que impuso el silencio a mi hermano- hizo que el pabilo de nuestra lámpara temblara de frío. Y que tanto dolor, tanto quejido inocente han amenazado con secar mi última lágrima. Pero llegaste… (te juro que no estaba en acecho cuando cruzaste el umbral de mi mirada) …y sonrió de nuevo la tarde. Se irguió la palabra vulnerada. Y los ojos de mi niño despertaron albeados como mañana en gracia. Y otra lágrima gozosa anegó estos sueños. Por favor, permanece aquí. Lo deseo ardientemente. A veces la noche y sus espejos Sobre el pináculo de este día cuelga su halo el azul. Se postra. Todas las gotas de agua en mil fuentes salpican. Y el miedo se repliega. ¿Eres Tú que te acercas? Tarde la vida en esta esquina bosteza. Y tiembla la llama azul de la vela en la mesa. ¿Eres Tú que te asomas? Espejo que son los vientos… jadea la brisa y se espanta. ¡Tardaste tanto! ¡Tardaste tanto! Un ángel duerme en la puerta que nadie toca. Espera. Dime, ¿eres Tú que bienes a buscarme? Pura como piedra en el arroyo va la noche. A medio vestir la luna calla. Grillos se despiertan. Viento zarandea puertas que no abre. Viento alguna flor desnuda. Canto de cristal la noche es. Cada cosa está en el mismo lugar donde la dejara el viento. Duerme la noche. (Era necesaria esta quietud para despertar los sueños). Espera la luna que esa nube pase para acercar su lumbre y desnudar bosques donde ya nadie va. Luz espera para reunir los pétalos que el viento nocturno ha de dispersar. Poema 8 Agua que albea mi pecho, Tu voz. Fuego que se deslíe sobre el mar, Tu aliento. Flor que acaricia el oído de esta noche, Tu mirada. Bates cabe mí tus alas y respiro. Y si estoy aquí -después de temblar toda una noche en el acantilado- es porque sé que me amas. Ya no puedo ocultarte más el sendero que lleva a mi morada. POEMAS DE JOSÉ FRANK ROSARIO QUISE ARDER AÚN MÁS Quise arder aún más en el estallido de Su ser omnipotente, deshacerme en frenética dulzura a Sus pies, con lágrimas de amor que me valieran estar en Su presencia… Como un címbalo que tañese desde arriba me fue alzando la quietud. Paz meridiana que por exacta ennoblecía mis huesos y hacía infinita mi finitud de hombre. Y fue de nuevo la voz: "Carne abatida, ¿qué ves?" "Señor, no puedo abrir mis ojos…" "No debes abrirlos. Mira tan solo…" Y miré. Vi descolgarse el alba primera como un sueño de agualuna: a mis pies un río de inocencia absoluta corría en parpadeo tierno de estrellas diurnas. Entretejía su zigzag sobre piedras esmeraldas bajo el ala tierna del aire. Y más ríos y riachuelos y la inmensa llanura verde y sobre el fondo los bosques y el sol detrás de las montañas emergiendo del Ser y su distancia. Todo intocado. "Voz desmayada, ¿qué sientes?" "Me arrebata lo que veo…" Fue entonces cuando la luz iridiscente de Su gloria empezó a anegar todos los espacios transformándolos en auroras repetidas por todos los rincones ¡Qué pálido el paisaje primero ante esta luz extrema fosforada completa! ¡Cómo no sumergirme y morir en ese albor que todo lo traspasaba! Y oí la voz suave hasta el exceso y sonreída: "¿Entiendes ahora?" "Entiendo, pero no entiendo…" "Que eso te baste. No has visto con tus ojos, no has sentido con tu carne, ¿qué esperabas?" "¿Por qué perece la materia en su espejismo si ha sido en su gracia tocada por Tu hermosura?" "Ese paisaje de la tierra que te ata y que te enferma no es más que el resplandor de mi esplendor. Es la huella de mis pasos, simple oficio de mis manos…" "Aún así es pura su belleza…" "No podía ser de otra manera. La belleza infinita crea rasgos de hermosura en su paso por las cosas…" "¡Pero no son la Hermosura!" "Ahora comprendes…" "No sé cómo, pero entiendo…" "Porque estás viendo con el corazón. Ahora puedes ver lo intangible, la verdad…" "¿La verdad?" "Si, la verdad. Ella es más fuerte que el amor…" "No es posible…" "Sí es posible. Sin la verdad todo lo demás se hace inauténtico. Hasta el amor. Soy la verdad…" 'Y el camino y la vida… Pero la razón del amor…" "El amor es lo más fugaz entre todo lo que pasa. ¿A dónde irá a parar tu amor por las cosas cuando esas cosas ya no estén? El amor ha de servir para amar la verdad. Así se ata a lo que se mantiene indefectible como sentido y dirección. Debes aprender a leer mi paso por la tierra…" "Te han revestido tanto con palabras, te confunden tanto con la imagen… Lo único que nos queda es tu Metáfora…" "Me conduce la elocuencia, pero el hombre solo entiende de palabras… Elegí ese camino: la palabra me desnuda…" "La palabra, sin embargo, es inasible…" "La mía, no es simple palabra, es Verbo, es acción. Lo que hace y lo que se hace, lo que atrae y revierte lo que une y separa. Es visión de la visión…" "Visión que permanece en la penumbra de la carne, atada a la caducidad que no termina. ¿Por qué unir la transparencia sin orillas a lo pervertido sin remedio de la carne?" "Hay blancura inmaculada en ciertas flores que se mecen dentro de pútridos pantanos… …la palabra fue misión de levantar desde la nada. ¿No es más loable la acción de rescatar cuando lo caído está en el fondo último del desatino? La verdad no puede no amar si es fiel a sí misma. Eso he buscado, amor. Es lo que he dado, aunque recorra los caminos de la vida disfrazado de perdón…" "Te has unido a la carne irremediablemente y no hay quien te desate. El hombre es tu palo de martirio…" "Así lo he querido. El amor es la flecha que dispara el arco. Te trasciende. Quien está en el amor está en mí…" "Es nuestra certeza. Pero tanto dolor y terror sobre la tierra…" "He conocido el dolor mejor que nadie. He sido también en la visión. He probado el acíbar, la sed y el vinagre, la oscuridad, la incomprensión, el terror de ser solo en el abandono absoluto de una cruz… y el extravío en la anonadación sin salida cuando verdaderamente era el todo. El poderío total se quebró en un segundo y me hice completamente hombre… carne abatida, mira, ¿qué ves? "Una moneda…" "Dos superficies de correspondiente igualdad y a la vez distintas unidas por un borde que separa y que no existe." "Explícame, Señor, para que entienda…" "Somos tú y yo. La visión y cada hombre. La visión en sí misma, puesto que se rompieron los límites. Lo infinito y la materia… doblegado sobre mí mismo acogí lo que se acaba…" "Te arrastraron a la locura de la muerte…" "A la locura del amor… si sigues el rastro de la sangre podrás descifrar mi paso por la historia…" Oscuridad total en medio de la luz que se renueva. Los ángeles elevan en sus voces un cántico que crispa la carne. El cielo con sus mil moradas se estremece. Saltan se desbordan los serafines golpeando con sus pies de terso mármol el suelo de nubes. Palmadas. Júbilo. Espejos o diamantes: luces que tiemblan se resuelven en destellos que ciegan. Y el humo que sube olor a incienso intenso desnudo desquiciante que enajena que enloquece que transporta… POEMAS DE PEDRO JOSÉ GRIS ODA AL PADRE Del vaho de la tierra palpitante de noche asciende vaporoso jugo letal de angustia y turba mi cabeza, en su origen de sangre primigenia, esa extensión inmensa de sangre y de criaturas subterráneas… El gris, acerado sentimiento, me obliga a entrar al agua a refrescar un poco la existencia. En un baño de espadas disueltas en luna líquida y en agua he empezado a nacer de nuevo desnudo en la sal, en la consumación de la blancura. La vida se vierte meditabunda, se pierde, se perfuma, se embriaga… La noche es un aroma de muy viejos rosales y un viento muy sabio de adolescentes labios que besan, que besan, que besan… La tarde, simplemente, se hace olvido… El mar, el mar, el Padre de estos seres, impasible y orgánico enciende misterioso sucesivo alborozo de silencio… Nada más que vivir la vida se presiente… La tarde lentamente nos suma a su memoria, es decir, a su luz, a su música, a sus rosas… Y más allá del tiempo, de la sucesión misteriosa del oleaje, la eternidad resplandece en su hondura intangible! ¡Hacia Ti convergen la inmediatez del tiempo, la agonía del agua, el soplo de la luz en la nada perfecta, más allá de la forma y de la belleza! ¡Epifanía pura de cristales de instantes! ¡Marejada del Uno mágico y derramado en cristales eternos! ¡Oleaje esencial sin distancia, sin tiempo! Oh Mar, oh Padre de los Siglos, Padre de estos seres vibrantes que ahora toco en mi dispersión, en su fluir viviente, en su latir cósmico. ¡Oh Mar, oh Padre mío, mío desde la noche, desde la sal, desde la consumación de la blancura! Oh dicha de este hijo en tus noches extrañas desde que escuchan vuelos, donde el Padre medita el abismo que acecha a todo hombre… y desde su meditación se elevan truenos. Oh Padre, sosegad la noche hasta hacerla imagen del pasado. Oh Padre, sosegad esta visión de sangre que me abruma; abre Tu inmensidad, mira sangrar mi cuerpo herido en tu dolor, en tu Belleza, ahogado en tu clarísima tristeza… Oh vasta tumba azul donde los siglos mueren. EL AZAR DEL SER Empezar a subir Alguien sufre Alguien sufre El Ser se abre a su posibilidad sangrienta a su agotado horizonte El sufrimiento dispersa el Ser lo abre al paraíso todo el dolor es la apertura (el dolor clausura el ser) La apariencia es paisaje donde el Ser es fuente de apariencias El dolido lo involucran en espirales de llanto ¿Por qué llora lo que Es? Ay, decidme, por qué la negación lo afirma ¿Acaso llora para escaparse? Hacia dónde Hacia qué El horizonte se equiorigina El Ser se lanza a su sangriento crepúsculo de llanto Ahora toca arrepentirse Decir sueño sufro soy violentar la trama donde una araña urde los confines de velar arrebatar Si en el fondo la nostalgia funda el advenir carente de toda furia y triste sin sentido el sentido se anula hasta los tiempos sido es adveniente El devenir es la gran apariencia del dolido y el tiempo lo disgrega el ser habita éxtasis cubre donde todo azar en plenitud y jugo la plenitud exige vacíos ceñir la errancia fornicar la muerte la muerte desde el origen hasta el horizonte. POEMAS DE CARMEN PÉREZ VALERIO DANZA INFINITA Te busco en unos pasos que envejecen en la danza infinita del viento en el oleaje del Padre donde están tus huellas que ya no marcan el regreso. HILANDO TU ROSTRO Me sorprendo entre rocas elevadas sobre voces hilando Tu rostro en la confusión y el delirio. Emerjo en surcos y anocheceres en el perdón que gravita el viejo tronco suspendido Espacio latente de olvido por donde corre el éxtasis y la espera. EBRIA DE EXISTENCIA El arpa se detiene en el rugir de tus maderos. Mis años olvidan el cántico de tus sienes que llenó las ánforas del viento -rumor de vida, fluir del silencio- Las amapolas proclaman Tu retorno desangradas sobre la purísima vestimenta que me arropa ebrias de existencia. CABALGANDO EL SUEÑO Hay sueños en los ojos de este mar de esta arena que me desdibuja Me abrazo a la humedad Avanzo deshecha en espuma en gotas derramadas Soy mar susurrado en coral cabalgando el sueño primigenio de la Luz Retengo voces en los contornos del caracol y nacen lunas -rostros antiguos, duendes hilando- bajo este rumor cotidiano. PRESENCIA Una gota Te contiene y me contiene. Asida a la sombra donde te has ido Oh mar Su clamor me abarca en eterna presencia. CUMBRES DE AMAPOLA Esa multitud que habito me posee. La vida brota en vértices. Crezco y me diluyo en superficie sin reconocerme. No hay edad en estas rocas Solo murallas sobre ella -la ciudad- Deshabitada sin palabras. Alguna huella me recuerda el camino en Tu geografía inexplorada Ascendiendo y descendiendo cumbres de amapola. EN VIGILIA El río y la noche cómplices anónimos de su muerte me suman al tropel aferrada al último recuerdo de la luz En el temblor de los espejos fluyo hacia el Alba y permanezco en vigilia Cuán lejos estoy de la mañana. HACIA LA ESPIGA Bajo el naranjo hacia la espiga transita la luna Lejano Verbo murmurado en notas de cáliz El amor permanece varado en plenitud de siglo POEMAS DE GUILLERMO PÉREZ CASTILLO MAGDALENA Y EL POZO Rondas, que era sombra todavía. Atrapada, ardiente, esculpida. Fisión de luz, tarda la calma. El ánfora posada en el vacío. El cántaro sediento en el deseo. La sed de otra sed con la que andaba. SAGRADA LLAMA Dame tu luz, Amado, arbola este jardín y déjame libar el cáliz, tu aposento sagrado, la humedad de Tu pecho… Desnúdame al amor. Colúmpiame a Tu ser. Vivir quiero contigo esta pequeñez de muerte. En tu alcoba de miel, baño de llamas, lirios de lunas, mi huerto es un manto desierto, cálido atardecer de cálices. ¿Por qué te vas?¿Por qué me dejas, tangida soledad de brumas en esta niebla solitaria y frágil? Canto de piedra Antes de que fueras tiempo camino desandado encontró en Ti la piedra su morada. Transfiguración Por la hendidura frágil encendida unos ojos finísimos de un céfiro me entrampan, me empozan en la pared. Soy yo el que ocurre, el que se disipa. Sólo que no estaba y he vuelto. Canto de Unción Abierto hacia la luz sobre las aguas está el loto en su quietud ungido. Oh flor amada, desde el lodo te yergues a lo celeste… Loto Entre rizos del agua, laguna silente, antro de oscuridad, eludiendo la iniquidad del lodo, emerges mística para besar la luz. Imprecación En éxtasis de luna, óleo exorcizado sobre un cielo pastel, el tambor habla a los dioses y el agua cae. Reedición Transcribo del color esta intimidad: la mariposa es un vuelo de la mirada. Mis ojos divagan este rapto furtivo. Es un lapsus de lo intangible esta sombra. Canto de luz Una gota de rocío herida por la luz se agobia. Muerta al fulgor se exhuma en el espacio en que encontró la llama. Canto de sombra Por donde anda un ciego la estrella que se pierde, el cristal que se apaga. Hay una noche honda, vacía como un eco, una herida en la luz como una flor abierta. Un espejo quebrado donde él solo se mira. Canto iluminado Donde un pájaro canta hay una flor de luz, un tambor que ha tañido el corazón del mundo. No hay otra voz que pueda conjugar el silencio en el espacio-eco de su canción dormida. Un pájaro revierte la herida que lacera la ausencia de una rosa. Es un grito en la llama, una lanza cegada de azules extensiones donde un ángel reposa un aliento de nubes que tuvo sus tinieblas. POEMAS DE CARMEN COMPRÉS PRIMERA LUZ ¡Siénteme aquí! Donde los pájaros dejaron el nombre primero de la luz Ya es invierno Descalzo vuélvete ¡Lánzate al precipicio! Que a través de este júbilo puedas salvar distancia porque cerca está el cielo Donde quieta la noche amarte pueda todavía Donde por alcanzarte sentí crecer temblor de gozo en río de trinos rodando por la vasta tierra. SOMBRA LIGERA Ah sombra del vuelo Temida forma de lo oculto Tus alas sobre mí despliegan Lámpara clamorosa que sordamente incendia …que huye Yo sufrí tu esplendor en una larga procesión de goces. HORA DE LA ALTA LUNA No te asombra la voz transfigurada de las aguas Anuncian ola naciente los mares del delirio Hora de la alta luna vagarosa en paisajes Manantial de sendas me incendian aliento de luciérnagas. POEMAS DE OFELIA BERRIDO REVELACIÓN Aquel día… Aquel instante imposible de medir experimenté la diafanidad del Universo. No vi Tu imagen ni oí Tus palabras pero te aprehendí. En aquella luz nunca antes vislumbrada, en aquella intensa claridad, en aquella naturaleza en su esplendor en aquella felicidad en la cual me convertí. Aquel rapto de paz y de goce me cerró las puertas de la duda y me abrió el camino de la fe. ILUMÍNAME Luz blanca, diáfana y pura, luz que envuelve y santifica, paz y vibración transformadora Energía cósmica divina energía dadora de vida sálvame de esta oscuridad de este sufrimiento que sitia el alma Con tu rayo de fuego vivo cura el corazón de los dolidos y líbranos del yugo de la materia inerte que ata y engaña como la mente. El JARDÍN Imagen de lo real Visión sublime de lo eterno Instante sagrado sin tiempo ni espacio Me salvó de la locura me liberó de la ignorancia y edificó mi fe. Señales dolorosas Me das señales dolorosas y aquí estoy, rebelde, padeciendo esta aflicción el entender no aminora mi sorpresa el sentir tu Presencia no suprime mi temor. Ahora que encuentro la paz me arrebatas todo cuando por fin disfruto el mundo, lo pierdo por manojos veo cómo la muerte asecha pasiva y la encuentro en todas partes casi dormida Recibo Tus señales una y otra vez veo Tus huellas y no sé que hacer… Huyo despavorida no me preparo para la muerte sigo en este mundo de la forma atada a las pequeñeces Me niego a abandonar esta realidad que asfixia y mata y por cumplir con lo sagrado sigo aprisionada inmersa en esta nada De espalda a la realidad inefable me apego a esta experiencia abandonar lo inacabado duele y terminar nunca se puede He olvidado la preparación del viaje y no sé hasta cuando ignorarlo puedo pues por doquier recibo Tu llamado La vida se ha tornado dulce y me niego a partir pero Tú me reclamas, Padre y siento tu forma de insistir Siento que estás aquí, cerca muy cerca y no sé porqué tiemblo como la hoja última del invierno que abatida por cualquier soplo en un instante cae y perece Es hora de cesar de entregarme sin reservas y descansar, como si fuera esta vida eterna. UNO Tú eres yo, y yo soy Tú Flor violeta espigada y sutil Estrella esplendorosa de blanca cola que desde lo alto enciendes la aurora Montaña nevada que viertes tus lágrimas en el río radiante que a la llanura se asoma Mar atrevido que abraza la arena mientras el Sol majestuoso se eleva para despertar al mundo Cosmos infinito, casa de dioses, inseparable energía, interconexiones del Todo: Somos Uno. POEMAS DE LEOPOLDO MINAYA Persistencia de la lluvia Llueve. Llueve. Lo gris. La transparencia. Las casas amorradas. Los cristales empañados. El frío en los metales. El recuerdo del vicio y la apetencia. Llueve. Llueve. Golpea con insistencia la gota en el tejado. Son rivales acérrimos, son manos y atabales disputándose cetro y preeminencia. Otro ruido no llega. Otro sonido diferente del sonido de la lluvia no se acerca ni cuelga del oído. Sólo la lluvia hurgando la vivencia y un rum-rum interior. Sólo la lluvia horadando mi techo y mi conciencia. Humo, humanidad Hablo del humo y hablo de lo humano, hablando, en cada caso, por lo mismo: la relación del pez sobre el abismo se implica en la ecuación, si das la mano. Va de intento: Timón cavó la gruta, pues Pluto pareció y fue humillado… ¿No es a Pluto a quien buscan en tu prado? Y perder a un amigo, ¿no te enluta? Al cabo del vaivén, nada es eterno… ¿Y podremos decirlo los poetas o decirlo el pintor con su paleta? No todo es material, algo es eterno, espíritu-espiral, volunta-criba, desmembramiento humano que trasciende siendo humo (no pesa y se comprende su vocación de andarse siempre arriba). Círculo -Entonces el bronce rodó por la pendiente, desenredando voces estridentes o apagadas. En profusión formaron la noche de los tímpanos, una a una contaron historias verdaderas. Una tras otra, otra tras otra, otras tras otras, manifestáronse mientras duraba la caída. Porque aquel que era el cuarto en orden ascendente o descendente, de los siete, saltó por el abismo. su caída era lenta, interminable y en torno de su alma giraban mordientes serafines: por millares hilaban el blanco de sus ojos y la música que ondeaba en libertad era sacra. Y saltó. Se lanzaba al abismo sin fondo. Y se dijo: “Acarreo lo bello y verdadero”. Y en un tramo del viaje que duró largas noches unió los dos puntos del cordón, formó un círculo, comprendió que su viaje tenía un fin: el origen. POEMAS DE TERESA ORTIZ Lirio profundo Sé pródigo en mí. En las venturas del dolor humano, la fortaleza; valentía, en lo solitario. Sin la negación, pastor de un día, de tu Creación, obra maestra. Soy de Ti en lo sosegado, en las enervantes agonías. Que mis obnubilados se despierten como las notas, sobre las rectas, descansando sobre los himnos, en dulces notas de las sinalefas. Árgol de luz Suntuoso el árbol que muere y no talado. Al dejar su fosa húmeda, exquisita, penetrar de la luz como en las selvas, abonando las tierras, sus raíces. Así eres tú, un tronco diluido, fértiles sus ramales, sensibles. Mirar, en el glorificar del fruto, algunas hojas a los pies crujientes, mientras, en susurros las arboledas, retoñando van entre los surcos. El jardín Escaparon aquellas mariposas que a mi madreselva de triunfo, coronaron. Al sentirlas menos íntimas, intuí que los tañidos las habían acariciado. Quise entonarles preludios y ser nenúfar fuerte; junto al tallo, sostener al débil. En atavíos celestiales, envueltos en tules y encajes con sus mimosas, se replegaron. Quise soñarles el cielo, en mi desvelo, y del púrpura rosa, cual orquídea eran mis lágrimas en deshielo… Acariciándome el tallo me dijo: “Volverán. Abonarán la tierra”. En suspiro, vine ante el Santuario. Al mirarme el Señor de rodillas: “Elévate; recibe el consuelo”. Hacia el cielo viene el día, nenúfares, tallo, mariposas, no entonarán jamás separados. POEMAS DE JOSÉ ENRIQUE GARCÍA Solo, casi solo, apoyado en esta puerta, contemplo el mes de abril y revivo, a medida que mi alma se llena de mi infancia. Mañana será viernes, quizás sábado, cualquier día es justo para mirar las manos, y pesar la palabra y aquel que la pronuncia. Conclusión Yo que me creo un verdadero hombre, no alcanzo a comprender tal comprensión, pues miro los contornos y no encuentro esos hechos que tal nombre afirma, sigo creyendo aún viendo la duda, mis alrededores casi desolados me configuran el rostro, me sujetan por dentro, no sé de mi sospecha, fija avanza en las manos pues piedra es mi condición de hombre, si un día perdí tras de esta luz, culpo a los pasados días, también a aquellos ignotos antepasados que se perdieron sin dejar un rastro, soy más de lo que soy y nada soy pues cuento y no llego al último dedo de las manos; sin embargo, este dolor de descifrarme es suficiente para saberme hombre. El último alfarero Hay noches que quisiera un momento para mirar tranquilo lo que a diario hago, sería justo que un buen día se detenga esta rueda y me vaya por la calle como se van los hombres después de los trabajos, y entrar a una casa como lo hacen todos, y bañarme y cenar y leer algún callado libro, y después ir al cine, al río, a la estación a ver llegar los trenes o a un lugar cualquiera donde la noche alcance su sombra más adulta, y luego volver a caminar como lo hacen todos, y entrar de nuevo a la casa y dormir en compañía y amanecer dormido. Con estas mis dos manos, doy existencia a la existencia diaria, aumento las predecesoras fechas de los otros, soy el constructor, el último alfarero, y como mis antiguos, tomo de la tierra el barro cada día y a los sueños les doy soñadas formas, y a los días les multiplico su dolor. Soy el último alfarero, más no le cambio nada a las construcciones de mis antepasados, les prolongo sus orígenes, sus historias, sus fábulas y leyendas. Hago todas las cosas de las sustancias vírgenes, de la luz más lejana traigo los graves días y como si fueran versos los pulo como puedo. Teorema En el silencio hay un espacio que no lo ocupa nada. En el espacio está la nada como un huésped perpetuo de la casa, y más allá de la nada y del espacio, nosotros hacemos el espacio y la nada. POEMAS DE FARI ROSARIO PALABRAS Sólo sé murmurar palabras en estrofas de silencio en canciones olvidadas bajo la noche sin tiempo. Sólo sé murmurar palabras, trueque de versos verticales por el esplendor de las albas por la plenitud de los ideales. Yo sólo sé murmurar palabras y en el acento de mi expresión, la Palabra: Cristo. RESURRECCIÓN (Un instante antes) Como la travesía del capullo la noria azul desde el radio del árbol traspasando el aliento el hierro muerto lacerado quieto y acrisolado en dulce pensamiento por barrotes de espinas bajo sinuosos trueques y cepos de ironías. (Un instante después) Rumor en la piedra silencio en la sombra viento en la tela hallazgo en la caverna utopía en los sentidos anhelo en las horas sigilo en las campanas destello en el alba candor en la mirada es Tu resurrección ¡Resurrección! ¡El horizonte, el arpa y la canción! Senderos indelebles 1 He perdido el rastro de las amapolas por estas inhóspitas laderas de la borrasca. 2 Siento el abandono de las huellas en los indelebles senderos del polvo. Todo se me hace presencia en el agua que murmura en las entrañas de las rocas en el grito de la tierra en el barro blando de este pecho atravesado por un aliento devorador. 3 He perdido mi sombra mientras buscaba mi cuerpo en los soslayados relámpagos de la luz. POEMAS DE VALENTÍN AMARO EN LA FRÍA ESTACIÓN DEL PADRE Desde la fría estación del barro el ave rasga su memoria te grita en el oscuro de su eterna soledad en el sórdido errar de sus alas Ya un azar de lluvias terminó la errancia el deambular agreste su acoso innumerable Padre, sorprende a veces la comodidad del cieno el sufrible desdén de los ojos la mano sin temblar y la indoblegable columna a pesar del polvo HOY TE VI DESCENDER EN UNA LÁGRIMA Hoy te vi descender en una lágrima mientras los hombres morían de ausencias Vino luego un batir de alas y no paré el llamado de oscuros sollozos Ahí estabas, Padre inefable y prístino inescrutable Entonces vi mis ojos en tus ojos y fue más alto el grito, era la carga heredada de siglos -turbio misterio de irredentas presencias- No hubo palabra sólo Tu mano aferrando mi frente y así dormí volviendo luego a la vida EN LAS AGUAS “Déjame seguir parasitando en tu costado abierto hasta el alba más alba” (Loyola) Dudas y sombras en la Senda Angosta asidos a tus vestiduras con la mirada cansada en tu mirada Ladeados por el viento andamos mi Dios en esta tierra de muertos que entierran a sus muertos Y en el silencio de las noches ebrias la pregunta eterna como gota de agua en la piedra como el mar sobre los arrecifes Señor, ¿a quién iremos? ESPERANDO Señor aquí otra vez los anfibios de tu ancha pecera Si, otra vez caminando los errantes soñadores recogiendo el polvo de los días largos y las noches sin fin Otra vez, Los escuálidos saltamontes las hormigas ansiosas un poquito menor que tus ángeles en tu solitario bosque Pero aquí, Señor! esperándote mil preguntas en los bolsillos y las sombras de las dudas a cuestas DESTIERRO A la memoria del gran poeta dominicano Franklin Mieses Burgos Desplomándose un ángel El mar vidente errante presagia los tiempos De la sal alguien en la fría vorágine en la incertidumbre de las lilas eleva cantos tristes Huir quiere pero golpea su miedo el arrecife un coral sus duras trenzas El ángel se duerme se sabe solo, vacío, derrotado, perdido Y allá, indiferente alguien sigue cantado coros tristes… POEMAS DE ROBERTO JOSÉ ADAMES PLEGARIA INFINITA Desde mis sentidos hasta la Palabra peces antiguos danzan su extravío y entre puertas derretidas emergen llantos desde cada rincón y un río que se bebe su encanto y espejos y espadas y un remar de breas en retorno hacia el círculo y justo allí detrás del musgo agazapándose la nada o la vergüenza. LA NOCHE La noche un pájaro en un ala el horizonte en la otra el vuelo: gimnástico movimiento del azar. En mis pasos se han roto los espejos y al pisar la tierra la noche se ha vuelto eternidad. POEMA Mi indivisible eternidad es interrogada por el umbral de un espejo líquido Y líquido es el Verbo y líquidas las aguas donde aleteaba Su nombre. POEMAS DE ÁNGEL RIVERA JULIAO SIMBLÉRESIS DE LA NOCHE(*) La tarde cuece un pan oscuro con levadura de sombras al fuego del ocaso. Resina de nubes, cáscara de niebla, velos de rocío, negra, muy negra, la noche viene. Olor a incienso y almizcle trae la neblina. Hogueras pequeñitas encienden las luciérnagas y el verde se vuelve gris entre las hojas. Un vino de estrellas empieza a llenar las copas de los lirios. Es la noche. La honda noche que no alcanzan a descifrar mis ojos. La noche inmensa que se desborda esparciendo sus cenizas hasta formar un manto. La espesa noche cóncava y azul, mansa y podrida, cerca y distante. La noche, sombra del día, la que se muerde a sí misma en su negror y en su densa vastedad se pierde. La gran noche a los pies del mundo, gemido y bostezo de la tierra en su sopor. Alfombra de hollín y humo, polvo de los días que pasan, sublimación del sueño de las cosas. Noche derramada en haces de miedo, en pétalos de cuarzo, constelación de anís. Pero nunca, nunca tan oscura ni tan gris como este dolor que a mi ser desnace. *Simbléresis, ‘estremecimiento lírico bajo una conmoción espiritual’, término acuñado por el poeta dominicano Ángel Rivera Juliao y definido por el filólogo dominicano Bruno Rosario Candelier. VIAJE HACIA LA LUZ Voy a mis laberintos de cal y sangre donde húmedas claridades horadan imágenes buscando las formas donde asirse. Navegando los espejos, quebrantando soledades y tedios hilvanan risas en la pared del llanto para que sean lámparas los ojos, una fiesta de luciérnagas el sueño, un despertar la muerte. Me retiro a estas claridades donde la luz atrapa las presencias, el silencio se desnuda en la contemplación del alma y regresa a la esencia del origen. Entonces polvo, reconozco definido en mis huesos Tu olor a tiempo, Tu rastro vivo en la heredad de la carne, en las cenizas del barro, en las formas imprecisas de la nada. En estas claridades de ángeles inquietos el dolor es apenas una oscura semilla en los surcos abiertos de la carne. Toda sombra es un olvido de la luz, la imposible negación de las presencias, el inexacto silencio, la insondable soledad del misterio. Enciendo mis lámparas adentro como se incendian los espejos ante los cuerpos. HUÉSPED PRIMIGENIO No estoy solo. Alguien hilvana silencios en la rueca de mis carnes. Puebla de alas y luciérnagas mis manos, me incendia de ternuras, borda de mariposas mis sentidos. Vuela en el espacio de mi sangre. Siento en mis deseos su temblor de ave, su aliento cósmico florecido y la llama de sus ojos apagados. Alguien me viste de rosas desnudas y en las noches difíciles ostenta una lámpara encendida. Es una huésped primigenio de angelical arboladura. Un polen ancestral de infinita Presencia. POEMAS DE LEÓN DAVID EL HERALDO Estirpe del apremiado viento, espigado linaje del maíz, raza fecunda de la tierra, germano de la casta montaña adalid del silencio en el temblor de un párpado en vigilia, hijo del agua, vástago de la estrella, engendro sideral de la nostalgia, fruto de luz que alumbra la semilla, eterno prisionero del batir de tus alas, de la sed que te habita, del hambre que te arrastra, del fuego que te escuece y te consume, del segundo que inhóspito te alcanza… ¿No escuchas los clarines a lo lejos? ¿No escuchas como brama la distancia? Soy el heraldo de los tiempos nuevos, tañe en mi voz tu voz con las campanas, traigo aroma de selvas en mi aliento, ola, yodo y salitre en la garganta, en mi pecho germinan las palomas y brotan manantiales de mi alma. En el desierto mudo, ardiente, arisco, tiembla el oasis fresco de mis aguas; como el musgo mis sueños van trepando mientras se cubren de pájaros tus ramas; forjado estoy de cumbres y torrentes, de feroz estampida en la sabana, ruge en mi sed la torpe muchedumbre y te descubres hombre en mi palabra… Soy el heraldo de los tiempos nuevos; muere la noche, se gesta la mañana, se fecunda de grillos la espesura, se llenan de promesas las crisálidas, los caracoles cantan en la espuma una canción de arena entre las algas. Yo soy el mensajero de la vida, de la vida que corre y se le escapa: detenla en tus arterias amorosas, alimenta tu tronco con su savia. POEMAS DE SALLY RODRÍGUEZ RUMOR PURÍSIMO De repente me despiertan campanas desde Ti y me asomo de golpe al misterioso Ser. Me recorren campanas con violenta ternura Tú me llamas de prisa y late el corazón de la mañana. Abro mis ojos y en mis manos un fragmento de Ti se ha deslizado. Es un rumor purísimo con alas que resplandece intocable tiembla fugaz luego se escapa. NOCHE Estoy al final de la noche Una espantosa belleza me hiere Es demasiado para mis ojos Que morirán mañana Estoy llorando por no saber qué hacer con el presuroso río y esa luna clavada en su soledad. REGRESAR AL ROSTRO Resurgir del fondo de mi abismo después de tantos siglos. Apartar la maraña todas las hojas secas mientras mi corazón se acelera con el hallazgo de un rostro dibujado siempre en mí. Encontrarnos después de las mareas para latir en una sola voz en un solo fuego callado que suave asciende en la fiesta de un vuelo de regreso al Rostro primigenio infinito. INCESANTE CORAZÓN Una bandada de hojas amarillas levantó el viento y quedó descubierto el corazón dibújame acostada otoño adentro espalda que se extiende en oleaje puro de Tus manos el incesante corazón ya no huye dibújalo en Tus manos mar adentro. PRIMERA ORACIÓN Levantarte y dejar que circulen los ángeles Esparcir la primera oración en cada hoja y su sombra rasgar el olor de la lluvia álzate nuevo en un rito de vaporosos cálices despertar con temblores de campanas porque el silencio está dentro y con la vida late. DENTRO CAE LA NIEBLA Dentro un caballo incesante deja su polvareda sus fulgores. Dentro cae la niebla y se abre blanquísimo el silencio las olas. Los dedos en la forma de un loto despiertan y empiezan a gemir mientras la savia circula con la inocencia que arde y muerde. El animal está tocando con sus ojos mi tacto Y los míos se encienden con su lengua. DANZA LLUVIOSA El sonido de un arpa se desliza lluvioso en ángeles que dedicadamente me tocan. Vienen entidades del viento y me crecen los brazos en esta danza de ofrecer el más íntimo gesto en besos en besos ¿a quién? ¿ante quién me desnudo? ¿Quién me acoge y me esconde muy dentro mientras la música cae a cántaros? ENTRADA AL BOSQUE Desde estas montañas contemplo el esplendor de la tierra La verde humedad oscuramente llega Siento frío me abrazo me acuesto en la hierba y cabalga la mirada sobre los cuerpos. ROSTRO CON NOCHE Y PAJAROS Rostro mirando la tierra rostro en el agua cubierto de agua Rostro abierto alzándose Desde las entrañas mismas Confusión Rostro con noche y pájaros buscándose siempre Cánticos que se yerguen en el humo asciende hacia Dios. POEMAS DE SÉLVIDO CANDELARIA TORRENTE Una cañada de luz despeña al monte y sus chorros cortan la cantera negra del lecho. Y yo en el espejo mis deseos palpo ansiando la estela que toque mi frente, que me transfigure, que se haga asequible, que tiemble en mis manos, que se posesione de todo mi ser. Quizás así pueda abrir un camino entre la espesura que orilla el Sendero. REFLEXIÓN A veces, cuando las tinieblas me llaman hacia sus claros abismos, asciendo a Ti para encontrarme. PRETENSIÓN Desando la vereda tendida ante mis pies. He sido rico en falsas pretensiones mientras llevaba mi bagatela de existencia. Ahora, nada entre el todo, renazco en la penumbra del ocaso y transito las fragancias del fango. En abismo de transparente corteza flotará mi hamaca en llamas sobre el risco. Y aunque ciego, atraparé el rocío con qué apagar la sed que el agua no sacia. RETORNO Escucho el estruendoso silencio de una partitura etérea. La vida se ha ido con pausada prisa a diluirse en una cruz que se agiganta. Y en la gruta barrida por el viento, la esperanza alienta el regreso cada vez más lejano. POEMAS DE FAUSTO LEONARDO HENRÍQUEZ AVECILLA ENAMORADA I Dulzura Infinita, ¿por qué te me escondes? ¿Por qué Tu rumor de lluvia en la arboleda me seduce y subyuga? Palpas mi cuerpo con tus manos de aire y verdor. Silbas en un pájaro, te miro y vuelas. Herida secreta dejas a tu paso. Dulzura Eterna, en esta vasija agrietada no vas a hallar más que huesos secos, Dolor enmohecido, pedazos de llanto. ¿Por qué tratas de salvar la brizna de mi humanidad? ¿Por qué alumbras mi nada con tu sonrisa? Vencido, caigo en tu luz. II ¿Qué tengo yo para que pongas tu mano sobre mi aliento y mi carne sin corteza ni niebla? Escrutas con tu mirada el lienzo de mi vida y orillas mi lecho de barro con tus impalpables brazos que me estrechan con divina ternura. En el ámbito en que nos hallamos Ni es noche ni es día, aquí el rumor es Paraíso y nada más. II A ti, luz sin llanto ni maldad, Te abrí mi casa. Quédate y abre las ventanas. Mañana, cuando decidas irte con tus pies albos, avísale al leve viento de la arboleda, que sueñe, Que tarde en venir. En ti yace el fin como plenitud de río. Estate aquí, en esta casa de absoluta quietud, para que nos descubran asidos al infinito, al pan, las libélulas. IV Estaba mi alma recogida balbuciendo plegarias al Padre. Pródiga ante Él se halló, incólume, y en su regazo de fuego la introdujo en un gesto de amor puro e inefable, y ella, ebria, tan sólo Abbá sabía murmurar. La gracia era toda claridad y la humana caída resurrección. La avecilla, acurrucada en el Seno Materno, ascendía los límites reservados a la aurora. al abrir los ojos sólo la huella de un abrazo quedó impregnado en mi interior. V Del altar el pan: ácima divinidad en frágil sombra. Celajes blancos atestiguan tus huellas en la naditud. Garganta de Dios: Orfeo caribeño, zorzal de fuego. VI ¡Ave, Cirio! Faro en llamas enciende la leña de mis huesos, alegra el zorzal en la madrugada. Que tenga luz en esta noche, que muerte me sobra en la carne. Ay, Cirio, bájame de la cruz este llanto, apura el vino en mi resucitada boca. Gime la noche apoyada en mi ventana y en ella miro al otro que soy: Gota de fuego que retorna a su esencia. VII La avecilla de mi jaula revolotea en cada rincón, se asienta, de pronto. Oigo el gemir de una perdiz, elegía que el aire recrea en un constante rito de seducción. En mi cuerpo la sangre, como un arroyo, me recuerda que soy otro, otra llama, otra esencia, barro que esgrime la vida en sus manos. Canta de nuevo la perdiz, habla de mi pasión por ella. Y sale de mi jaula, la avecilla enamorada. VIII Extraño tus manos dando forma originaria a mi humanidad, a mis huesos petrificados por la sal. Añoro tus dedos sobre la piel de barro que me envuelve. Recuerda mi primer latido, mi primera noche y tus desvelos. Barro, beso y cielo se hicieron en mí. IX Abeja celeste, pon en mis labios la miel del misterio. Si pruebo esa miel conoceré el rocío de tu amor. Déjame acceder, aunque sea un instante a tu casa. La amargura se levanta como un muro entre tu divinidad y mi alma. Abejita divina, zumba en mi colmena, y pícame. X Oh cruz, cuelgas el cielo en tu horizonte. Inmóvil, sin aire, soportas el vástago de Nazaret. Miradas clavadas en ti sepultan en sus párpados el fruto maduro de la Trinidad. La Palabra sangra, se contrae, gime, ungida de abandono. Palabra con espinas, sed y herida, péndulo de las tres, oráculo del abismo. Oh cruz invicta, dolor de Dios, garra del hombre, alzada redención. Prendes la Divinidad de amargos clavos. Madero, tu culpa de salva. Escándalo vertical, asombro de ángeles, silencio del Padre, abrazo de amor, dolor y eternidad. Cruz: Vergüenza mía, acunarte en vil reposo. Jesús: Háblame, madero, que si cierras tu boca el sol se apaga. C: Tiemblo de espanto, me paralizo al verte prendido a mí como una fruta expuesta a los pájaros. J: El dolor me pesa más que la muerte. Sufro más por las miradas duras, que por la burla de esas piedras. C: Tengo miedo a tu muerte, al eclipse de tus ojos, no expires en mí. J: En ti llevo toda la noche y sus agonías, La tristeza del agua, la esperanza de la noche sin luna. C: Duele tu dolor, tus clavos en mí; tu sangre habla y baña mi miseria. J: Retienen mis pies alianza con el cielo y la tierra y con mis alas los abrazo, unidos por el amor y la sangre. C: ¿Por qué te izo? ¿Por qué te sostengo como si acabaras de nacer? Oh insondable verdad sin razón, mira, la tarde asustada. J: Expiro, sostén tu aliento, y mi cuerpo. XI Sentado aquí, reflexivamente, al borde de la vida, sustentado por un aliento más fino que mi voz, pienso en lo que hay en ese abismo impenetrable donde te escondes. Es ese abismo insondable, profundo e irrastreado el que provoca que mi pluma ausculte la inteligencia de los entes que balbucean la presencia de otra latitud, la que persigo con un desespero y agonía que me causa ensoñación y vértigo. ¿Por qué persistes en ocultarte a mis ojos? ¿Cómo es que te escabulles entre las hojas? ¿Qué pretendes, que muera sin haber atrapado el lienzo de tu mirada? XII En el patio, contemplativo, el árbol mira la cruz de la iglesia. Cada día vengo a escuchar sus elegías ocultas entre los follajes; a ellos viene, por las noches, beoda, la taciturna claridad urbana, pidiendo asilo. Doy fe de que mágicos cuerpos alados, de rodillas, se han transformado en eco o en litúrgicos rezos de luz. He visto tórtolas besando religiosamente el suelo, adorando la cruz de la iglesia. POEMAS DE JAIME TATEM BRACHE Y AHORA VIENE LA LLUVIA Yo soy el sol y la luna y el arco iris y el enojo de siempre de los riscos y los ogros Yo soy un puente tendido a la luz Yo soy un libro de infinitas raíces donde me advierto escribiendo Los poemas que me regaló la lluvia Yo soy Tatem hermano de la muerte de la vida y del amor Yo soy los ojos donde hay suelto un unicornio Yo soy el fénix del fiat lux y es necesario que mi nombre siga latiendo en tu voz como una rosa Yo soy el mundo y la casa y una prolongación del camino cuando llueve Yo soy el día y he visto a los hechiceros danzar en las noches desnudas del desierto Yo soy el no ser Yo soy el Real Ser Yo soy nada Y ahora viene la lluvia a decirme que estoy solo. POEMAS DE FARAH HALLAL Noche extensa La noche es más extensa y desmedida en ese instante cuando mi cabeza es un círculo a ojos vendados, cuando mis horas se forman en capullos y sigo una curva inevitable. Puntos negros forman la espera de lo que no se espera. Punto. Todo pensamiento es un pájaro atado, una sombra nocturna que habla sola. La bruja No sé cómo abrir el frasco del tiempo para quedarme dormida en medio del bosque. Ningún beso silba sobre la rama de un árbol. Ninguna manzana puede hacerme dormir tanto como quiero. Mi príncipe ya duerme conmigo en un bosque pintado en nuestra sábana, allí me tiendo cada noche, en una urna tallada de ácaros y plumas, y tomo una píldora para asegurarle que me despertaré de nuevo. Pero cada amanecer el rocío se empapa en mis mejillas y me asomo al estanque para escuchar atenta el croar de la rana y me veo exactamente como no lo contaría. Me muestra que no soy la princesa, soy la bruja que envenena la manzana. Ten piedad Ten piedad de mí, oh Dios, hazme rebelde, hazme capaz de quemar Alejandría y una voz rota que me perfore el sueño. Hazme desalmada para rodar desnuda, impura, bastarda y poseída, hazme interminable como la hora que espero, hazme imprudente, nerviosa y obstinada, hazme capaz de empujar de las alturas mi pecho abierto y fingir que se suicida. Ten piedad de mí, oh Dios, hazme traviesa, que comulgue en mí toda malicia, hazme despiadada para hacer gemir a tus ángeles descalzos, hazme terrible, dura, inmisericorde, hazme condenada como la hora que espero, hazme perforada, como noche clavada por estrellas, conviérteme pronto en tierra sin cultivo. Ten piedad, oh Dios, hazme maldita, hazme capaz de matar esta hora espesa, mutiladora, perniciosa, vengativa. Ten piedad, oh Dios, mírame ahora, rogando por piedad: hazme perversa para que pueda matar esto que mata y pueda quemar en el infierno todas mis pasiones. |








