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  viernes, 18 de mayo de 2012
EL MUNDO DE LA POESÍA Y LOS POETAS PDF Imprimir E-Mail
Por Bruno Rosario Candelier

“La belleza no puede herir su dardo en un corazón atolondrado. Reclama el recogimiento. Espacios de soledad. Para oír y para cultivar el espíritu en la palabra. En el fragor diario de la vida, el poeta se sabe llamado. Esta llamada es pabilo humeante, centella tremulante. Pero es luz -certeza de luz-, aunque esté vertida en frágil vaso de barro” (Helena Ospina, “Arte y persona en Bartolomé Lloréns”).

Muchos se han hecho la pregunta, ante el apremiante afán consumista de una sociedad moderna dominada por la posesión ansiosa de dinero y de bienes materiales, si la poesía ha muerto y si ha desaparecido el valor o el encanto de la obra artística y las humanidades.

Es cierto que la poesía no tiene valor para quienes tienen su atención puesta en la consecución del bienestar material y la fortuna. La mayoría de la gente parece estar centrada en la lucha por la vida, atenta a la dura faena en los diversos ámbitos laborales y sociales en busca de los recursos económicos para vivir y muchos lucen atrapados por el estrés de la vida agitada, agobiados por factores de tensión, ansiedad y angustia, con un desinterés por las expresiones culturales, intelectuales y artísticas. Por las tendencias dominantes en la sociedad, nuestro pueblo da la sensación de que ha echado a un lado las tendencias fundamentales de la esencia humana, como son las inclinaciones intelectuales, morales, estéticas y espirituales.

Los seres humanos tenemos una larga historia en el proceso de nuestro desarrollo biológico, social y cultural, ya que primero tuvimos que aprender a dominar la Naturaleza para sobrevivir, pero con el paso del tiempo y los conocimientos heredados de nuestros mayores comprobamos que no solo de pan vive el hombre, como dice el texto bíblico, ya que en los momentos de ocio o del espacio propicio para la reflexión, la soledad creadora y la contemplación, experimentamos la necesidad de determinadas apelaciones que reclama la condición humana. A las necesidades materiales se suman las necesidades del espíritu, pues somos barro que siente, piensa y sueña. Y, en tal virtud, reflexionamos sobre el sentido de la vida  y nuestro destino,  intuimos verdades sobre las vivencias que certifican una sensibilidad trascendente mediante la cual nos instalamos en nuestro medio circundante y establecemos un punto de contacto con el Universo.

Justamente, mediante la participación de la sensibilidad podemos apreciar los atributos y valores que diferencian a los seres humanos de las restantes criaturas de la Creación. En efecto, ante la belleza de la Naturaleza experimentamos una singular emoción que despierta el sentido estético; ante el encanto de lo viviente sentimos una sensación de identificación y coparticipación que despierta el sentido cósmico; y ante el esplendor de la Creación nuestra alma se conmueve y sentimos una entrañable devoción por el Creador del Mundo, sentimiento que despierta el sentido místico.

Entonces, a la luz de la belleza y el misterio de la Creación nace el deseo de testimoniar lo que captan nuestros sentidos dando fe de nuestra emoción estética y testimonio de nuestra fruición espiritual mediante un lenguaje diferente al que habitualmente empleamos. Es el lenguaje poético que expresa con belleza y emoción la verdad de nuestras intuiciones y la hondura de nuestras vivencias. Pero el lenguaje poético es diferente al lenguaje ordinario con el que comunicamos lo que pensamos o queremos. A ese testimonio de nuestra creación, hecho con elegancia y sentido, le llamamos poesía.

La creación poética se funda en tres aspectos concurrentes: el sentimiento, la belleza y el misterio, que concitan el despliegue de la sensibilidad y fecundan las emociones que canaliza el lenguaje de la poesía. Cuando hablamos o escribimos expresamos en conceptos nuestra percepción de las cosas, razón por la cual el hablante ordinario piensa en conceptos; pero el poeta traduce esos conceptos en imágenes, cuando escribe su emoción estética, mediante una forma indirecta de decir las cosas con el lenguaje de la figuración. Al contemplar unos hermosos ojos negros, para describir el color o el encanto que irradian, el poeta no lo expresa directamente sino que lo dice indirectamente mediante el recurso de las imágenes, razón por la cual Emilio García Godoy, para expresar que una muchacha tenía unos ojos negros, escribió: “Y surgió la noche y se anidó en tus ojos”.

Pues bien, los seres humanos estamos dotados del don del lenguaje y el de la creatividad y si es verdad que las tendencias materialistas y desacralizadas de nuestro tiempo nos alejan del arte, la religión, la filosofía y la mística, que son las expresiones de la sensibilidad espiritual y estética, también es verdad que las más importantes inclinaciones del espíritu humano, como la poesía y la mística, nunca perecerán aunque la cultiven unos pocos elegidos para canalizar las altas manifestaciones del intelecto. Por esa razón siempre habrá poesía, como una vez dijera Gustavo Adolfo Bécquer y, desde luego, siempre habrá fervor por la Divinidad, como muy bien señalara Platón en la Antigüedad.

Para ser verdaderamente humano hay que cultivar los valores del espíritu, como la belleza, la verdad, el bien, el amor divino y la paz interior. La inspiración estética es una expresión genuina de la condición humana, como lo es también la intuición mística. Su cultivo satisface las más hondas aspiraciones del hombre y las más entrañables apelaciones humanas. Y la poesía, que es la más elevada expresión estética de la creatividad, es un hermoso testimonio, fecundo y elocuente, de la más honda condición espiritual del hombre.

El encanto que produce la percepción de la belleza y el misterio, lo mismo a los poetas antiguos que a los actuales, sigue vigente, a pesar de la apariencia de que la poesía ha muerto. Pero esa es una mera apariencia, pues hay suficientes creadores en la actualidad que confirman que la poesía sigue viva y palpitante, aunque muchos poetas escriban de una manera complicada, difícil de entender para quien desconozca el lenguaje especializado de la creación poética. Por ese don de creación, pudo el poeta del Movimiento Interiorista, Fausto Leonardo Henríquez, escribir:

En el interior de la montaña
que se yergue en el recóndito
temblor de los instantes,
allí, indefenso como una hormiga
ante un río impetuoso,
busco una luz que me mire
o una mano que, calurosa,
se prenda de mi vestido
y me traslade al mundo inmortal
de las alondras.
Un nudo corredizo ata mi mirada,
posiblemente es el riesgo que existe
en quien quiere ser un ángel
y no una sombra.


La poesía ha sido el género literario más cultivado en las letras dominicanas, como también lo ha sido en las restantes literaturas americanas. Hemos tenido, a lo largo de la historia, una significativa producción poética en cantidad y en calidad, en todas las tendencias y vertientes de esa singular forma de creación, que en la dimensión lírica, ocupa el más alto peldaño. Mediante la intuición, la memoria y las vivencias, los poetas canalizan la más honda creación estética que ausculta el sentido sutil de lo viviente, los hallazgos de la conciencia o la revelación de verdades de la cantera del infinito que, aunadas a la belleza y el misterio, la línea del mito, la metafísica y la mística formalizan con el lenguaje de las imágenes y los símbolos.

Las tendencias poéticas dominantes del siglo XX responden a la orientación estética del Postumismo, la Poesía Sorprendida, Independientes del 40, la Generación del 48, la Generación del 60, el Pluralismo, la Poética del Pensar, el Contextualismo y el Interiorismo cuyos integrantes han tenido una importante presencia el escenario de la creación poética.

Los creadores de la Modernidad respondían al modelo de creación establecida por los poetas de la Poesía Sorprendida (Franklin Mieses Burgos, Antonio Fernández Spencer, Manuel Rueda, Manuel Valerio, Mariano Lebrón Saviñón, Freddy Gatón Arce) con una estrategia poética combinada mediante fórmulas simbolistas, surrealistas y creacionistas); de los Independientes del 40 (Manuel del Cabral, Pedro Mir, Héctor Incháustegui, Tomás Hernández Franco, Octavio Guzmán Carretero, Francisco Domínguez Charro, Alfredo Fernández Simó, Chery Jimenes Rivera y Carmen Natalia), con una preocupación por el hombre y el paisaje dominicanos, expresada en una poesía de tendencia social y a veces de protesta, que pone su evidencia de un lado en la esencia de lo dominicano siguiendo en cierto modo la tradición de Domingo Moreno Jimenes; y por otra parte denuncian las injusticias sociales con estilos y tendencias distintos: directo y reflexivo en Héctor Incháustegui y Octavio Guzmán Carretero: lírico y social en Pedro Mir y Chery Jimenes Rivera; real-imaginario y metafísico en Manuel del Cabral, Tomás Hernández Franco y Alfredo Fernández Simó.

Valiosas obras de autores nacionales, como Obras Poéticas de Domingo Moreno Jimenes,  Poemas de una sola angustia, de Héctor Incháustegui; Hay un país en el mundo y Contracanto a Walt Whitman, de Pedro Mir; Compadre Mon, Doce poemas negros, La espada metafísica, de Manuel del Cabral; La criatura terrestre y Por los mares de la Dama, de Manuel Rueda; Crónica del Sur y Por ahora, de Lupo Hernández Rueda; Geografía de una inquietud, de Chery Jiménez Rivera o País de vendimia, de María Luisa Sánchez, son obra poéticas de gran valor literario.

Aunque a mediados del siglo XX la Poesía Sorprendida ya no existía como grupo, sus antiguos integrantes seguían activos e influyentes con una creación poética inspirada en una sólida tendencia literaria: 1) Cultivo del modo subjetivo en la poesía; 2) potenciación de los procedimientos imaginativos (simbolistas, creacionistas y surrealistas; 3) apertura y trascendencia con el lema “Poesía con el hombre universal”; 4) rigor formal a la expresión de temas eternos como el dolor, la soledad, la muerte y el amor; 4) divulgación de los movimientos poéticos renovadores, como el Simbolismo, el Surrealismo y el Creacionismo; 5) valorización de la tradición de la gran poesía de todos los tiempos y culturas, mediante la reproducción de sus creaciones (clásicos españoles principalmente). Este grupo tenía una tendencia hacia la subjetividad, unida a la preocupación por la perfección formal. Poemas como Sin mundo ya y herido por el cielo o Clima de eternidad, de Franklin Mieses Burgos; Tiempo en la tierra, de Mariano Lebrón Saviñón; Retiro hacia la luz, de Freddy Gatón Arce; La tierra escrita, de Aída Cartagena; Canto a Sarah, de Manuel Valerio; y Rosa de tierra, de Rafael Américo Henríquez, son ejemplos de las grandes creaciones poéticas de los poetas sorprendidos.

Autores como Domingo Moreno Jimenes, Manuel del Cabral, Héctor Incháustegui Cabral, Franklin Mieses Burgos, Melba Marrero de Munné, Antonio Fernández Spencer, Mariano Lebrón Saviñón, Freddy Gatón Arce, Aída Cartagena Portalatín, Manuel Valerio, Manuel Rueda, Hilma Contreras y Héctor Pérez Reyes dieron a la estampa importantes obras poéticas. Freddy Gatón Arce publicó Poblana, Magino Quezada, Retiro hacia la luz, Son guerras y amores, Y con auer tanto tiempo, El Poniente;  Antonio Fernández Spencer, Obras poéticas; Manuel Rueda, La criatura terrestre, Con el tambor de las islas, Por los mares de la dama, Las edades del viento, Congregación del cuerpo único.

El grupo de la Generación del 48, con la revista Testimonio (1964-1966), potenció su influjo cultural en los ambientes literarios. Sin desdeñar la tradición, esta agrupación constituye una síntesis en la evolución poética dominicana, en tanto sus integrantes asimilaron la inquietud humana del Postumismo y la preocupación formal de la Poesía Sorprendida, para expresar en lenguaje simbólico las tendencias de su tiempo, el ansia de libertad, la sed de justicia y los valores esenciales del hombre. Se ha señalado en este grupo la tendencia a la introversión mediante el lenguaje subjetivo como consecuencia del régimen político de la época (10). Sus principales integrantes, como Lupo Hernández Rueda, publicaron Crónica del Sur, Por ahora, Con el pecho alumbrado; Máximo Avilés Blonda, Cantos a Elena, Centro del Mundo, Del comienzo a la mitad del camino y Los Profetas; Víctor Villegas produjo Diálogos con Simeón, Charlotte Amalie, Juan Criollo y otras antielegías, Poco tiempo después y Muerte herida; Alberto Peña Lebrón publicó Órbita inviolable.

Los autores que surgieron después de los ´60 engarzaron a su creación el enfoque de lo humano universal y lo dominicano en particular. Con el advenimiento de la Generación del 60 y las promociones siguientes finiseculares, la poesía dominicana se acopló a las corrientes neorrealistas, existencialistas, mágico-realistas, subjetivistas, experimentalistas e interioristas con el endoso de la realidad natural, las vivencias psicológicas y los estados de conciencia propios de la mentalidad sociocultural moderna. Después de la breve irrupción del Pluralismo y las corrientes de vanguardia, que no prosperaron, se volvió al patrón clásico y a las formas de creación acopladas a las tendencias estéticas establecidas de las letras universales. El propio Manuel Rueda, después de aupar su proyecto experimentalista, renunció a su propuesta al  advertir, con su lúcido talento crítico, que los fueros renovadores carecen de sentido si no están avalados por un contenido trascendente, un encanto inherente y una forma  hermosa afín a la belleza, la verdad y el misterio, los polos convocantes de la creación poética.

Los creadores de poesía adecuaron su creación poética a las fórmulas líricas establecidas, como las obras de Marcio Veloz Maggiolo, Ramón Francisco, Juan José Ayuso, Soledad Álvarez, José Enrique García, Pedro José Gris, Rhadamés Reyes Vásquez, José Mármol,  Plinio Chahín, José Frank Rosario, Dionisio de Jesús, Medar Serrata, Freddy Bretón, Tulio Cordero, José Mármol, Plinio Chahín, Fernando Cabrera, José Acosta, León David, Sally Rodríguez, Julio Adames, Ángela Hernández, Carmen Sánchez, Carmen Comprés, Iki Tejada, Ángel Rivera Juliao, Soledad Álvarez, Chiqui Vicioso, Armando Almánzar Botello, Carmen Pérez Valerio, Guillermo Pérez Castillo, Jaime Tatem Brache, Fari Rosario, Farah Hallal, entre otros.
  
Las obras poéticas más importantes del último medio siglo son La criatura terrestre, de Manuel Rueda; Retiro hacia la luz, de Freddy Gatón Arce; Los profetas, de Máximo Avilés Blonda; Por ahora, de Lupo Hernández Rueda; Las voces, de Pedro José Gris; Banquetes de aflicción, de Cayo Claudio Espinal; El fabulador, de José Enrique García; Luz de los cuerpos, de Sally Rodríguez; Huéspedes en la noche, de Julio Adames; Entre la voz y el fuego, de Freddy Bretón; La sed del junco, de Tulio Cordero; Un latido en el bosque, de Iki Tejada; Viajera del polvo, de Ida Hernández; Destrucciones, de José Acosta; Entre el polvo y la ceniza, de José Frank Rosario; Temblor de árbol, de Teresa Ortiz; Ángel de luz, de Ángel Rivera Juliao; Será otro azul, de Carmen Comprés; Rituales de la lluvia, de Jaime Tatem Brache; y La isla presentida, de Fausto Leonardo Henríquez, Entre la voz y el fuego, de Freddy Bretón y Una mujer en caracol, de Farah Hallal.
  
Entre los poetas interioristas destacan Ángel Rivera Juliao, con Ángel de luz; Guillermo Pérez Castillo, con Insondable acecho; Pedro José Gris, con Las voces; Tulio Cordero, con La sed del junco; Fari Rosario, con Polvo y olvido; José Acosta, con Territorios extraños; Henry Santos Lora, con Memoria de la tarde; Carmen Pérez Valerio, con Rumor cotidiano; Sally Rodríguez, con Luz de los cuerpos; Iki Tejada, con Ternura de agua; Carmen Comprés, con Será otro azul; y Fausto Leonardo Henríquez, con Gemidos del ciervo herido.

Factores de la creación poética

1.- La nostalgia.- En el trasfondo de la creación poética subyace la nostalgia, aliento que se suma a las motivaciones que la motorizan. Etimológicamente, nostalgia es un dolor por lo que hemos perdido, por lo que tuvimos y añoramos. La sensación de vacío, de pérdida, de ausencia late en el subsuelo de la creación poética, y ese dolor por recuperar lo que perdimos, alienta y motiva el acto creador. La nostalgia, por tanto, no es sino una fuerza que estimula a recuperar lo que anhelamos volver a tener. Excepto en la lírica mística, el poema entraña una nostalgia de algo, y exceptuamos la mística porque a ésta la inspira la apelación de la vivencia contemplativa. Es una nostalgia lo que lleva a Jorge Luis Borges a expresar en “Tanka”: “Alta en la cumbre/todo el jardín es luna, /luna de oro. / Más precioso es el roce/ de tu boca en la sombra”.
  
2.- La búsqueda.- La fuerza de la nostalgia, o la apelación del objeto amado en la mística, concita una búsqueda. En todo poema hay una búsqueda, incluido el poema místico. En esa búsqueda coinciden los poetas y los místicos, a quienes los une el canto creador. Se sabe que al místico lo mueve la búsqueda de lo divino. Probablemente la búsqueda del poeta conlleva un anhelo de hallar lo que intuimos como bueno y deseable, como bello y verdadero. Tal vez fue esa búsqueda la que movió a Salvatore Quasimodo a decir: “Cada uno está solo en el mundo. / Atravesado el corazón/ por un rayo de luz. / Y de pronto anochece”.
  
3.- La apertura.- Motivado por una apelación, que puede ser nostalgia o búsqueda, en el poeta se desata un sentimiento de apertura, de entrega, de ofrenda y consagración como un acto de piedad y altruismo. Se asocia con las cosas y las criaturas con las que se compenetra para compartir e identificarse con ellas. Es una empatía cósmica que se despierta en los humanos por un acto de ternura. Por eso choca tanto que esa actitud generosa y creativa de la figura del poeta se anide a veces en sujetos mezquinos capaces de actos perversos o innobles. Porque la poesía, como acto de creación, como producto de la sensibilidad y la intuición, es semilla de compenetración y empatía, de acción y milagro. Dice el poeta: “La noche acaba más tarde en las cañadas, al pie de los barrancos. Sus aguas eran aguas de sombra, debajo de la sombra del follaje. Corría secretamente. Sólo el rumor del agua publicaba secretamente su trayecto andariego. Y fue entonces cuando un soplo de vientos matinales movió la copa de los árboles, abrió paso a los rayos y el beso de la luz lo descubrió allá abajo como un fulgor de plata repentina. La belleza del espectáculo y la potencia de la luz... me trajeron a la memoria aquellos versos: “Una luz puede menos en/ la sombra/ que tu amor en mi vida. / No lo apagues” (F. S. Ducoudray).
  
4.- Recuperación.- Como gestación de una realidad estética, el poema entraña un acto de recuperación, que amaina la nostalgia, por cuanto entraña satisfacción de la búsqueda y cumplimiento a la apertura. En el místico no hay recuperación sino vivencia, plenitud de lo vivido en el acto puro de la contemplación. Y lo mismo en el poeta que en el místico el resultado de la creación, recuperado o no, produce la satisfacción de lo creado. Por eso dice Alfonsina Storni en uno de sus poemas memorables: “Y sé callar/ cuando la luna asciende, / enorme y roja, / sobre los barrancos”.
  
5.- Utopía.- La nostalgia y la utopía son los dos polos en tensión del acto creador de la poiesis. De nuevo aludimos al místico para decir que si en su operación creadora no hay nostalgia, tampoco hay utopía, puesto que la mística sabe cuál es la motivación secreta y entrañable de su estado de contemplación. La utopía es la motivación subyacente que da cuenta del poema ya que toda utopía entraña, como la creación misma, el lugar de la ilusión, de los sueños posibles, y ya los poetas han dicho que sueñan lo que no parece imposible, en ese espacio ficticio sin lugar y sin tiempo donde situamos lo que anhela el corazón desde el fondo entrañable del yo profundo. Esa situación lírica está descrita con singular maestría en el poema “La niña”, de Octavio Paz: “Entre la tarde que se obstina/ y la noche que se acumula/ hay la mirada de una niña. / Deja el cuaderno y la escritura. / Todo su ser, dos ojos fijos. / En la pared la luz se anula. / ¿Mira su fin o su principio?/ Ella dirá que no ve nada. / Es transparente el infinito. / Nunca sabrá que lo miraba”.
  
El hacedor del poema es una persona con sensibilidad estética y capacidad creativa. En la persona del poeta confluyen varias cualidades destinadas a percibir y expresar los rasgos peculiares de las cosas por lo cual destacan en la sensibilidad estética estos atributos: a) comprensión para captar el sentido de fenómenos y cosas; b) intelección para entender los efluvios intangibles de la realidad; c) capacidad sensitiva para sentir y expresar la sustancia del poema; d) verbalización para tener la potencia verbal de transmutar lo sensorial a lo imaginativo; e) formalización para darle sentido y belleza a la percepción múltiple y simultánea de las cosas.
  
Por esos atributos de la sensibilidad creadora capta el poeta la voz del ser y el sentido de fenómenos canalizando y supeditando al propósito esencial de la creación poética, que es siempre y bajo cualquier estética la creación de la belleza con la verdad de conciencia, lo que mueve su sensibilidad estética y su talante espiritual. La poesía es la creación de una realidad estética en la que se articulan vivencias y emociones en un lenguaje imaginario fundado con elementos de la Naturaleza y articulados eufónicamente para hacer sentir el encanto de la creación con emoción y belleza. En la creación poética aparecen, en consecuencia, estos rasgos distintivos: 1.- Síntesis conceptual, sensorial y afectiva en forma armoniosa, sugerente y bella. 2.- Plasmación del sentido esencial y profundo de la percepción intuitiva. 3.- Creación de imágenes sensoriales con belleza y sentido poético. 4.- Armonía sonora y expresiva en pro del encantamiento verbal. 5.- Expresión de la belleza con sentido en términos conmovedores y elocuentes (5).

Principios de la creación poética

En la conformación del poema confluyen la estructura organizativa y los principios reguladores de la comunicación verbal. Al escribir el poema el poeta le da forma a la materia y en esa operación verbal dispone de cuanto hace posible el acto creador, y aunque no lo sepa conscientemente lo sabe por intuición a partir de la lectura de poesía. El poema constituye una visión verbal de la realidad y en tal sentido tiene una manera peculiar de expresarse. Como conocimiento intuitivo de la realidad, como producto estético del lenguaje, el poema obedece a las siguientes leyes de la creación poética:
 
1.-Pensar en imágenes.- Mientras los hablantes ordinarios, al realizar un hecho del lenguaje, pensamos en conceptos, los poetas piensan en imágenes, es decir, traducen sus percepciones y emociones en imágenes sensoriales, que es la forma propia de la poesía. Al ver a una mujer con hermosos ojos negros, Emilio García Godoy, le dirá: “Y surgió la noche y se anidó en tus ojos”. Pensar en imágenes es una ley lírica y por tanto es propio de la poesía lírica, y ese procedimiento libera el poema del razonamiento (6). Las imágenes tienen como finalidad hacer sensible el caudal de conceptos, sensaciones y emociones que concurren en el poeta. Cuando Antonio Fernández Spencer concibió la intuición de asignarle poder a la muerte, sugirió en imágenes preñadas de sensaciones nuevas, que la poesía se inventó, no para traducir conceptos como lo hacen los demás hechos del lenguaje, sino para expresar pensamientos en imágenes: “Algunas noches los muertos encienden estrellas, / y con sus manos el tiempo/ hace locas señales en la flor o en la espiga”.
  
2.-Crear una realidad estética. Aunque se trate de un poema inspirado en realidades objetivas, la sustancia del poema, por efecto del trabajo de la forma, ha de transmutar el dato real en objeto estético. La forma necesita de la materia para plasmarse, para concretarse en algo tangible. La forma modela la cosa pero sin la materia no puede darle existencia a nada. El objeto real, material o ideal, ha de transmutarse, en virtud de la esencia poética, en objeto estético. La apariencia de lo real es estímulo para crear la forma, no para reproducirla. El “mar”, de Pedro Salinas o el “cementerio” de Paul Valéry no tienen una representación sensorial objetiva puesto que se trata de una creación estética, aunque esa creación se haya inspirado en una realidad específica. La realidad del poema es diferente y autónoma de la realidad de la cosa, aunque esta la haya inspirado. No importa si el mar o el cementerio, en los poemas implicados, tenía existencia real. Lo importante es apreciar la existencia en el poema, la realidad estética del lenguaje que le dio forma y consistencia. Para poderse manifestar, la forma se concretiza en una cosa u objeto. Empero la poesía no retrata la realidad ni reproduce el objeto que le sirve de pretexto creativo sino que éste o aquel objeto, ésta o aquella realidad, se convierte en realidad estética en virtud de la magia verbal en la poesía. La realidad verbal del poema goza de autonomía referencial, y ese principio es fundamental a la hora de hacer exégesis poética. Poiein en griego es crear, inventar, fabular con palabras una realidad que se sostiene verbalmente, líricamente, estéticamente. Por eso la poesía es también ficción. Cuando Francisco Matos Paoli siente que la sociedad le ha negado todo, cuando le parece que sufre el olvido o el desdén, se refugia en su propio castillo interior, subjetivo y metafísico, y allí experimenta una fuerza superior a la de la realidad real y acude al símbolo del espejo para aludir a la reproducción de los sentidos y evoca el canto de la alondra para significar su poder creativo y lo visualiza imantando el movimiento y transmutando lo sensorial en  creación poética: “Que no me busquen en el penúltimo/ verdor de las horas./ Ya para mí la vida/ degüella sus espejos trasnochados/ y no hay rumor posible en los eneros/ cuando la alondra imanta/ su propia sombra azul que no es azul” (Canto de la Locura).
 
3.-Vincular el contenido a la Naturaleza. Lo que mueve al poeta a crear, el aliento emocional que lo sacude y estremece, lo asocia a elementos de la Naturaleza porque en la vida de la Naturaleza halla el ser humano la comprensión de cuanto acaece. La sustancia que nos conforma está en todo lo existente. Somos materia estelar, como creía Carl Sagan, y lo que creamos, material o espiritual, es un pequeño Cosmos hecho a imagen del mundo y a imagen y semejanza de nosotros mismos. Cuando Federico García Lorca dice en “Canción otoñal”: Hoy siento en el corazón/ un vago temblor de estrellas, / pero mi senda se pierde/ en el alma de la niebla. / La luz me troncha las alas/ y el dolor de mi tristeza/ va mojando los recuerdos/ en la fuente de la idea...”, está aludiendo a lo que mueve su sensibilidad y lo que siente lo vincula a la Naturaleza para hacer más sensible lo que siente.
  
4.-Asociar las percepciones de lo real. La percepción doble y simultánea de una misma cosa indica que el poeta abre su abanico sensible y todo su potencial receptor para nutrirse de sensaciones múltiples, físicas y metafísicas, ya que en la creación poética participan los sentidos exteriores y los sentidos interiores con las facultades intelectivas, imaginativas y sensitivas por lo cual el poeta ha de relacionar asociativamente las diferentes percepciones de lo real. En la percepción múltiple de poema, milagro que permite captar al mismo tiempo lo tangible y lo intangible, confluyen lo natural y lo sobrenatural. Por eso la poesía, como creía Antonio Machado, se orienta hacia el misterio. El creador de “Soledades”, escribió: Anoche cuando dormía / soñé ¡bendita ilusión! que una colmena tenía/ dentro de mi corazón; /y las doradas abejas/ iban fabricando en él, / con las amarguras viejas, / blanca cera y dulce miel. Se trata de la relación de una realidad supuesta (la colmena en el corazón) que va labrando, con la pasta de la desventura y el dolor, la miel que dulcifica la amargura existencial como una forma alegórica de interpretar la realidad de la vida.
  
5.-Testimoniar la voz de la persona lírica. La poesía revela la creación de la propia percepción del mundo. El poeta ha de plasmar el ritmo, la imagen y el tono con que externa la voz personal y la voz universal que da cuenta, en la expresión del poema, las vivencias y pasiones de la persona lírica. La creación de la persona lírica, producto de la voz personal, es inimitable por su condición auténtica y genuina. De nada sirve saquear frases y figuraciones ajenas. Podemos mejorar nuestro estilo, enriquecer nuestro lenguaje, ampliar nuestro horizonte con la visión de otros creadores, pero para expresar la voz propia están los acentos, los tonos, la percepción singular del fragmento de la realidad al que accedemos. La voz de Tulio Cordero, entre los interioristas dominicanos, apunta siempre a la búsqueda mística que lo apela con el gozo de saberse parte consustancial del Todo: /Si acaso la rosa presumida preguntase/ invéntate una excusa. /Esta noche/ quiero ascender estos peldaños/ sin menester de lumbre (“Esta noche”).
  
6.-Asignar un valor simbólico a términos comunes. La creación poética no es una representación verbal de las cualidades sensibles de las cosas sino una creación que asigna un valor simbólico, traslaticio o metafísico de lo real. En toda obra poética hay una relación de semejanza con la realidad de la cual infirió el creador la forma que tienen las cosas naturales. La obra literaria no reproduce hechos, objetos o fenómenos aunque se inspire en ellos y se nutra de la experiencia natural, social o histórica, como se aprecia en Walt Whitman: Mirad el mar sin límites, /sobre el podio del mar parte el navío con todas las velas/ desplegadas, aún las de gavia. /La flámula ondea en lo alto, mientras navega/ majestuosamente -abajo, las olas rivalizan/ con el navío-, adelantándosele. /Lo rodean con movimiento brillantes espumas (“El navío que parte”).
  
7.-Crear una realidad autónoma y diferente de la realidad real. Aunque la creación poética entraña una imitación de la forma de la Naturaleza, el producto poético es independiente de toda referencia objetiva por lo cual la creación poética goza, como obra de ficción, de autonomía referencial en virtud de la realidad que ella inaugura con su forma y su sustancia. La mimesis aristotélica se refiere, no al reflejo de la realidad o la Naturaleza, sino a la creación al modo de la Naturaleza por cuanto no es calco sino fruto de la capacidad de creación verbal, como lo revela  “Interior” de Johanna Goede: “Cada vez/ que miro hacia dentro/ para contemplar el mundo: / Te encuentro”.
 
8.-Canalizar el torrente irracional del fuero interno. La naturaleza multívoca, asociativa y polisémica de la creación poética da lugar a múltiples sentidos y exégesis por lo cual no hay en poesía un sentido único y una interpretación excluyente sino significados plurales, abiertos y diversos aunque una sola haya sido la motivación que inspire el acto creador. La poesía es canal de un torrente irracional, simbólico y metafísico, mediante el cual el autor da rienda suelta a contenidos que el propio autor ignora. Este pasaje de Territorios extraños de José Acosta confirma lo que digo: Yo soy inocente de esa música/ de ese lirio roto sobre el aire/ de estos ojos cerrados para siempre. / Yo no soy el que navega en este espacio /no soy el que crea en este instante/ esta forma horrenda del silencio.
  
9.-Organizar la estructura del poema. A diferencia de la poesía, que puede aparecer en verso o prosa, el poema obedece a una estructura dispuesta con las partes que la componen, según una organización determinada en la que están presentes los siguientes aspectos: 1.- Situación (descripción). 2.- Evocación (rememoración). 3.- Confrontación (oposición dramática). 4.- Transformación (transmutación) 5.- Solución (salida al conflicto). En “Aquí te amo”, de Pablo Neruda, se aprecian los diferentes pasos en la organización del poema:

Aquí te amo.
En los oscuros pinos se desenreda el viento.
Fosforece la luna sobre las aguas errantes.
Andan días iguales persiguiéndose.
Se desciñe la niebla en danzantes figuras.
Una gaviota de plata se descuelga del ocaso.
A veces una vela. Altas, altas estrellas.
O la cruz negra de un barco. Sólo.
A veces amanezco, y hasta mi alma está húmeda.
Suena, resuena el mar lejano.
Este es un puerto. Aquí te amo.
Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.
Te estoy amando aún entre estas frías cosas.
A veces van mis besos en esos barcos graves
que corren por el mar hacia donde no llegan.
Yo me veo olvidado como estas viejas anclas.
Son más tristes los muelles cuando atraca la tarde.
Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta.
Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante.
Pero la noche llega y comienza a cantarme.
La luna hace girar su rodaja de sueño.
Me miran con tus ojos las estrellas más grandes.
Y como yo te amo, los pinos, en el viento,
quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.


10.-Sugerir una visión luminosa y edificante del Mundo. El poema es el relato de un sueño, la síntesis de lo que acaricia el corazón como bueno y deseable. El poema postula una visión amable del mundo. El poeta escribe, no para cambiar la realidad, sino para modificar nuestra visión de la realidad y apreciemos las delicias de la vida, el lado bueno de las cosas. La poesía hace amable y positiva nuestra visión del mundo desde el reino de la fabulación, pues con su obra los poetas confirman que el ser humano anhela lo que no parece imposible. Con su visión espiritual y estética el poema formaliza el sueño humano. Entonces la poesía sirve para que tomemos consciencia de lo que es el mundo en su esplendor, de lo bueno y hermoso de la vida y sus criaturas y de la bondad de cuanto existe para gozo y deleite de los humanos. Por eso los poetas comparten con los místicos una actitud de valoración de la belleza y el misterio. En “Preludio Gris”, Alberto Peña Lebrón transmuta la soledad en espera: “Callad. La brisa nueva puede sentirse sola./Oigo pasos en la neblina: su tamaño no bastó a mi vacío./Nada bastó; quién lavará su nombre de fresco aroma,/de rocíos recién llegados a la ribera de los besos./Atardecer, tú nunca sospechaste esta palabra: ausencia./Cada día, ella regaba los ocasos con extraños sollozos./Tal vez algunas cosas se sientan solitarias: gris nocturno,/la brisa nueva, mas el corazón debe ungirse de olvido./Cendal de gris espacio, sigue la misma ruta/despierta de su sombra desplegada…”.

POEMAS DE AUTORES DOMINICANOS

DE DOMINGO MORENO JIMENES

Poema de la hija reintegrada

I
Hija, yo no sé decirte si la muerte es buena
o si la vida es amarga;
sólo te aconsejo que despiertes, adulta de comprensión
más que tu padre.

II
Hija ya no habrá oriente ni poniente para tu porvenir:
una sábana blanca serán tus días,
una sábana blanca será tu pasado
y tu recuerdo una estrella que frente a frente me iluminará
el porvenir.

III
No sé por qué tu agotamiento
me trae una recóndita dicha anegada en lágrimas
que me hace amainar la pulsación de la tarde.

IV
Tu infancia y tu silencio me parecen hermanos.
V
Hija, hazme tomar la resolución de los otros:
vuelve mi proa añicos
y mi voluntad una piragua;
que nada sea mío desde hoy, que no quiera poseer nada mañana;
desnudo de bienes y desnudo de virtudes hazme;
sin egoísmo de lealtades y sin egoísmo de pureza;
hazme entero el milagro de darme todo a los elementos
como si fuera en sustentación un ser increado….

VI
Tu vida una microscopía, pero grande;
el segundo de tu inexistir, eterno.

VII
Hija, ¡cuántas nubes,
cuántos pájaros, cuántos horizontes insospechados
me abre en el amanecer tu ruta!

VIII
Hija mía, para ti la mañana no será clara ni fresca;
verás envuelta el alba en la noche,
y las cosas de mayor transparencia
tomarán ante tus ojos la actitud de un largo crepúsculo.

IX
En este mundo donde sólo se premia la capacidad de fingir mejor,
era justo que llegaras, y después de breves instantes,
ya estuvieras confundida con la cal y con la mariposa,
con el carbón y con la piedra.

X
¡Cómo me alivianas la sombra, al advertir desde que te
dormiste que en mi derredor todo es sombra!

XI
¡Oh tú, que me enseñaste desde que naciste
a ver la vida con ojo más sabio
y a la humanidad con ojo más triste!
Triste, triste; ¿y no es acaso la suprema alegría de
los seres mudables el ser tristes?
Triste fue la faz de la tierra cuando se desperezó el primer hombre.
Triste tiene que quedar la tierra cuando se desentuma
en su regazo el último hombre.

XII
¡Oh tú, que desde que naciste pude decir: boleta de la tumba!
¡Oh tú, que ya crecida pude decir, por tu descalidez,
la preferida mía!

XIII
Por ti quise cambiar y que la fortuna me sonriera;
y por ti no cambié
y la fortuna no me sonreirá nunca.

XIV
Hija, cada vez que examino tu vida
me doy cuenta de que tú eres como mi vida:
una sombra entre dos crepúsculos.

XV
Iba a decir entre dos agotadoras auroras
 y ya ves, reincidí, sin querer, entre dos crepúsculos.

XVI
¿Por qué tan pura, tan casta y tan leve, te debas parecer al crepúsculo?
XVII
Olvidaba que toda adjetivación es cruel y cruda:
Dios dio desnudo a los hombres el verbo,
y del lenguaje, sólo debe quedar desnudo el verbo.

XVIII
Toda filigrana de síntesis es una profanación,
¿verdad, hija mía?

Ya te puedo buscar sin parcializaciones, sin atributo contingente:
¡serás en mi incompleto nombrar, sencillamente, el vaho de las cosas!

XIX
No te puedo asir con una palabra,
y debe extrañarme, recónditamente,
porque tú estás para mí más alta que la región de las palabras!

XX
Y vuelvo a caer en las comparaciones.
¡Oh, hija, cuán subordinado estoy a la vida!

XXI
Miserable del hombre que osa creer que después de la sombra
la vida es vida.
XXII
De imperfecciones se forman nuestras excelencias
y es toda la existencia del hombre un brazo tendido hacia el
 turbio porqué de los enigmas.
XXIII
-Tiene el pulso demasiado débil,
pero ese letargo no es la muerte-.
Su médico era mi propia almohada de cabecera
y yo quedé perplejo ante su callado sufrimiento y la miseria de la vida!
XXIV
Si fuera bizco el pensamiento
y tuviera la boca siempre llena de mentidas palabras;
hija, iba a blasfemar por tu dolor… pero, ¡perdona!
XXV
Compran caro el suelo donde colocan a los muertos
y ellos son más dueños de la tierra que los hombres
que comercian con ellos.
XXVI
Al través de los milenios, los hombres son puñados de tierra
que se deforman a su antojo.
XXVII
Hija, ya han venido a avisarme que tus pies están fríos.
Hija, resígnate a que lo blanco no sea blanco y a que lo negro no sea negro.
XXVIII
Hija, cuán brilla el sol sobre el tamiz de los guayabos,
cómo se agiganta la nada sobre la soledad de tu aposento,
cómo nace y renace la esperanza por entre los ámbitos de la vida.
XXIX
-Tibien la leche terciada con agua
para si mi chiquitita despierta.
Cuídenmela, hasta que se vuelva esperma como capullo inmortal
el cuidado.
Ella es carne de mi vida, flor de mi pensamiento,
cemento de mi alma.


NUEVO MADRIGAL

El aguijón estaba perfumado.
La herida estaba perfumada.
Ascendió al cerro un velo de perfume.
Una neblina de sándalo anunció la mañana.

-¡La abeja ha muerto, madre!
Y al irrumpir, quedaste ensimismada,
cual si el dolor se te volviera aroma,
iris el grito y tornasol la lágrima.
¡Hija mía,
expía en tu vida la íntima fragancia!


HORA GRIS

Atravesé el cementerio de la aldea:
no tenía dolientes;
se estremeció mi alma junto a un jazmín triste;
gimieron mis sentidos junto a una rosa cárdena.
Después
lancé la rosa y los jazmines al viento,
y sólo quedó flotando en el instante esta sola palabra:
“Tierra”.



POEMAS DE HÉCTOR INCHÁUSTEGUI CABRAL

CANTO TRISTE A LA PATRIA BIEN AMADA


Patria…
y en la amplia bandeja del recuerdo,
dos o tres casi ciudades,
luego,
un paisaje movedizo,
visto desde un auto veloz:
empalizadas bajas y altos matorrales,
las casas agobiadas por el peso de los años y la miseria,
la triste sonrisa de las flores
que salpican de vivos carmesíes
las diminutas sendas…

…una mujer que va arrastrando su fecundidad tremenda,
un hombre que exprime paciente su inutilidad,
los asnos y los mulos,
miserable coloquio del hueso y pellejo;
las aves de corral son pluma y canto apenas,
el sembrado sombra,
lo demás es ruina…

Patria,
es mi corazón un acerico
en donde el recuerdo va dejando
lanzas de bien aguzadas puntas
que una vez clavadas temblorosas quedarán
por los siglos de los siglos.

Patria,
sin ríos,
los treinta mil que vio Las Casas
están naciendo en mi corazón…

Patria,
jaula de bambúes
para un pájaro mudo que no tiene alas,
Patria,
palabra hueca y torpe
para mí, mientras los hombres
miren con desprecio los pies sucios y arrugados
y maldigan las proles largas,
y en cada cruce de camino claven una bandera
para lucir sus colores nada más…

Mientras el hombre tenga que arrastrar
enfermedad y hambre,
y sus hijos se esparzan por el mundo
como insectos dañinos,
y rueden por montañas y sabanas,
extraños en su tierra,
no deberá haber sosiego,
ni deberá haber paz,
ni es sagrado el ocio,
y que sea la hartura castigada…


POEMAS DE FRANKLIN MIESES BURGOS

Cuando la rosa muere


Cuando la rosa muere
Deja un hueco en el aire
Que no lo llena nadie:
Ni el eco que sepulta
Su desolado rostro
Herido en otra arena
Ni la luz que va sola
En río transparente
Hecho por serafines
Ni la sombra que es ala
De un pájaro de niebla
Nacido sobre el viento

Cuando la rosa muere
Deja un hueco en el aire
Que no lo llena nadie.

Solo el llanto lo anega
Con sus blancas estatuas
De sal petrificada,
Con sus astros caídos
Y sus nubes viajeras;
Solo el llanto lo anega
En estrellas pequeñas.
 
Cuando la rosa muere
Deja un hueco en el aire
-rodando como un nido-
Para acunar tu pena.


Rosa en vigilia

Rosa en vigilia que delira en vano
Desde el alto silencio de su orilla.
Aurora vegetal que maravilla,
Más cerca de lo azul que de lo humano.

Rojo fanal en la delgada mano
Del tallo que sostiene la sencilla
 Luz que prende su sol, en la semilla
Oscura de su hondo meridiano.

Para ti la palabra iluminada
Por donde alza plástica la vida
Su soledad más viva y perfumada.

Ninguna forma igual a tu desgaire
Para ser tomo tú, solo una herida
Abierta y desangrándose en el aire.

POEMAS DE MANUEL RUEDA

Visiones de la tierra


¿Cómo olvidarte
tierra
que escapas bajo los pies
y no cesas de estar?

Como aire compacto
sol y noche fundidos
en el magro terrón
luna de pulpa de guanábana y cocotales ardientes
quemazones con olor a cadáveres
a traiciones de selvas borrachas
y a pistoletazo súbito.

Me tocó el corazón
y late: es tierra
bajo el tambor
pisada de puercos cimarrones
y de iguanas
arrebatadas ciguas sobre los caimitales
sueño de orquídeas doñas
azotadas por el ala envidiosa del murciélago.
Tierra
pulso de tambor y grito
resbalando a las cuevas
de las ciguapas comedoras de semillas
tierra bajo los ríos
diáfanos
que nos ignoran.

Mar donde tienden redes
pescadores sonámbulos.
(Las mareas no borran las pisadas)
Arena que arde en los ojos
de las mujeres que esperan.

Cómo no amarte
polvo de las provincias enterradas
en claridad de muerte
con sol
y calaveras de animales domésticos
reclinadas en las bardas y portales
y tinajones agrietados
donde el agua es silencio
y el silencio ese mar ciego
que a lo lejos sucumbe
tambalea
sobre tapias de cambronales ríspidos
y tumbas de blancores anónimos.

He salido a pisar la tierra toda
a beberla
en aire azul y lodazales verdes
donde la luna tiembla
como una raíz pálida que no puede crecer
cercenada por mosquitos
y lianas putrefactas.
Salmo de los arrozales con lumbre.
Cibao ofrecido en los valles
con claridad de campana
tendido a la puerta del bohío en las noches sólidas
y en los atardeceres ventosos
cuando el gallo-humo desfleca la cola grisazul
cocoriqueando por haber nacido antes
que su madre rojiza en los carbones.

Norte de polvo de sexo agujereado.
Norte hundido
con su sol y su océano famélico
al que alguien cortó sus barbas de patriarca.
Viento en harapos que se encrespa sobre el hueso
para decir sus elegías
fertilidad de sal y llanto en la boca de los muertos
que esperan la resurrección.


POEMAS DE MANUEL VALERIO

Estremecimiento de fulgores


Los claveles se incendian en tu presencia.
Hilvanaré un collar de claveles
para tu nombre.
Por el olor de las pomarrosas
y por el amarillo color quemado
de las granadas, por el dorado revuelo de tus cabellos
y por el amarillo color quemado
de las granadas, por el dorado revuelo de tus cabellos
y por los reverberantes destellos de tus pupilas
¡todo yo me estremezco y me desangro!
y canto para ti el asombro de toda tú.
Trémulos corren los ríos de los sueños
cuando soñamos despiertos y cerramos los ojos,
cuando un clavel clavelero se deslía
en la noche callada del reposo...
Yo te digo amor
y tu sonrisa impacienta mis sentidos,
únicamente eres idéntica a ti,
hermosa mía en un trillar de mariposas
que te circundan de ternuras...


Cantares

Tu voz en el agua.
Mi cuerpo en el agua.
Tu voz y mi cuerpo en el agua.

Por el agua va mi cuerpo.
¿Adónde irá mi cuerpo
en el agua?
¡Ay, que la muerte refleja
toda su sombra en el agua!

Tu cuerpo en la llama.
Mi voz en la llama.
Mi voz y tu cuerpo
en la llama.

Por la llama va tu cuerpo.
¿Adónde irá tu cuerpo
en la llama?
¡Ay, que la muerte refleja
toda su sombra en la llama!

¡Ay, mi cuerpo en la sombra
del agua!


Zarah

Por algo
la llama lleva su nombre:
Llama.
Por algo es azul lo azul
y la paloma una paloma.
Por algo el río corre
a la orilla de los árboles.
Por algo llevas tú tu nombre:
Zarah.


POEMAS DE FREDDY GATÓN ARCE

Un punto infinito


Un punto.  El infinito mirado desde cualquier orilla,
centro azul de tu nombre escrito sobre el mantel
oloroso a limpio,
cercano al plato de rica ración después que la gracia
rodea nuestras cabezas de pequeños glotones alborotando.
Un punto, cuando aún la vida discurría sin anécdotas
y se ignoraba cómo desmentir al sueño, y cuando aún
la realidad era lo que acontece en la noche o el día
y seduce.
Un punto que no esquive, bajo la tierra y por el aire,
en la mesa o el recuerdo;
un punto que ronde como mar o tiempo transcurrido,
transcurriente;
un punto que seas tú a mi lado, padre, sin sombra.
Un punto, un punto pues orilla al universo,
y sólo es la muerte, pero la tuya.

Pues bien,
aún cantando las maravillas de la tierra
alguien me pregunta si ya vuelvo,
si traigo ahora húmedos los labios
como la tierra gratuitamente hermosa
después del amor,
después de los ríos, los cuerpos y la muerte.
Oh amada: yo comienzo en el árbol con los huesos,
con la jugada vieja del amor, de todo tu cuerpo, de todo tu amor,
y a veces siento que estoy solo de veras.
A veces siento que estoy a merced de los
tiempos y ciudades,
a merced de mí mismo, casi tuyo, de la luz,
y entonces compruebo la vida y la muerte
que atesoran las almas y los cuerpos.
Entonces puedo decir
que el pasado es la gracia suprema de los frutos,
y el presente, tembloroso como la sombra o
como la llama,
como la tierra aquella de que arranco,
de que comienzo a tirar con la raíz, con la pena,
con este turbio deleite llamado primavera.
Por ella puedo apreciar ahora
el tierno abandono de la tarde.
Por ella ahora voy cantando
al puro abandono de tu cuerpo.
Tu cuerpo, conmovido, por tierra,
sustentado por la tierra de tal suerte
que si lo tomo en mis brazos
nada podría generosamente colmar la huella
dejada por su peso.
Oh primavera mía, solísima como la luz
en la fina cautividad de los árboles radiantes,
yo te miro vivir sin otra embriaguez ni
cántico de dicha
que los del Padre  sereno,
en el rescoldo tiernísimo de la Separación.


POEMAS DE MARIANO LEBRÓN SAVIÑÓN

Invocación a mi isla


Te llamo desde el bosque ardido de distancia
esperando una estrella de sed en mi horizonte.
Por tu hermosura salto, trópico enardecido,
por tu torso de estrellas, del sol y luna y mares.

Voy más allá del canto buscando tu sentido.
Pero quedas entero: pétalo, polen, fruto.
Creces como un estambre de esperanza
y en el ancho pistilo del mundo te agigantas.

Te busco desde lejos.  Te entregas como un árbol,
como una isla abierta en medio de un pantano,
como una fuente pura en aridez de rosas.

Te busco  desde lejos.  Enarcas tus dos manos
por la frente del hada, y sollozante y loco
aspiras tu perfume de amor entre los pinos.


POEMAS DE LUPO HERNÁNDEZ RUEDA

CRÓNICA DEL SUR


Es un territorio de ruidosa arena blanca.
Es un terreno seco, accidentado, abierto,
donde la sombra es una lanza agazapada
al pie de las oscuras bayahondas.

Allí abundan la sed y la indolencia.
Un mar de amplias orillas tropicales,
un sol tenaz, que hace sangrar las piedras;
la voz ágil del viento
que mueve el polvo fiero;
muchos ríos sin agua,
y unas escasas poblaciones distantes.

Las lomas son enormes dinosaurios sin vida.
El amor es violento como las mariposas.
El amor, ¿no es el amor
la tórtola que retoza en el viento,
los múltiples colores que traen las mariposas
cuando revolotean en el campo florido
del recuerdo? El amor
es la playa,
la costa alucinante,
el hombre desgarrado, sediento, de la aldea.

¿Sería posible acaso olvidar esta tierra,
mitad goce infinito, mitad tribulación?


La ventana

Esta ventana abierta,
¿por qué luce cansada y vigorosa también?
Recoge el polvo alzado en los caminos
y se recuesta dormida
sobre los hombros de la tarde.
¿Qué tiene, como yo, para morir
y ser nueva cada vez?
Esta ventana me hunde en el misterio
de donde salgo renovado.
¿Por qué tan tierna y callada y amorosa?
Me concita su aire centenario,
su arco griego, su madera;
el talle único, labrado, el ritmo de sus pasos con luces.
¿Sueño o arrobamiento? No sé.
Su mirada se extiende en el ocaso,
rieles que parten de sus ojos
y cortan mar y cielos,
y vuelven a su cuerpo encendido
que el tiempo desordena.
Esta ventana abierta hermosea las cosas
con su paciencia iluminada.


POEMAS DE VÍCTOR VILLEGAS

Antielegía


Acontece que puedo preguntar, igual
que cuando advierto la tranquila y reposada
prisa de las multitudes, y su lenguaje hablo,
entro a la madera que ilumina la casa
como entra el pariente que va a
curar la herida,
toco los utensilios, la ponchera y el gallo,
el tumor y la hernia del último difunto.
Puedo preguntar, pregunto, he preguntado
igual si hablo del ajo y la cebolla,
del racimo de plátano
de los grandes perros que cuidan
las casonas; del arroz
en los arrozales y las infinitas
plantaciones que con la soledad
ahorcan los polvorientos pueblos
de mi pequeño país.
Igual si mi lenguaje es el del
agua del pozo de José,
de la que lava seda ajena,
del pescador y el camionero, y
pocos no lo entienden;
si es el de la que pare y abandona
el hijo en los zaguanes,
el de las romerías,
el que denuncia el crimen, los tiranos
del trópico y sus cómplices, y
pocos no lo entienden.


Somos una muchedumbre

No, Simeón, no humedezcas tus párpados,
ésa es la realidad, tu realidad. Vuelve
los ojos a ese angustioso panorama,
no vaciles, enciende tu pecho y tu ira contra los culpables,
enciéndelos junto a mí que somos los muchos,
los justicieros.
 (…)
Si, es cierto, somos la muchedumbre.
Vivimos muy lejos de la luz, de los palacios,
de las fiestas galantes, de los perfumes.
No hay conciertos para nuestros oídos,
no hay salones para nuestros bailes,
no hay canchas ni hay piscinas,
ni siquiera hay para nosotros
una muerte ilustre,
porque para eso somos los muchos.(…)
Los muchos, henos aquí,
distintos a los pocos, bajo este cielo igual,
bajo esta lluvia igual,
sobre esta tierra única.
Y sin embargo, ay, somos el alimento de las chimeneas,
la materia de la producción
y el alma de las ganaderías,
somos el viento, el polen,
el aire puro y la azucena.


POEMAS DE MANUEL MORA SERRANO

CANTO A LA MUJER NEGRA


¡Mujer desnuda, mujer negra!
Yo canto tu belleza fugaz, que se fija en lo eterno.
(Mujer Negra)
Leopold Sedar Senghor

¿Comprendéis a Etnaí? No es la criolla
sierva del hombre y del amante esclava
¡es la reina de Saba que domina
al más sabio de todos los monarcas!
Nutren su corazón dignas virtudes,
su ideal es la pura democracia.
¡Poetas, saludad la joven negra
oriunda de las castas africanas!
(A Etnaí)
José Joaquín Pérez

1
De la suave untura de la savia están hechas tus carnes, mujer negra.
Mujer que compendias la tierra en el brusco aroma de tus muslos,
en la redención erecta de tus senos, en la juntura de tus brazos.
Mujer negra, solitaria en el mundo junto a muros de odios,
aquí tendida y entregada eres la paz ansiada de las patrias,
por cuanto sepultura eres de toda angustia.
Porque nada hay más imponente que la mirada roja de tus ojos,
que la llameante mirada del deseo brotando por tus ojos.
Hermosa que eres mujer negra, hermosa que eres.
Mediodía condensado en la canela, en el anís del sexo.
Cimarrona mía, cimarrona mía, cimarrona mía.

Piensas, y es el mundo que pasa por tu cabeza taciturna,
es el mundo que pasa por tus ojeras tibias.
Recostado en tu vientre oigo los tambores antiguos,
aquellos que decían en la selva nuestra ya perdida
que la sangre del negro es musical y dulce.
Hermosa que eres mujer negra, hermosa que eres.
Mediodía condensado en la canela, en el anís del sexo.
Cimarrona mía, cimarrona mía, cimarrona mía.

2

El sufrimiento, el látigo sobre la espalda escaldada
de miles y miles de generaciones, está en tu cuerpo,
por eso galopamos mi sangre y tú por caminos iguales,
por caminos que son, como el deseo, rutas malditas.
Mujer negra, mujer sola en mis brazos junto a la noche,
la noche que viene de la noche honda de tu sexo fecundo,
trayendo la sonrisa cocal del futuro hijo,
del negrito que alumbrará la tierra con sus dientes.
Hermosa que eres, mujer negra, hermosa que eres,
mediodía condensado en la canela, en el anís del sexo.
Cimarrona mía, cimarrona mía, cimarrona mía.
Porque eres hermosa como la tierra cuando sus mangos la pueblan,
cuando sus cajuiles pintan las mejillas de las sierras,
porque tus labios, mangos de mi África recóndita,
son carnosos y dulces como tus dientes en el beso
como huesos de la fruta del cocotero, relucientes.
Te sonríes, y el mundo entero tiene gracia.
Lloras, bajas los ojos y el océano penetra con su amargor.
Y es que no eres del mar sino del río,
del charco hondo donde braceo perdido entre tus brazos.
Hermosa que eres mujer negra, hermosa que eres.
Mediodía condensado en la canela, en el anís del sexo.
Cimarrona mía, cimarrona mía, cimarrona mía.

3

Paso las manos por tus caderas, voy al sur de tu occipucio
y el mapa de África late bajo mis manos,
siento los ríos crecer, madurar el mijo,
estirar sus largas patas el Níger undoso
para apresar los flamencos rosas.
Hipopótamo que sueña en la laguna verde,
cebra que cabriolea, león que abre su jeta enorme
es tu sexo, mujer negra.
Dame la vida y la salud de tu piel suave,
de tu lustrosa piel teñida de misterios.
Hermosa que eres mujer negra, hermosa que eres.
Mediodía condensado en la canela, en el anís del sexo.
Cimarrona mía, cimarrona mía, cimarrona mía.

Dame la azúcar parda de tu lengua, culebra viva,
cíñeme entre tus senos cálidos, mujer negra.
Con la suave untura de la savia virgen
mujer hecha de bijas y leche de cabras,
mujer medianoche, mediodía, crepúsculo sombrío,
dame la libertad que falta al mundo
y que late en tu vientre con espasmos terribles,
ahora que soy la cruz de la vida sobre tu cuerpo en cruz,
cuando tus ojos buscan las grutas ancestrales
para darme la luz del placer para iluminar  mi vida.
Hermosa que eres mujer negra, hermosa que eres.
Mediodía condensado en la canela, en el anís del sexo.
Cimarrona mía, cimarrona mía, cimarrona mía.

4

Vuelvo a palpar tus carnes tamboreras más allá de la muerte.
Vuelvo a encontrar bajo mi tacto tibio, tus dominios oscuros.
Me encuentro en los orígenes del mundo cuando te toco,
en las fronteras que hacen estallar al día sobre la tierra,
ahora que sonríes y estás entre las parcelas del instinto
como una bestia maniatada en sedas, regresando.
Hermosa que eres mujer negra, hermosa que eres.
Mediodía condensado en la canela, en el anís del sexo.
Cimarrona mía, cimarrona mía, cimarrona mía.

Mujer negra, betún de melancolía, botón de la tristeza,
aroma mi frente parda con tus manos santiguadoras
y dame en el beso cálido, en el besobeso de los labios gruesos
la dimensión total de la alegría,
la profunda y betúnica melancolía
que hace que el negro muera de tristeza.
Mujer negra, mujer plena, absoluta carne hermosa,
navego por tu cuerpo, galopo por tus praderas,
voy de árbol a árbol por tu selva
embriagado de ti y de libertad,
porque sé que en verdad, en ti está la libertad,
que sólo en ti está la libertad
que aprendí en mis correrías de cimarrón.
Hermosa que eres mujer negra, hermosa que eres.
Mediodía condensado en la canela, en el anís del sexo.
Cimarrona mía, cimarrona mía, cimarrona mía.
Cimarrona mía, cimarrona mía, cimarrona mía.


GÉNESIS DE LOS MULATOS

Y Yelidá estaba inerme entre los trapos
con su torpeza jugosa de raíz de sueño
pero empezó a crecer con lentitud de espiga
negra un día sí y otro no
blanca los otros
(Yelidá)

Tomás Hernández Franco

 De blanco y negro, inexplicable engendro,
sublime, cuando quiere o enamora,
insaciable en sus iras como el tigre,
apacible en su amor como paloma.


(La Mulata)
Francisco Muñoz del Monte

1
Entonces los mulatos hicimos el mundo a nuestra semejanza:
Hicimos de azúcar parda las noches de luna llena,
llenamos de piel, de nuestra verdadera piel, los hondos ríos,
fabricamos con soles tiznados los ojos de nuestras mozas,
pusimos azucenas y claveles en sus labios y en sus bocas,
con tierra, con tierra de cacaotales centenarios,
con tierra prieta y virgen, olorosa a sueños, hicimos sus carnes,
con hebras perfumadas de raíces de pachulíes adornamos sus
                                                                                         /sexos
y de auyamas insomnes poblamos las colinas de sus senos;
con pringues de bija y leche hicimos los ombligos de nuestras
                                                                                      /mozas
ah... no quedaron robles firmes cuando construimos sus muslos,
y con olivares lejanos y flamboyanes de África
con aceite de  cocos  y misterio de selvas
hicimos nuestros rostros, el esplendor moreno de los rostros.

2

Cuando lo mulatos hicimos el mundo a nuestra semejanza
mezclamos al día y a la noche en un mortero de sueños,
machacamos al día y a la noche, día y noche majamos
y así hicimos los cuerpos del color de Yelidá.
Con la más límpida materia del día hicimos las almas
y con materia fresca de lunas llenas, los cuerpos.

3

Cuando los mulatos hicimos el mundo a nuestra semejanza
dijimos primero: Sea el ron. Y fue el ron
y vimos que era bueno, y bebimos.
Dijimos después, sea el ron como una culebra de fuego
y fue el ron como una culebra de fuego para el amor
y fue la noche del amor mulato como el ron, alucinante,
y fue la noche del amor de los mulatos como el ron, ardiente,
y dijimos entonces, sea la noche del amor mulato
y fue la hembra mulata como una culebra de fuego
y fue el macho mulato como un caimán insaciable y sensual.
Y cuando vimos que la noche del amor de los mulatos era buena,
dijimos, sea la noche del amor de los mulatos terrible y agotadora.

4

Cuando los mulatos hicimos el mundo a nuestra semejanza
Decidimos que debíamos bendecir  al sexo.
Dijimos: Sea el sexo de la hembra mulata como la noche,
                                                                          /insaciable,
sea el sexo de la hembra mulata como la noche de bija y leche
y mane esencias de claveles y azucenas bajo la uva de su ombligo.
Y así fue el sexo de la hembra mulata: substancioso.
Y dijimos: bendito sea el sexo de la hembra mulata
porque es incansable, insaciable e insondable
como la noche de bija y leche bajo la uva de su ombligo.
Y dijimos entonces, de él baje la gloria física como fiebre eterna
y fue bendito bajo las noches de bija y leche.


5
Cuando los mulatos hicimos el mundo a nuestra semejanza
y vimos que era bueno y deseable, dijimos:
que la carne del mulato queme la carne blanca bajo las noches,
que sea sol en las noches sobre la mañana en sábanas de la mujer
                                                                                          / blanca
y dijimos: ame el mulato la piel blanca entregada y sea su señor,
en ella se enseñoree como rey en la noche, como rey en el día
y sea así sobre la piel sin color, sobre la piel sin pigmento
y que sea ají, pimienta y sudor, calor y fuego sobre la hembra
                                                                                   /blanca.
Dijimos: ame el blanco a la hembra mulata,
encuentre en ella un misterio interminable y sea su esclavo:
por ella robe, mate y pierda el sueño y las fuerzas.

6

Cuando los mulatos hicimos el mundo a nuestra semejanza
dijimos, por cuanto de la hembra negra nos viene la astucia de
                                                                                           /amar,
y del macho negro trajimos la fuerza y la sabiduría para amar,
sea el mulato dulce sobre la piel nocturna y exista la armonía
y las islas de los cocoteros duerman sobre el continente de los
                                                                                     /negros
por cuanto son bellos y puros, ingenuos y exaltados.
Y así todo fue hecho, como nosotros dijimos y quisimos,
al conjuro de tambores y violines, atabales y flautas,
porque sólo el mulato que es materia diurna y nocturna, piel de
                                                                                      /Yelidá,
puede ser señor y dirimir conflictos entre el negro-negro
y el blanco-blanco, porque nosotros, los mulatos, su fruto somos,
su engendro somos en verdad, y en verdad sea dicho:
somos la mezcla perfecta y duradera. Dioses somos.
Por eso hicimos los mulatos el mundo a nuestra semejanza.



POEMAS DE FREDDY BRETÓN

SAMARITANA


Cargada de agua inútil
 satisfecha
junto a la corriente se sienta la sed.
El manantial
con las plantas maltrechas
le pide de beber.
‘‘¿Cómo tú, siendo un pozo
me pides de beber?”
Y ella no comprende
que el pozo va sediento de su sed.
Cuando me dio de su agua
por los aires volé
dejé olvidado el cántaro
mil sedientos busqué.
Y ahora voy sedienta de su sed.


LA CENA

A la mesa del mundo
se ha sentado el Maestro
rodeado de los suyos
los suyos que son nuestros:
                                                     la piedra,
el polvo,
                              el trueno,
los corderos y el lobo.
Entre mar y montañas
por manteles, el prado.
Y a la luz de sus ojos
el pan grande  y dorado,
 y el amor entre todos.


CANCIÓN DE HOY PARA MAÑANA

Ahora es el mañana.
Mira, si no, los resplandores como surgen:
como bandadas de sueños se levantan
multiplicándose en los prismas diminutos del rocío.
Ahora es el mañana,
justo ahora.
Aferra bien tus manos a la esperanza nueva
a la aurora que nace de luz no anochecida.
Suelta tu corazón
que vuele alto
sin que le falte el compás de su latido
a la tierra que pisas
o a la materia que se transforma entre sus dedos.
Levanta el pie
que no es hora de piedras ni de batir el fango.


ORACIÓN PARA PEDIR INCENDIO

Incéndiame de amor, te lo suplico.
No quiero arder con llama pasajera.
Arda mi corazón -mi pobre casa:
quiero oírlo crepitar cual pino viejo.
Quema tanta basura,
la escoria que amontono en mis adentros.
Quisiera levantarme renovado
sin los viejos temores que aposento.
No quede en pie madero alguno:
lo quiero todo calcinado.
Vuelen ardientes las astillas
de mis antiguos sueños
de leyes torpes que dictó el pasado.
Quiero que estalle todo,
que reviente hasta el último cimiento
y que así pueda volver aprisa
a la nada que me regale el fuego.
Y cuando se hayan dispersado mis cenizas
y del viento no cuelgue ni el olvido,
¡que hablen las mil bocas de la piedra!
¡Que se levante la pared bruñida!


GIRASOL

Gira, girasol
en el cuadrante infinito de tus rumbos
sin calcular los grados ni las horas
muévete en la precisa dirección
de los mil vientos.
No te desveles por saber
si el ecuador está cerca o está lejos:
ignora meridianos, disloca paralelos.
Que nadie te señale nortes:
invéntate tus puntos cardinales.
Busca la luz y gira:
por cada rayo un sueño
un latido por partícula de luz.
Abre tus poros
y deja que ella invada tus caminos
que asalte tus meandros
que muerda y aniquile tus tinieblas.
Corra transfigurada tu savia bienherida.
Abre tus pétalos y gira.
Prodiga claridades
reparte a manos llenas el oro de tus soles.


HACIA LA FIESTA

Padre de la armonía:
yo sé bien que tu voz divaga por el mundo.
Te canta suavemente la brisa en los pinares,
o en los vientos que rozan las rocas de la altura.
Padre del Universo,
del que soy parte mínima:
preste yo mi voz a tus cantares,
como lo hace la fuente o el arroyo en las piedras;
que no sólo a las aves les fue encomendado
cantar tus maravillas.
Sea todo mi ser el instrumento
en que hagas resonar tus melodías.


TORMENTA

Tiempo claro, Señor
pero en mi alma
se aprestan las señales de tormenta.
No te duermas, mi Dios,
mira que traigo las velas rotas
y el timón anda un poco descompuesto.
Ay Señor
que atizas tu sol desde tan lejos
para que yo tenga el calor
sin el que muero.
Ay Señor
que pones ante mí el ave en vuelo,
con la que sueño,
y haces crecer y dar el fruto al árbol bueno.
Ay Señor
que viajas en la luz
y hasta el confín cobras tributo;
eres fulgor, amor en pleno,
y hostil, a veces te pago como un bruto.


ESA MUCHACHA

Esa muchacha, Señor
que tú creaste,
caoba recia que talló
tu mano diestra
no torcerá el designio
con que tú me marcaste.
Esa muchacha en flor
-fragancia indiscutida-
no variará el trayecto
del pulso en su latido.
Su voz me conmovió;
por un momento vi
el asalto a mis dominios.
Pero aspiro a otra flor
de hálito infinito
y por ella contengo
mi voz y mis sentidos.
Mi ruta seguirá
como tú la has trazado.
No la habrá de nublar
una nube huidiza
ni la habrá de quebrar
lo que muere en la brisa.


POEMAS DE TULIO CORDERO

ESTA SED


Si es cierto
que en este manantial
has de venir a encontrarme
entonces date prisa
Cántaro no tengo y me dan miedo
estos montes inhóspitos
y estas bestias hambrientas
Tú sabes que yo sé
de muchos pozos
 pero ignoraba el tuyo
Ven que mis manos se abrasan
y esta sed se hace honda
Esta sed no se calma


Pródigo

Es porque a veces te olvido
que me sabe a vacío el instante.
Me palpo polvo
 sin el hálito preciso,
bestia feroz o gorrión frágil.
Carencia envilecida o nada galopante.
Tú,
te haces el que no ve ni nada sabe.
Y yo,
 abismado a tu semblante riente,
me veo como Tú eres.
Y vuelvo a ser el lirio que se abre.

Grato Escozor

Pero había en mi corazón
Algo así como fuego ardiente…
Y aunque yo trabajaba por ahogarlo, no podía.
(Jeremías 20,9)

No cesas de insistir
a pesar de tu ausencia.
-Las cosas revelan lo que son
al lado de tus sombras-.
Cruje la hojita seca
que el viento manso arrastra
y balbuce algo de Ti
 que no alcanzo a descifrar.
-Hay dolores suaves y dulces
que no te dejan sestear la vida,
cosas de las que tu no puedes despojarte
con tan sólo un conjuro.
Te vuelves en el envés del pétalo
y eclipsa con agitado aroma mi retina.
-Ya te dije una vez que, en cierto modo,
es mejor tenerte lejos.
Por Ti en mí palpita esencialmente todo:
Los colores seductores de tu ausencia.
Los rumores enloquecedores de tus pasos.
Los interludios de los que se desangran sin razón.
Y si, como de costumbre,
 vuelvo a tu pecho,
entonces mis manos se hacen mansas.
Me das lo que no daña y espantas mis letargos.
¡Ah, es tan molesto
estar despierto!


Ascesis

Piedras desnudas de los riscos.
Árboles videntes.
Ríos orantes y cigarras roncas.
Musgos asidos a un ábrego de muerte.
Luna escondida.
Flautas y vihuelas de noches secretas.
Chatarras mudas.
Cantos y visiones luminosas.
Musgos, flautas, riscos, lunas.
Y mansa calma, cortina gris
de detrás de lo asible…
Callad de una vez por todas,
o hablad y explicadme.
O tal vez salvadme
de esta sombra feroz,
de esta sustancia abismal,
de estos ríos traviesos
en donde las bestias
con ángeles de fuego
 danzan.


ENCUENTRO

Admito
que han habido tardes turbadas
por crepúsculos ausentes.
Que una voz tosca
 ha herido tantas veces
estos capullos palabreros.
Que aquella mano violenta
-que impuso el silencio a mi hermano-
hizo que el pabilo de nuestra lámpara
temblara de frío.
Y que tanto dolor,
tanto quejido inocente
han amenazado
con secar mi última lágrima.
Pero llegaste…
(te juro que no estaba en acecho
cuando cruzaste el umbral de mi mirada)
…y sonrió de nuevo la tarde.
Se irguió la palabra vulnerada.
Y los ojos de mi niño
despertaron albeados
como mañana en gracia.
Y otra lágrima gozosa anegó estos sueños.
Por favor,
permanece aquí.
Lo deseo ardientemente.


A veces la noche y sus espejos

Sobre el pináculo de este día
cuelga su halo el azul.
Se postra.
Todas las gotas de agua
en mil fuentes salpican.
Y el miedo se repliega.
¿Eres Tú que te acercas?
Tarde la vida en esta esquina bosteza.
Y tiembla la llama azul de la vela en la mesa.
¿Eres Tú que te asomas?
Espejo que son los vientos…
jadea la brisa y se espanta.
¡Tardaste tanto! ¡Tardaste tanto!
Un ángel duerme en la puerta
 que nadie toca.
Espera. Dime,
¿eres Tú que bienes a buscarme?
Pura como piedra en el arroyo va la noche.
A medio vestir la luna calla.
Grillos se despiertan.
Viento zarandea puertas que no abre.
Viento alguna flor desnuda.
Canto de cristal la noche es.
Cada cosa está en el mismo lugar
donde la dejara el viento.
Duerme la noche.
(Era necesaria esta
quietud para despertar los sueños).
Espera la luna que esa nube pase
para acercar su lumbre
y desnudar bosques donde ya nadie va.
Luz espera para reunir los pétalos
que el viento nocturno ha de dispersar.


Poema 8

Agua que albea mi pecho,
Tu voz.
Fuego que se deslíe sobre el mar,
Tu aliento.
Flor que acaricia el oído de esta noche,
Tu mirada.
Bates cabe mí tus alas y respiro.
Y si estoy aquí
-después de temblar
toda una noche en el acantilado-
es porque sé que me amas.
Ya no puedo ocultarte más
el sendero que lleva a mi morada.


POEMAS DE JOSÉ FRANK ROSARIO

QUISE ARDER AÚN MÁS


Quise arder aún más
en el estallido
de Su ser omnipotente,
deshacerme en frenética dulzura
a Sus pies,
con lágrimas de amor que me valieran
estar en Su presencia…
Como un címbalo que tañese desde arriba
me fue alzando la quietud. Paz meridiana
que por exacta
ennoblecía mis huesos
y hacía infinita mi finitud
de hombre. Y fue de nuevo la voz:
"Carne abatida, ¿qué ves?"
"Señor, no puedo abrir mis ojos…"
"No debes abrirlos. Mira tan solo…"
Y miré.
Vi descolgarse el alba primera
como un sueño de agualuna: a mis pies
un río de inocencia absoluta
corría en parpadeo tierno
de estrellas diurnas. Entretejía
su zigzag sobre piedras esmeraldas
bajo el ala tierna del aire. Y más ríos y riachuelos
y la inmensa llanura verde y sobre el fondo
los bosques y el sol detrás de las montañas emergiendo
del Ser y su distancia. Todo intocado.
"Voz desmayada, ¿qué sientes?"
"Me arrebata lo que veo…"
Fue entonces cuando la luz iridiscente de Su gloria
empezó a anegar todos los espacios
transformándolos en auroras repetidas
por todos los rincones ¡Qué pálido el paisaje primero
 ante esta luz extrema  fosforada completa!
¡Cómo no sumergirme y morir en ese albor
que todo lo traspasaba!
Y oí la voz suave hasta el exceso y sonreída:
"¿Entiendes ahora?"
"Entiendo, pero no entiendo…"
"Que eso te baste. No has visto
con tus ojos, no has sentido
con tu carne, ¿qué esperabas?"
"¿Por qué perece la materia en su espejismo
si ha sido en su gracia
tocada por Tu hermosura?"
"Ese paisaje de la tierra
que te ata y que te enferma
no es más que el resplandor
de mi esplendor. Es la huella
de mis pasos, simple oficio de mis manos…"
"Aún así es pura su belleza…"
"No podía ser de otra manera.
La belleza infinita
crea rasgos de hermosura en su paso
por las cosas…"
"¡Pero no son la Hermosura!"
"Ahora comprendes…"
"No sé cómo, pero entiendo…"
"Porque estás viendo con el corazón.
 Ahora puedes ver lo intangible, la verdad…"
"¿La verdad?"
"Si, la verdad. Ella es más fuerte que el amor…"
"No es posible…"
"Sí es posible.
Sin la verdad todo lo demás
se hace inauténtico. Hasta el amor.
Soy la verdad…"
'Y el camino y la vida… Pero la razón del amor…"
"El amor es lo más fugaz entre todo lo que pasa.
¿A dónde irá a parar tu amor por las cosas
cuando esas cosas ya no estén? El amor
ha de servir para amar la verdad. Así se ata
a lo que se mantiene indefectible
como sentido y dirección. Debes aprender
a leer mi paso por la tierra…"
"Te han revestido tanto con palabras,
te confunden tanto con la imagen…
Lo único que nos queda es tu Metáfora…"
"Me conduce la elocuencia,
pero el hombre solo entiende de palabras…
 Elegí ese camino: la palabra me desnuda…"
"La palabra, sin embargo, es inasible…"
"La mía, no es simple palabra, es Verbo, es acción.
Lo que hace y lo que se hace,
lo que atrae y revierte
lo que une y separa. Es visión de la visión…"
"Visión que permanece
en la penumbra de la carne,
atada a la caducidad
que no termina. ¿Por qué
unir la transparencia sin orillas
a lo pervertido sin remedio de la carne?"
"Hay blancura inmaculada
en ciertas flores que se mecen
dentro de pútridos pantanos…
…la palabra fue misión
de levantar desde la nada.
¿No es más loable la acción de rescatar
cuando lo caído está en el fondo
último del desatino?
 La verdad no puede no amar
si es fiel a sí misma. Eso he buscado,
amor. Es lo que he dado,
aunque recorra los caminos de la vida
disfrazado de perdón…"
"Te has unido a la carne
irremediablemente
y no hay quien te desate. El hombre es
tu palo de martirio…"
"Así lo he querido. El amor es la flecha
que dispara el arco.
Te trasciende. Quien está en el amor está en mí…"
"Es nuestra certeza. Pero tanto dolor
y terror sobre la tierra…"
"He conocido el dolor mejor
que nadie. He sido también
en la visión.  He probado el acíbar,
la sed y el vinagre,
la oscuridad, la incomprensión,
el terror de ser solo
en el abandono absoluto de una cruz…
y el extravío
en la anonadación sin salida
cuando verdaderamente era el todo.
El poderío total
se quebró en un segundo y me hice
completamente hombre…
carne abatida, mira,
¿qué ves?
"Una moneda…"
"Dos superficies de correspondiente
igualdad y a la vez distintas
unidas por un borde
que separa y que no existe."
"Explícame, Señor, para que entienda…"
"Somos tú y yo. La visión
y cada hombre. La visión
en sí misma, puesto que se rompieron
los límites. Lo infinito y la materia…
doblegado sobre mí mismo
acogí lo que se acaba…"
"Te arrastraron a la locura
de la muerte…"
"A la locura del amor… si sigues
el rastro de la sangre
podrás descifrar mi paso
por la historia…"
Oscuridad total en medio de la luz
que se renueva.
Los ángeles elevan en sus voces
un cántico que crispa la carne. El cielo
con sus mil moradas se estremece. Saltan
se desbordan los serafines golpeando
con sus pies de terso mármol
el suelo de nubes. Palmadas. Júbilo.
Espejos o diamantes: luces que tiemblan
se resuelven en destellos que ciegan.
Y el humo que sube  olor a incienso
 intenso  desnudo  desquiciante
que enajena   que enloquece
 que transporta…


POEMAS DE PEDRO JOSÉ GRIS

ODA AL PADRE


Del vaho de la tierra palpitante de noche
asciende vaporoso jugo letal
de angustia
y turba mi cabeza,
en su origen de sangre primigenia,
esa extensión inmensa de sangre y de criaturas
subterráneas…
El gris, acerado sentimiento, me obliga
a entrar al agua
a refrescar un poco la existencia.
En un baño de espadas disueltas
en luna líquida y en agua
he empezado a nacer de nuevo
desnudo en la sal,
 en la consumación de la blancura.
La vida se vierte meditabunda,
 se pierde, se perfuma, se embriaga…
La noche es un aroma de muy viejos rosales
y un viento muy sabio de adolescentes labios
que besan, que besan, que besan…
La tarde, simplemente, se hace olvido…

El mar, el mar, el Padre de estos seres,
impasible y orgánico enciende misterioso
sucesivo alborozo de silencio…
Nada más que vivir la vida se presiente…
La tarde lentamente nos suma a su memoria,
es decir, a su luz, a su música, a sus rosas…
Y más allá del tiempo,
 de la sucesión misteriosa del oleaje,
la eternidad resplandece en su hondura intangible!

¡Hacia Ti convergen la inmediatez del tiempo,
la agonía del agua, el soplo de la luz
en la nada perfecta,
más allá de la forma y de la belleza!
¡Epifanía pura de cristales de instantes!
¡Marejada del Uno mágico
 y derramado en cristales eternos!      
¡Oleaje esencial sin distancia, sin tiempo!
Oh Mar, oh Padre de los Siglos,
Padre de estos seres vibrantes
que ahora toco en mi dispersión,
en su fluir viviente,
en su latir cósmico.
¡Oh Mar, oh Padre mío,
 mío desde la noche, desde la sal,
desde la consumación de la blancura!
Oh dicha de este hijo en tus noches extrañas
desde que escuchan vuelos,
 donde el Padre medita
el abismo que acecha a todo hombre…
y desde su meditación se elevan truenos.

Oh Padre, sosegad la noche
 hasta hacerla imagen del pasado.
Oh Padre, sosegad esta visión
 de sangre que me abruma;
abre Tu inmensidad,
mira sangrar mi cuerpo
herido en tu dolor, en tu Belleza,
 ahogado en tu clarísima tristeza…
Oh vasta tumba azul donde los siglos mueren.


EL AZAR DEL SER

Empezar a subir
Alguien sufre
Alguien sufre
El Ser se abre a su posibilidad
sangrienta
a su agotado horizonte
El sufrimiento dispersa el Ser
lo abre al paraíso
todo el dolor es la apertura
(el dolor clausura el ser)
La apariencia es paisaje
donde el Ser es fuente de apariencias
El dolido lo involucran en espirales de llanto
¿Por qué llora lo que Es?
Ay, decidme, por qué la negación lo afirma
¿Acaso llora para escaparse?
Hacia dónde
Hacia qué
El horizonte se equiorigina
El Ser se lanza
 a su sangriento crepúsculo de llanto
Ahora toca arrepentirse
Decir sueño  sufro  soy
violentar la trama
donde una araña urde los confines
de velar  arrebatar
Si en el fondo la nostalgia funda el advenir
carente de toda furia
y triste sin sentido
el sentido se anula
hasta los tiempos
sido es
adveniente
El devenir es la gran apariencia del dolido
y el tiempo lo disgrega
el ser habita éxtasis
cubre donde todo azar en plenitud y jugo
la plenitud exige vacíos
ceñir la errancia
fornicar la muerte
la muerte desde el origen hasta el horizonte.


POEMAS DE CARMEN PÉREZ VALERIO

DANZA INFINITA


Te busco en unos pasos
que envejecen
en la danza infinita del viento
en el oleaje del Padre
donde están tus huellas
que ya no marcan el regreso.

HILANDO TU ROSTRO

Me sorprendo entre rocas
elevadas sobre voces
hilando Tu rostro
en la confusión
 y el delirio.
Emerjo en surcos y anocheceres
en el perdón que gravita
el viejo tronco suspendido
Espacio latente de olvido
por donde corre el éxtasis
y la espera.


EBRIA DE EXISTENCIA

El arpa se detiene en el rugir
de tus maderos.
Mis años olvidan el cántico
de tus sienes
que llenó las ánforas del viento
-rumor de vida, fluir del silencio-
Las amapolas proclaman
 Tu retorno
desangradas sobre la purísima
vestimenta
 que me arropa
ebrias de existencia.


CABALGANDO EL SUEÑO

Hay sueños en los ojos
de este mar
de esta arena que me desdibuja
Me abrazo a la humedad
Avanzo deshecha en espuma
en gotas derramadas
Soy mar
susurrado en coral
cabalgando el sueño
primigenio de la Luz

Retengo voces
en los contornos del caracol
y nacen lunas
-rostros antiguos,
 duendes hilando-
bajo este rumor cotidiano.


PRESENCIA

Una gota Te contiene
y me contiene.
Asida a la sombra
donde te has ido Oh mar
Su clamor me abarca
en eterna presencia.


CUMBRES DE AMAPOLA

Esa multitud que habito
me posee.
La vida brota en vértices.
Crezco y me diluyo en superficie
sin reconocerme.
No hay edad en estas rocas
Solo murallas sobre ella
-la ciudad-
Deshabitada
sin palabras.
Alguna huella me recuerda el camino
en Tu geografía inexplorada
Ascendiendo y descendiendo
cumbres de amapola.


EN VIGILIA

El río y la noche
cómplices anónimos de su muerte
me suman al tropel
aferrada al último recuerdo de la luz
En el temblor de los espejos
fluyo hacia el Alba
y permanezco en vigilia
Cuán lejos estoy de la mañana.


HACIA LA ESPIGA

Bajo el naranjo
hacia la espiga transita la luna
Lejano Verbo murmurado
en notas de cáliz
El amor permanece varado
en plenitud de siglo


POEMAS DE GUILLERMO PÉREZ CASTILLO

MAGDALENA Y EL POZO


Rondas, que era sombra todavía.
Atrapada, ardiente, esculpida.
Fisión de luz, tarda la calma.
El ánfora posada en el vacío.
El cántaro sediento en el deseo.
La sed de otra sed con la que andaba.


SAGRADA LLAMA

Dame tu luz, Amado, arbola este jardín
y déjame libar el cáliz, tu aposento sagrado,
la humedad de Tu pecho…

Desnúdame al amor. Colúmpiame a Tu ser.
Vivir quiero contigo esta pequeñez de muerte.

En tu alcoba de miel, baño de llamas,
lirios de lunas, mi huerto es un manto
desierto, cálido atardecer de cálices.
¿Por qué te vas?¿Por qué me dejas,
tangida soledad de brumas
en esta niebla solitaria y frágil?


Canto de piedra

Antes de que fueras tiempo
camino desandado encontró en Ti
la piedra su morada.


Transfiguración

Por la hendidura frágil
encendida
unos ojos finísimos de un céfiro
me entrampan,
me empozan en la pared.
Soy yo el que ocurre,
el que se disipa.
Sólo que no estaba y he vuelto.


Canto de Unción

Abierto hacia la luz sobre las aguas
está el loto en su quietud ungido.
Oh flor amada,
desde el lodo te yergues a lo celeste…


Loto

Entre rizos del agua,
laguna silente,
antro de oscuridad,
eludiendo la iniquidad del lodo,
emerges mística para besar la luz.


Imprecación

En éxtasis de luna,
óleo exorcizado sobre un cielo pastel,
el tambor habla a los dioses
y el agua cae.


Reedición

Transcribo del color esta intimidad:
la mariposa es un vuelo de la mirada.
Mis ojos divagan este rapto furtivo.
Es un lapsus de lo intangible
 esta sombra.


Canto de luz

Una gota de rocío
herida por la luz se agobia.
Muerta al fulgor
se exhuma en el espacio
en que encontró la llama.


Canto de sombra

Por donde anda un ciego
la estrella que se pierde,
el cristal que se apaga.
Hay una noche honda,
vacía como un eco,
una herida en la luz como una flor abierta.
Un espejo quebrado donde él solo se mira.


Canto iluminado

Donde un pájaro canta
hay una flor de luz,
un tambor que ha tañido
el corazón del mundo.
No hay otra voz
que pueda conjugar el silencio
en el espacio-eco de su canción dormida.
Un pájaro revierte la herida que lacera
la ausencia de una rosa.
Es un grito en la llama,
una lanza cegada de azules extensiones
donde un ángel reposa un aliento de nubes
que tuvo sus tinieblas.

POEMAS DE CARMEN COMPRÉS

PRIMERA LUZ


¡Siénteme aquí!
Donde los pájaros dejaron
el nombre primero de la luz
Ya es invierno
Descalzo vuélvete
¡Lánzate al precipicio!
Que a través de este júbilo
puedas salvar distancia
porque cerca está el cielo
Donde quieta la noche
amarte pueda todavía
Donde por alcanzarte
sentí crecer
temblor de gozo
en río de trinos
rodando por la vasta tierra.


SOMBRA LIGERA

Ah sombra del vuelo
Temida forma de lo oculto

Tus alas sobre mí despliegan
Lámpara clamorosa
que sordamente incendia
…que huye
Yo sufrí tu esplendor
en una larga procesión de goces.


HORA DE LA ALTA LUNA

No te asombra
la voz transfigurada de las aguas
Anuncian ola naciente
 los mares del delirio
Hora de la alta luna
vagarosa en paisajes
Manantial de sendas
 me incendian
aliento de luciérnagas.


POEMAS DE OFELIA BERRIDO

REVELACIÓN


Aquel día…
Aquel instante imposible de medir
experimenté la diafanidad
del Universo.

No vi Tu imagen
ni oí Tus palabras
pero te aprehendí.

En aquella luz nunca antes vislumbrada,
en aquella intensa claridad,
en aquella naturaleza en su esplendor
en aquella felicidad en la cual me convertí.
Aquel rapto de paz y de goce
me cerró las puertas de la duda
y me abrió el camino de la fe.


ILUMÍNAME

Luz blanca, diáfana y  pura,
luz que envuelve y santifica,
paz y vibración transformadora
Energía cósmica
divina energía dadora de vida
sálvame de esta oscuridad
de este sufrimiento que sitia el alma
Con tu rayo de fuego vivo
cura el corazón de los dolidos
y líbranos del yugo de la materia inerte
que ata y engaña como la mente.


El JARDÍN

Imagen de lo real
Visión sublime de lo eterno
Instante sagrado sin tiempo ni espacio
Me salvó de la locura
me liberó de la ignorancia
 y edificó mi fe.

Señales dolorosas
              
Me das señales dolorosas
y aquí estoy, rebelde,
 padeciendo esta aflicción
el entender no aminora mi sorpresa
el sentir tu Presencia no suprime mi temor.
Ahora que encuentro la paz
     me arrebatas todo
cuando por fin disfruto el mundo,
   lo pierdo por manojos
veo cómo la muerte asecha pasiva
y la encuentro en todas partes casi dormida
Recibo Tus señales
una y otra vez veo Tus huellas
y no sé que hacer…
Huyo despavorida
no me preparo para la muerte
sigo en este mundo de la forma
atada a las pequeñeces
Me niego a abandonar esta realidad
que asfixia y mata
y por cumplir con lo sagrado
sigo  aprisionada inmersa en esta nada
De espalda a la realidad inefable
me apego a esta experiencia
abandonar lo inacabado duele
y terminar nunca se puede
He  olvidado la preparación del viaje
y no sé hasta cuando ignorarlo puedo
pues por doquier recibo Tu llamado
La vida se ha tornado dulce y me niego a partir
pero Tú me reclamas, Padre
y siento tu forma de insistir
Siento que estás aquí, cerca
muy cerca y no sé porqué tiemblo
como la hoja última del invierno
que abatida por cualquier soplo
en un instante cae y perece
Es hora de cesar
de entregarme sin reservas
y descansar, como si fuera esta vida eterna.


UNO

Tú eres yo, y yo soy Tú
Flor violeta espigada y sutil
Estrella esplendorosa de blanca cola
que desde lo alto enciendes la aurora
Montaña nevada que viertes tus lágrimas
en el río radiante que a la llanura se asoma
Mar atrevido que abraza la arena
mientras el Sol majestuoso
se eleva para despertar al mundo
Cosmos infinito, casa de dioses,
inseparable energía,
interconexiones del Todo:
Somos Uno.


POEMAS DE LEOPOLDO MINAYA

Persistencia de la lluvia


Llueve. Llueve. Lo gris. La transparencia.
Las casas amorradas. Los cristales
empañados. El frío en los metales.
El recuerdo del vicio y la apetencia.

Llueve. Llueve. Golpea con insistencia
la gota en el tejado. Son rivales
acérrimos, son manos y atabales
disputándose cetro y preeminencia.

Otro ruido no llega. Otro sonido
diferente del sonido de la lluvia
no se acerca ni cuelga del oído.

Sólo la lluvia hurgando la vivencia
y un rum-rum interior. Sólo la lluvia
horadando mi techo y mi conciencia.


Humo, humanidad

Hablo del humo y hablo de lo humano,
hablando, en cada caso, por lo mismo:
la relación del pez sobre el abismo
se implica en la ecuación, si das la mano.

Va de intento: Timón cavó la gruta,
pues Pluto pareció y fue humillado…
¿No es a Pluto a quien buscan en tu prado?
Y perder a un amigo, ¿no te enluta?

Al cabo del vaivén, nada es eterno…
¿Y podremos decirlo los poetas
o decirlo el pintor con su paleta?
No todo es material, algo es eterno,

espíritu-espiral, volunta-criba,
desmembramiento humano que trasciende
siendo humo (no pesa y se comprende
su vocación de andarse siempre arriba).


Círculo

-Entonces el bronce rodó por la pendiente,
desenredando voces estridentes o apagadas.
En profusión formaron la noche de los tímpanos,
una a una contaron historias verdaderas.
Una tras otra, otra tras otra, otras tras otras,
manifestáronse mientras duraba la caída.
Porque aquel que era el cuarto en orden ascendente
o descendente, de los siete, saltó por el abismo.
su caída era lenta, interminable y en torno
de su alma giraban mordientes serafines:
por millares hilaban el blanco de sus ojos
y la música que ondeaba en libertad era sacra.
Y saltó. Se lanzaba al abismo sin fondo.
Y se dijo: “Acarreo lo bello y verdadero”.
Y en un tramo del viaje que duró largas noches
unió los dos puntos del cordón, formó un círculo,
comprendió que su viaje tenía un fin: el origen.

POEMAS DE TERESA ORTIZ

Lirio profundo


Sé pródigo en mí.
En las venturas
del dolor humano, la fortaleza;
valentía, en lo solitario.
Sin la negación, pastor de un día,
de tu Creación, obra maestra.
Soy de Ti en lo sosegado,
 en las enervantes agonías.
Que mis obnubilados se despierten
como las notas,
sobre las rectas,
descansando sobre los himnos,
en dulces notas
 de las sinalefas.


Árgol de luz

Suntuoso el árbol que muere
y no talado.
Al dejar su fosa húmeda, exquisita,
penetrar de la luz

como en las selvas, abonando
las tierras, sus raíces.
Así eres tú, un tronco diluido,
fértiles sus ramales, sensibles.

Mirar, en el glorificar del fruto,
algunas hojas a los pies crujientes,
mientras, en susurros las arboledas,
retoñando van entre los surcos.


El jardín

Escaparon aquellas mariposas
que a mi madreselva de triunfo, coronaron.
Al sentirlas menos íntimas,
intuí que los tañidos las habían acariciado.
Quise entonarles preludios
y ser nenúfar fuerte;
junto al tallo, sostener al débil.
En atavíos celestiales,
envueltos en tules y encajes
con sus mimosas, se replegaron.
Quise soñarles el cielo, en mi desvelo,
y del púrpura rosa,
cual orquídea eran mis lágrimas en deshielo…
Acariciándome el tallo
me dijo: “Volverán. Abonarán la tierra”.
En suspiro, vine ante el Santuario.
Al mirarme el Señor de rodillas:
“Elévate; recibe el consuelo”.
Hacia el cielo viene el día,
nenúfares, tallo, mariposas,
no entonarán jamás separados.


POEMAS DE JOSÉ ENRIQUE GARCÍA

Solo, casi solo,
 apoyado en esta puerta,
contemplo el mes de abril y revivo,
 a medida que mi alma se llena
 de mi infancia.
Mañana será viernes, quizás sábado,
cualquier día es justo para mirar las manos,
y pesar la palabra
y aquel que la pronuncia.

Conclusión
Yo que me creo un verdadero hombre,
no alcanzo a comprender tal comprensión,
pues miro los contornos y no encuentro
esos hechos que tal nombre afirma,
sigo creyendo aún viendo la duda,
mis alrededores casi desolados
me configuran el rostro,
me sujetan por dentro,
no sé de mi sospecha,
 fija avanza en las manos
pues piedra es mi condición de hombre,
si un día perdí tras de esta luz,
culpo a los pasados días,
también a aquellos ignotos antepasados
que se perdieron sin dejar un rastro,
soy más de lo que soy
 y nada soy
pues cuento y no llego
al último dedo de las manos;
sin embargo, este dolor de descifrarme
es suficiente para saberme hombre.


El último alfarero

Hay noches que quisiera un momento
 para mirar tranquilo lo que a diario hago,
sería justo que un buen día
 se detenga esta rueda y me vaya por la calle
como se van los hombres
después de los trabajos,
y entrar a una casa como lo hacen todos,
 y bañarme y cenar y leer algún callado libro,
y después ir al cine, al río, a la estación
a ver llegar los trenes
o a un lugar cualquiera donde la noche
 alcance su sombra más adulta,
y luego volver a caminar como lo hacen todos,
y entrar de nuevo a la casa
y dormir en compañía y amanecer dormido.

Con estas mis dos manos,
doy existencia a la existencia diaria,
aumento las predecesoras
 fechas de los otros,
soy el constructor, el último alfarero,
y como mis antiguos,
tomo de la tierra el barro cada día
y a los sueños les doy soñadas formas,
y a los días les multiplico su dolor.
Soy el último alfarero,
más no le cambio nada
a las construcciones de mis antepasados,
les prolongo sus orígenes,
 sus historias, sus fábulas y leyendas.
Hago todas las cosas de las sustancias vírgenes,
de la luz más lejana traigo los graves días
y como si fueran versos los pulo como puedo.

Teorema

En el silencio hay un espacio
 que no lo ocupa nada.
En el espacio
 está la nada
como un huésped perpetuo
 de la casa,
y más allá de la nada
y del espacio,
nosotros hacemos
el espacio y la nada.


POEMAS DE FARI ROSARIO

PALABRAS

Sólo sé murmurar palabras
en estrofas de silencio
en canciones olvidadas
bajo la noche sin tiempo.
Sólo sé murmurar palabras,
trueque de versos verticales
por el esplendor de las albas
por la plenitud de los ideales.
Yo sólo sé murmurar palabras
y en el acento de mi expresión,
la Palabra:
 Cristo.


RESURRECCIÓN
(Un instante antes)
Como la travesía del capullo
la noria azul desde el radio del árbol
traspasando el aliento
el hierro muerto   lacerado   quieto
y acrisolado en dulce pensamiento
por barrotes de espinas
bajo sinuosos trueques y cepos de ironías.
(Un instante después)
Rumor en la piedra  silencio en la sombra
viento en la tela  hallazgo en la caverna
utopía en los sentidos  anhelo en las horas
sigilo en las campanas  destello en el alba
candor en la mirada  es Tu resurrección
¡Resurrección!
¡El horizonte, el arpa y la canción!

Senderos indelebles
1
He perdido el rastro de las amapolas
por estas inhóspitas laderas de la borrasca.
2
Siento el abandono de las huellas
en los indelebles senderos del polvo.
Todo se me hace presencia en el agua que murmura
en las entrañas de las rocas  en el grito de la tierra
en el barro blando de este pecho
atravesado por un aliento devorador.
3
He perdido mi sombra
mientras buscaba mi cuerpo
en los soslayados relámpagos de la luz.

POEMAS DE VALENTÍN AMARO

EN LA FRÍA ESTACIÓN DEL PADRE


Desde la fría estación del barro
el ave rasga su memoria
te grita en el oscuro
de su eterna soledad
en el sórdido errar de sus alas
Ya un azar de lluvias terminó la errancia
el deambular agreste
su acoso innumerable
Padre,
sorprende a veces
la comodidad del cieno
el sufrible desdén de los ojos
la mano sin temblar
y la indoblegable columna
a pesar del polvo


HOY TE VI DESCENDER EN UNA LÁGRIMA

Hoy te vi descender en una lágrima
mientras los hombres morían de ausencias
Vino luego un batir de alas
y no paré el llamado de oscuros sollozos
Ahí estabas, Padre
inefable y prístino
inescrutable
Entonces vi mis ojos en tus ojos
y fue más alto el grito,
era la carga heredada de siglos
-turbio misterio de irredentas presencias-
No hubo palabra
sólo Tu mano aferrando mi frente
y así dormí
volviendo luego a la vida


EN LAS AGUAS

“Déjame seguir parasitando
en tu costado abierto hasta el alba más alba”
(Loyola)
Dudas y sombras en la Senda Angosta
asidos a tus vestiduras
con la mirada cansada en tu mirada
Ladeados por el viento andamos
mi Dios
en esta tierra de muertos
que entierran a sus muertos
Y en el silencio
de las noches ebrias
la pregunta eterna
como gota de agua en la piedra
como el mar sobre los arrecifes
Señor, ¿a quién iremos?

ESPERANDO

Señor
aquí otra vez
los anfibios de tu ancha pecera
Si,
otra vez caminando
los errantes soñadores
recogiendo el polvo
de los días largos
y las noches sin fin
Otra vez,
Los escuálidos saltamontes
las hormigas ansiosas
un poquito menor que tus ángeles
en tu solitario bosque
Pero aquí, Señor!
esperándote
mil preguntas en los bolsillos
y  las sombras de las dudas
a cuestas


DESTIERRO

A la memoria del gran poeta dominicano
Franklin Mieses Burgos
 
Desplomándose
un ángel

El mar
vidente errante
presagia los tiempos
De la sal alguien en la fría vorágine
en la incertidumbre de las lilas
eleva cantos tristes

Huir quiere
pero golpea su miedo el arrecife
un coral sus duras trenzas

El ángel se duerme
se sabe solo, vacío, derrotado, perdido
Y allá, indiferente
alguien sigue cantado coros tristes…


POEMAS DE ROBERTO JOSÉ ADAMES

PLEGARIA INFINITA


Desde mis sentidos hasta la Palabra
peces antiguos danzan su extravío
y entre puertas derretidas
emergen llantos
desde cada rincón
y un río que se bebe su encanto
 y espejos y espadas
 y un remar de breas
en retorno hacia el círculo
y justo allí detrás del musgo
agazapándose la nada o la vergüenza.


LA NOCHE

La noche
                             un pájaro
en un ala el horizonte
en la otra
                            el vuelo:
gimnástico movimiento
 del azar.

En mis pasos
 se han roto los espejos
y al pisar la tierra
la noche se ha vuelto eternidad.


POEMA

Mi indivisible eternidad
es interrogada por el umbral
de un espejo líquido
Y líquido es el Verbo
y líquidas
 las aguas
donde aleteaba
 Su nombre.


POEMAS DE ÁNGEL RIVERA JULIAO

SIMBLÉRESIS DE LA NOCHE(*)


La tarde cuece un pan oscuro
con levadura de sombras
al fuego del ocaso.

Resina de nubes,
cáscara de niebla, velos de rocío,
negra, muy negra, la noche viene.
Olor a incienso y almizcle
 trae la neblina.
Hogueras pequeñitas encienden las luciérnagas
y el verde se vuelve gris entre las hojas.
Un vino de estrellas empieza a llenar
 las copas de los lirios.

Es la noche. La honda noche
que no alcanzan a descifrar mis ojos.
La noche inmensa que se desborda
esparciendo sus cenizas
 hasta formar un manto.
La espesa noche cóncava y azul,
 mansa y podrida,
 cerca y distante.

La noche, sombra del día,
la que se muerde a sí misma en su negror
y en su densa vastedad se pierde.
La gran noche a los pies del mundo,
gemido y bostezo de la tierra en su sopor.
Alfombra de hollín y humo,
polvo de los días que pasan,
sublimación del sueño de las cosas.
Noche derramada en haces de miedo,
en pétalos de cuarzo,
 constelación de anís.
Pero nunca,
 nunca tan oscura ni tan gris
como este dolor que a mi ser desnace.


*Simbléresis, ‘estremecimiento lírico bajo una conmoción espiritual’, término acuñado por el poeta dominicano Ángel Rivera Juliao y definido por el filólogo dominicano Bruno Rosario Candelier.

VIAJE HACIA LA LUZ

Voy a mis laberintos de cal y sangre
donde húmedas claridades horadan imágenes
buscando las formas donde asirse.

Navegando los espejos,
quebrantando soledades y tedios
hilvanan risas en la pared del llanto
para que sean lámparas los ojos,
una fiesta de luciérnagas el sueño,
 un despertar la muerte.

Me retiro a estas claridades
donde la luz atrapa las presencias,
el silencio se desnuda
 en la contemplación del alma
 y regresa a la esencia del origen.

Entonces polvo,
reconozco definido en mis huesos
Tu olor a tiempo,
 Tu rastro vivo en la heredad de la carne,
en las cenizas del barro,
 en las formas imprecisas de la nada.

 En estas claridades de ángeles inquietos
el dolor es apenas una oscura semilla
en los surcos abiertos de la carne.
Toda sombra es un olvido de la luz,
la imposible negación de las presencias,
el inexacto silencio,
la insondable soledad del misterio.
Enciendo mis lámparas adentro
como se incendian los espejos ante los cuerpos.

HUÉSPED PRIMIGENIO

No estoy solo.
Alguien hilvana silencios
en la rueca de mis carnes.
Puebla de alas y luciérnagas
mis manos,
me incendia de ternuras,
borda de mariposas mis sentidos.

Vuela en el espacio de mi sangre.
Siento en mis deseos su temblor de ave,
su aliento cósmico florecido
y la llama de sus ojos apagados.

Alguien me viste de rosas desnudas
y en las noches difíciles
ostenta una lámpara encendida.
Es una huésped primigenio
 de angelical arboladura.
Un polen ancestral de infinita Presencia.


POEMAS DE LEÓN DAVID

EL HERALDO


Estirpe del apremiado viento,
espigado linaje del maíz,
raza fecunda de la tierra,
germano de la casta montaña
adalid del silencio en el temblor de un párpado en vigilia,
hijo del agua, vástago de la estrella,
engendro sideral de la nostalgia,
fruto de luz que alumbra la semilla,
eterno prisionero del batir de tus alas,
de la sed que te habita,
del hambre que te arrastra,
del fuego que te escuece y te consume,
del segundo que inhóspito te alcanza…
¿No escuchas los clarines a lo lejos?
¿No escuchas como brama la distancia?
Soy el heraldo de los tiempos nuevos,
tañe en mi voz tu voz con las campanas,
traigo aroma de selvas en mi aliento,
ola, yodo y salitre en la garganta,
en mi pecho germinan las palomas
y brotan manantiales de mi alma.
En el desierto mudo, ardiente, arisco,
tiembla el oasis fresco de mis aguas;
como el musgo mis sueños van trepando
mientras se cubren de pájaros tus ramas;
forjado estoy de cumbres y torrentes,
de feroz estampida en la sabana,
ruge en mi sed la torpe muchedumbre
y te descubres hombre en mi palabra…
Soy el heraldo de los tiempos nuevos;
muere la noche, se gesta la mañana,
se fecunda de grillos la espesura,
se llenan de promesas las crisálidas,
los caracoles cantan en la espuma
una canción de arena entre las algas.
Yo soy el mensajero de la vida,
de la vida que corre y se le escapa:
detenla en tus arterias amorosas,
alimenta tu tronco con su savia.


POEMAS DE SALLY RODRÍGUEZ

RUMOR PURÍSIMO

De repente me despiertan campanas
 desde Ti
y me asomo de golpe al misterioso Ser.
Me recorren campanas con violenta ternura
Tú me llamas de prisa
y late el corazón de la mañana.
Abro mis ojos y en mis manos
un fragmento de Ti se ha deslizado.
Es un rumor purísimo
con alas que resplandece intocable
tiembla fugaz luego se escapa.
NOCHE

Estoy al final de la noche
Una espantosa belleza me hiere
Es demasiado para mis ojos
Que morirán mañana

Estoy llorando por no saber qué hacer
con el presuroso río
y esa luna clavada
en su soledad.


REGRESAR AL ROSTRO

Resurgir del fondo de mi abismo
después de tantos siglos.
Apartar la maraña
todas las hojas secas
mientras mi corazón se acelera
con el hallazgo de un rostro
 dibujado siempre en mí.
Encontrarnos después de las mareas
para latir en una sola voz
en un solo fuego callado que suave asciende
en la fiesta de un vuelo de regreso
al Rostro primigenio
infinito.


INCESANTE CORAZÓN

Una bandada de hojas amarillas
 levantó el viento
y quedó descubierto el corazón
dibújame acostada otoño adentro
espalda que se extiende
en oleaje puro de Tus manos
el incesante corazón ya no huye
dibújalo en Tus manos mar adentro.


PRIMERA ORACIÓN

Levantarte
y dejar que circulen los ángeles
Esparcir la primera oración
en cada hoja y su sombra
rasgar el olor de la lluvia
álzate nuevo en un rito
de vaporosos cálices
despertar con temblores de campanas
porque el silencio está dentro y con la vida late.


DENTRO CAE LA NIEBLA

Dentro un caballo incesante deja
su polvareda sus fulgores.
Dentro cae la niebla y se abre blanquísimo el silencio
las olas. Los dedos en la forma de un loto despiertan
y empiezan a gemir mientras la savia circula
con la inocencia que arde y muerde.
El animal está tocando con sus ojos mi tacto
Y los míos se encienden con su lengua.


DANZA LLUVIOSA

El sonido de un arpa se desliza lluvioso
 en ángeles que dedicadamente me tocan.
Vienen entidades del viento y me crecen los brazos
en esta danza de ofrecer el más íntimo gesto
en besos en besos ¿a quién? ¿ante quién me desnudo?
¿Quién me acoge y me esconde muy dentro
mientras la música cae a cántaros?


ENTRADA AL BOSQUE

Desde estas montañas
contemplo el esplendor de la tierra
La verde humedad oscuramente llega
Siento frío   me abrazo
me acuesto en la hierba
y cabalga la mirada sobre los cuerpos.


ROSTRO CON NOCHE Y PAJAROS

Rostro mirando la tierra
rostro en el agua cubierto de agua
Rostro abierto alzándose
Desde las entrañas mismas
Confusión
Rostro con noche y pájaros
buscándose siempre
Cánticos que se yerguen
en el humo asciende hacia Dios.


POEMAS DE SÉLVIDO CANDELARIA

TORRENTE


Una cañada de luz despeña al monte
y sus chorros cortan
la cantera negra del lecho.
Y yo en el espejo mis deseos palpo
ansiando la estela
 que toque mi frente,
que me transfigure,
que se haga asequible,
que tiemble en mis manos,
que se posesione
de todo mi ser.
Quizás así pueda abrir un camino
entre la espesura
 que orilla el Sendero.


REFLEXIÓN

A veces,
cuando las tinieblas
 me llaman
hacia sus claros abismos,
asciendo a Ti
para encontrarme.


PRETENSIÓN

Desando la vereda tendida ante mis pies.
He sido rico en falsas pretensiones
mientras llevaba mi bagatela de existencia.
Ahora, nada entre el todo,
renazco en la penumbra del ocaso
y transito las fragancias del fango.
 En abismo de transparente corteza
flotará mi hamaca en llamas sobre el risco.
Y aunque ciego,
 atraparé el rocío con qué apagar
la sed que el agua no sacia.


RETORNO

Escucho el estruendoso silencio
de una partitura etérea.
La vida se ha ido con pausada prisa
a diluirse en una cruz que se agiganta.
Y en la gruta barrida por el viento,
la esperanza alienta
el regreso cada vez más lejano.


POEMAS DE FAUSTO LEONARDO HENRÍQUEZ

AVECILLA ENAMORADA


I
Dulzura Infinita, ¿por qué te me escondes? ¿Por qué
Tu rumor de lluvia en la arboleda me seduce y subyuga?
Palpas mi cuerpo con tus manos de aire y verdor. Silbas
en un pájaro, te miro y vuelas. Herida secreta dejas a tu paso.
Dulzura Eterna, en esta vasija agrietada
no vas a hallar más que huesos secos,
Dolor enmohecido, pedazos de llanto.
¿Por qué tratas de salvar la brizna de mi humanidad?
¿Por qué alumbras mi nada con tu sonrisa?
Vencido, caigo en tu luz.
II
¿Qué tengo yo para que pongas tu mano
sobre mi aliento y mi carne sin corteza ni niebla?
Escrutas con tu mirada
el lienzo de mi vida y orillas mi lecho de barro
con tus impalpables brazos
que me estrechan con divina ternura.
En el ámbito en que nos hallamos
Ni es noche ni es día, aquí el rumor
es Paraíso y nada más.

II
A ti, luz sin llanto ni maldad,
Te abrí mi casa. Quédate y abre
las ventanas. Mañana, cuando decidas
irte con tus pies albos, avísale
al leve viento de la arboleda, que sueñe,
Que tarde en venir.
En ti yace el fin como plenitud de río.
Estate aquí, en esta casa de absoluta quietud,
para que nos descubran asidos al infinito,
 al pan, las libélulas.
IV
Estaba mi alma recogida
balbuciendo plegarias al Padre. Pródiga
ante Él se halló, incólume, y en su regazo
de fuego la introdujo en un gesto
de amor puro e inefable, y ella, ebria, tan sólo
Abbá sabía murmurar.
La gracia era toda claridad
y la humana caída resurrección. La avecilla,
acurrucada en el Seno Materno, ascendía
los límites reservados a la aurora.
al abrir los ojos sólo la huella
de un abrazo quedó impregnado en mi interior.
V
Del altar el pan:
ácima divinidad en frágil sombra.
Celajes blancos atestiguan tus huellas en la naditud.
Garganta de Dios:
Orfeo caribeño, zorzal de fuego.
VI
¡Ave, Cirio!
Faro en llamas enciende la leña
de mis huesos, alegra el zorzal en la madrugada.
Que tenga luz en esta noche,
que muerte me sobra en la carne.
Ay, Cirio, bájame de la cruz
este llanto, apura el vino
en mi resucitada boca.
Gime la noche apoyada en mi ventana
y en ella miro al otro que soy:
Gota de fuego que retorna a su esencia.
VII
La avecilla de mi jaula revolotea
en cada rincón, se asienta, de pronto.
Oigo el gemir de una perdiz,
elegía que el aire recrea
en un constante rito de seducción.
En mi cuerpo la sangre,
como un arroyo,
me recuerda que soy otro,
otra llama, otra esencia, barro
que esgrime la vida en sus manos.
Canta de nuevo la perdiz,
habla de mi pasión por ella.
Y sale de mi jaula,
la avecilla enamorada.
VIII
Extraño tus manos
dando forma originaria
a mi humanidad, a mis huesos petrificados
por la sal. Añoro tus dedos
sobre la piel de barro que me envuelve.
Recuerda mi primer latido,
mi primera noche y tus desvelos.
Barro, beso y cielo se hicieron en mí.
IX
Abeja celeste, pon en mis labios
la miel del misterio.
Si pruebo esa miel conoceré el rocío de tu amor.
Déjame acceder, aunque sea
un instante a tu casa.
La amargura
se levanta como un muro
entre tu divinidad y mi alma.
Abejita divina,
zumba en mi colmena,
y pícame.
X
Oh cruz, cuelgas el cielo en tu horizonte.
Inmóvil, sin aire, soportas el vástago de Nazaret.
Miradas clavadas en ti sepultan en sus párpados
el fruto maduro de la Trinidad.
La Palabra sangra, se contrae, gime,
ungida de abandono.
Palabra con espinas, sed y herida,
péndulo de las tres, oráculo del abismo.
Oh cruz invicta, dolor de Dios, garra
del hombre, alzada redención.
Prendes la Divinidad de amargos clavos.
Madero, tu culpa de salva.
Escándalo vertical, asombro de ángeles,
silencio del Padre, abrazo de amor,
dolor y eternidad.
Cruz: Vergüenza mía, acunarte en vil reposo.
Jesús: Háblame, madero, que si cierras tu boca el sol se apaga.
C: Tiemblo de espanto, me paralizo
al verte prendido a mí como una fruta expuesta a los pájaros.
J: El dolor me pesa más que la muerte.
Sufro más por las miradas duras,
que por la burla de esas piedras.
C: Tengo miedo a tu muerte, al eclipse
de tus ojos, no expires en mí.
J: En ti llevo toda la noche y sus agonías,
La tristeza del agua, la esperanza de la noche sin luna.
C: Duele tu dolor, tus clavos en mí; tu sangre
habla y baña mi miseria.
J: Retienen mis pies alianza con el cielo y la tierra
y con mis alas los abrazo, unidos por el amor y la sangre.
C: ¿Por qué te izo? ¿Por qué te sostengo
como si acabaras de nacer? Oh insondable verdad
sin razón, mira, la tarde asustada.
J: Expiro, sostén tu aliento, y mi cuerpo.
XI
Sentado aquí, reflexivamente, al borde de la vida,
sustentado por un aliento más fino que mi voz,
pienso en lo que hay en ese abismo impenetrable
donde te escondes.
Es ese abismo insondable, profundo e irrastreado
el que provoca que mi pluma ausculte
la inteligencia de los entes que balbucean
la presencia de otra latitud,
la que persigo con un desespero y agonía
que me causa ensoñación y vértigo.
¿Por qué persistes en ocultarte a mis ojos?
¿Cómo es que te escabulles entre las hojas?
¿Qué pretendes, que muera sin haber atrapado
el lienzo de tu mirada?
XII
En el patio, contemplativo,
el árbol mira la cruz de la iglesia.
Cada día vengo a escuchar
sus elegías ocultas entre los follajes; a ellos viene,
por las noches, beoda, la taciturna
claridad urbana, pidiendo asilo.
Doy fe de que mágicos cuerpos alados, de rodillas,
se han transformado en eco o en litúrgicos rezos de luz.
He visto tórtolas besando religiosamente el suelo,
adorando la cruz de la iglesia.



POEMAS DE JAIME TATEM BRACHE

Y AHORA VIENE LA LLUVIA


Yo soy el sol y la luna y el arco iris
y el enojo de siempre de los riscos y los ogros
Yo soy un puente tendido a la luz
Yo soy un libro de infinitas raíces
donde me advierto escribiendo
Los poemas que me regaló la lluvia
Yo soy Tatem
hermano de la muerte
de la vida
y del amor
Yo soy los ojos donde hay suelto un unicornio
Yo soy el fénix del fiat lux
y es necesario que mi nombre siga latiendo en tu voz
como una rosa
Yo soy el mundo y la casa
y una prolongación del camino cuando llueve
Yo soy el día
y he visto a los hechiceros danzar
en las noches desnudas del desierto
Yo soy el no ser
Yo soy el Real Ser
Yo soy nada
Y ahora viene la lluvia a decirme que estoy solo.


POEMAS DE FARAH HALLAL

Noche extensa


La noche es más extensa y desmedida
en ese instante
cuando mi cabeza es un círculo
a ojos vendados,
cuando mis horas se forman en capullos
y sigo una curva inevitable.
Puntos negros forman la espera
de lo que no se espera.
Punto.
Todo pensamiento es un pájaro atado,
una sombra nocturna que habla sola.


La bruja

No sé cómo abrir el frasco del tiempo
para quedarme dormida
en medio del bosque.
Ningún beso silba sobre la rama de un árbol.
Ninguna manzana puede hacerme dormir
tanto como quiero.   
Mi príncipe ya duerme conmigo
en un bosque pintado en nuestra sábana,
allí me tiendo cada noche,
en una urna tallada de ácaros y plumas,
y tomo una píldora para asegurarle
que me despertaré de nuevo.
Pero cada amanecer
el rocío se empapa en mis mejillas
y me asomo al estanque
para escuchar atenta el croar de la rana
y me veo exactamente como no lo contaría.
Me muestra que no soy la princesa,
soy la bruja que envenena la manzana.


Ten piedad

Ten piedad de mí, oh Dios,
hazme rebelde,
hazme capaz de quemar Alejandría
y una voz rota que me perfore el sueño.
Hazme desalmada para rodar desnuda,
impura, bastarda y poseída,
hazme interminable como la hora que espero,
hazme imprudente, nerviosa y obstinada,
hazme capaz de empujar de las alturas
mi pecho abierto y fingir que se suicida.
Ten piedad de mí, oh Dios,
hazme traviesa,
que comulgue en mí toda malicia,
hazme despiadada
para hacer gemir a tus ángeles descalzos,
hazme terrible, dura, inmisericorde,
hazme condenada como la hora que espero,
hazme perforada, como noche clavada por estrellas,
conviérteme pronto en tierra sin cultivo.
Ten piedad, oh Dios,
hazme maldita,
hazme capaz de matar esta hora espesa,
mutiladora, perniciosa, vengativa.
Ten piedad, oh Dios,
mírame ahora,
rogando por piedad: hazme perversa
para que pueda matar esto que mata
y pueda quemar en el infierno
todas mis pasiones.