| |
| PRESENTACIÓN DE LA NUEVA GRAMÁTICA DE LA LENGUA ESPAÑOLA |
|
|
|
| Escrito por Bruno Rosario Candelier | |
|
Los criterios lingüísticos para su confección
La publicación de la Nueva Gramática de la Lengua Española constituye un acontecimiento bibliográfico de singular relevancia para la valoración cultural de nuestra lengua, tanto en España como en América, sin obviar los centros universitarios y los estudiosos de nuestro idioma en los diferentes países, razón por la cual ponderamos esta edición como un hito histórico para la lengua española. Esta magnífica obra de la Real Academia Española, hecha realidad con el concurso de las 21 Academias de la Lengua Española (1), constituye un singular aporte lingüístico de la institución rectora del idioma. Cuando Víctor García de la Concha les pidió a los directores de las Academias, reunidos en Salamanca el 21 de septiembre de 2005, que formulasen sugerencias y propuestas para la redacción de la nueva gramática, el suscrito contempló los siguientes planteamientos: 1. Fundamento conceptual en los principios de la ciencia del lenguaje. El contenido de la gramática ha de reflejar una orientación conceptual fundada en los criterios de la Lingüística. Hemos de tomar en cuenta diferentes aspectos fónicos, lexicológicos, semánticos y sintácticos, en la estimación de que el criterio lingüístico debe orientar y regir la labor normativa con visión objetiva, claridad expositiva y pertinente ejemplificación con un sentido funcional. Como sugiere Emilio Alarcos Llorach (2), la teoría ha de aportar una reflexión que aclare confusiones y disipe dudas. 2. Pauta académica y normativa del lenguaje. La Academia de la Lengua debe pautar una normativa con autoridad, es decir, no puede dudar, titubear o sugerir, sino fijar, determinar y establecer la norma de corrección con un criterio claro, preciso, rotundo y coherente. Se trata de una instancia normativa y norma es regla, patrón, disciplina. La gramática de la RAE debe establecer una norma, una prescripción, una ortodoxia del buen uso de la lengua, de manera que se conozca como la normativa académica mediante un criterio que establezca la validez de los hechos de lengua. Debe prescindir de proposiciones como esta: “Según tal autor es así, pero según tal otro es asá”. La normativa académica no es un registro de opiniones encontradas de gramáticos o de lingüistas sino la posición oficial de la Corporación rectora del idioma, que dicta en nombre de la autoridad de la lengua. Por ejemplo, ¿es la preposición siempre una palabra de enlace? La conjunción sí lo es, si aceptamos el hecho de que la disyuntiva es una forma de enlace. En cambio, en el caso de la preposición a, en “Voy a comer”, la preposición (pre ‘antes’; posición ‘lugar’, ‘situación’) lo que hace es preceder, orientar, indicar, etc. Lo mismo, en sentido contrario, le ocurre a de en la frase “Vengo de”, que señala procedencia, no enlace. El enlace conlleva, más que complementariedad, reunión de categorías semejantes. 3. Criterio prescriptivo inspirado en el buen decir de los hablantes. Al tratarse de una obra prescriptiva, la gramática ha de pautar la norma que rija el uso correcto en el que se privilegie la forma ilustrada por los buenos hablantes. El aspecto teórico es útil y necesario, pero cum grano salis, ya que puede sembrar dudas, vacilaciones o llevar confusión a nuestros hablantes. No así el criterio normativo, que ha de ser operativo y funcional, afín a la naturaleza dinámica, social y psicológica del habla viva y del hablante real, que es el operario de la lengua o, como dijera Ferdinand de Saussure, el productor del habla viva. La dimensión descriptiva ha de combinarse con el criterio prescriptivo sin sobrepasar la estricta orientación que aclare la norma para la funcionalidad gramatical. No decimos “La oración célebre de...”, sino “La frase célebre de...”. Tratamos de aclarar que “sintagma nominal” y “sintagma verbal” no siempre coinciden con los conceptos sintácticos de sujeto y predicado. El primero puede aparecer en el predicado y el segundo, en el sujeto. El sujeto puede consistir en un sintagma verbal con función sustantiva (“Morir y vivir son consecuencias de la vida”) o al revés (“El vaivén de la vida consiste en morir y vivir”) para el complemento. 4. Ilustración teórica con ejemplificación del uso correcto y ejemplar. La gramática de la lengua española ha de estar fundada en una reflexión teorética sobre el comportamiento verbal de los hablantes del español, pero esa orientación, centrada en la ciencia del lenguaje, ha de ser precisa, objetiva y clara, sin excesos de elucubración que dificulten la intelección de la pauta normativa. Conviene tomar en cuenta la idea de Charles Bally (El lenguaje y la vida) en cuanto a que los hechos sociolingüísticos han de figurar como determinantes para la formulación de usos y de reglas que pauten la norma del idioma, con una atención privilegiada a los hablantes ejemplares, que son los escritores. De este modo, la comunicación podría pasar a primer plano, como lo comprobamos en los estudios lingüísticos de ilustres gramáticos de nuestra lengua. En este orden, es importante consignar que la RAE, bajo la dirección de don Víctor García de la Concha, ha subrayado que el modelo de los hablantes ejemplares inspira una pauta que la Academia elabora y establece como norma de expresión. Ya el meridiano del idioma no pasa por la Puerta del Sol, como dijera Dámaso Alonso, sino que el punto de referencia es el crisol de los buenos hablantes en cualquier ámbito del mundo hispánico. 5. Orientación panhispánica ilustrada, compartida y consensuada. El carácter panhispánico se ha de manifestar en diversas ilustraciones de textos ejemplares de autores de España e Hispanoamérica, en proporción a la representación numérica de los hablantes. La descripción del lenguaje que realmente empleamos, del cual se infiere la normativa gramatical, se funda en los usos formales más comunes de los buenos hablantes. Por ejemplo, el hecho lingüístico de que las expresiones quisiera y quería, además de indicar un aspecto del pasado, expresan delicadeza, ausencia de rudeza (frente a quiero, por ejemplo), en frases como “Quería pedirte un favor” o “quisiera pedirte un favor”, que deberían constituir no únicamente un matiz estilístico, sino un modo de carácter opuesto al imperativo o algo semejante, muy usual en América. Los argentinos son modelos en este aspecto, puesto que a menudo dicen “¿Puedo pedirte un favor?” o “¿Puedo preguntarte algo?”, formas del decir respetuoso y obsecuente. La elección del verbo refleja, en verdad, la actitud del hablante, ya que existen verbos que no indican la mera acción sino una forma de ser del sujeto, de existir, de proceder, etc., como han planteado eminentes gramáticos desde Andrés Bello y Rufino José Cuervo en América. Verbo transitivo lo es solo dentro de la circunstancia de la frase. Así: “Yo vivo mi vida, vive tú la tuya”, son transitivos porque así lo determina la intención comunicativa del hablante. Podría definirse como parte activa de la frase en circunstancia traslaticia o de acción circunstancialmente metafórica. Si nos guiamos por Amado Alonso y Pedro Henríquez Ureña, quienes definen el transitivo como verbo que tiene complemento directo, podríamos adoptar la denominación de verbo completivo del objeto de la frase. Por otro lado, no es funcional el uso del voceo para la conjugación pedagógica. En América solo funciona normalmente en el Río de la Plata y en algunas regiones de Costa Rica. Podría adoptarse ustedes aman en vez de vosotros amáis, como se enseña en la escuela. Usted podría denominarse pronombre respetuoso, como se usa en Colombia, República Dominicana y en otras partes de América. Os y vos (usados a veces en el lenguaje jurídico forense o ante dignatarios del Estado y la Iglesia) podrían considerarse pronombres de reverencia o reverenciales, ya que no se les denomina de acuerdo a la calificación connotativa que se les atribuye en los libros de gramática. Tienen la calificación, pero no el nombre funcional correspondiente a los usos que indicamos. Como sucede, en cambio, con el plural “mayestático” y el de “modestia” (nosotros, en vez de yo), los cuales tienen una peculiar connotación, según su uso. Lo que proponemos apunta la idea de que ha de tomarse en cuenta la dimensión comunicacional, el lenguaje real, que parece esencial en la concepción de la lengua. La contracción, por ejemplo, es muy usual en la mayoría de los idiomas modernos por semejantes razones: facilidad, comunicación, funcionalidad. Expresiones como “quesque”, usada en México (“...quesque se robó las cooperaciones de la mayordomía” (3). “Eso no‘e na”, frase usada en RD con el verbo ser y el adverbio nada, contraído, tal como la emplea coloquialmente la población educada y el pueblo llano para enfatizar, como en este ejemplo de Rafael Damirón: “Levántate, gallito, que eso no‘e na” (4). Algo semejante sucede, con igual o mayor frecuencia, en el uso contraído de la conjunción que. Por ejemplo: “Qu’eso no e’ na”. También: “P’a qué”; “Eso e´ tó” (en lugar de todo, igualmente enfático), podrían considerarse. Ese uso enfático y contraído es tan frecuente en América, con singular acento en el Caribe hispánico en todas las clases sociales, que podría considerarse desde el punto de vista funcional, ya que aun la población educada emplea dichas expresiones para enfatizar una situación emotiva y por economía verbal. El modelo aparece en la tradición de nuestra lengua: dizque (<dicen que, ‘según se opina’). “¿Y qué?”, en vez de ¡saludos!, tan frecuente en RD en el lenguaje coloquial popularizado, que podría considerarse útil su uso por brevedad, ya que contiene una elipsis muy significativa. La sugerencia es factor importante en la comunicación moderna, necesariamente indirecta, pero por la misma razón, funcional. Sugerimos, finalmente, esta propuesta: que se canalice el uso funcional en el lenguaje hablado, si no se encuentran razones lingüísticas y, sobre todo, ejemplos que sean ilustrativos. Nos alegra saber que esas propuestas, coincidentes con otros planteamientos de otros directores de nuestras Academias, fueron tomadas en cuenta en esta Nueva gramática de la lengua española, que hoy presentamos en esta Academia Dominicana de la Lengua. En efecto, con la colaboración de valiosos académicos y lingüistas al servicio de la ADL, presentamos esta singular edición que constituye un hito en la historia de la lengua española. La presentación formal de la nueva gramática La Junta Directiva de la ADL, conjuntamente con el apoyo de nuestros colaboradores (5), en nombre de la Asociación de Academias de la Lengua Española, se complace en dar a conocer a la sociedad dominicana este nuevo código gramatical, ante la presencia de intelectuales y escritores, profesores y estudiantes, así como funcionarios del gobierno, investigadores y estudiosos de la lengua y personas interesadas en el conocimiento de nuestra lengua que valoran este acontecimiento histórico para el mundo hispánico. Esta obra normativa, editada por Espasa, es la primera gramática académica desde 1931 y ofrece el resultado de doce años de trabajo de las Academias de la Lengua Española mediante un nuevo código lingüístico que fija la pauta gramatical para todos los hispanohablantes. Esa ingente tarea fue coordinada por una Comisión gramatical integrada por representantes de todas las áreas lingüísticas del mundo hispánico, con la coordinación intelectual de don Ignacio Bosque, Académico de la Española y ponente de la nueva gramática. En esta exposición, deseo comentar el trabajo realizado a lo interno de las diferentes comisiones para que esta voluminosa obra, como es la edición de la Nueva Gramática de la Lengua Española, fuese una realidad. Cuando comenzó a realizarse este nuevo texto de nuestra lengua, se crearon comisiones gramaticales y equipos de trabajo para participar en su confección. Cuando la RAE ideó actualizar la gramática de la lengua, pensó en el mejor gramático que actualmente existe en España, donde hay muchos lingüistas en todas las ramas del saber de nuestra lengua. Ese distinguido gramático se llama Ignacio Bosque, el Nebrija de nuestro tiempo, que fungió como ponente de esta obra. Al redactar cada uno de los capítulos del nuevo código gramatical, concibe y presenta una propuesta sobre cada una de las partes de la oración, que estudia el equipo técnico integrado por lingüistas. Esos especialistas del lenguaje estudian el borrador de trabajo. Una vez que revisan la propuesta original, la remiten con sus observaciones y sugerencias. Ignacio Bosque unifica las diferentes sugerencias y el texto revisado pasa a ser estudiado por la Comisión Gramatical de la RAE, que integran Académicos de la Española. Cada integrante de la Comisión Gramatical estudia la propuesta recibida, tal como la ha revisado el equipo anterior y una vez que cada académico reporta sus observaciones, vuelve de nuevo a la Comisión Gramatical y tras su aprobación, envían esa propuesta a cada una de las Academias, para que cada país estudie cada capítulo y remitan sus observaciones y sugerencias, que de nuevo revisa la Comisión Gramatical. De esa manera queda enriquecido el texto gramatical y así se procedió, durante diez años de trabajo, en la confección de esta nueva gramática de nuestro idioma. Integraron el equipo dominicano, en nombre de la Academia Dominicana de la Lengua, Bruno Rosario Candelier, en calidad de director de la Corporación, con los académicos Ramón Emilio Reyes, Guillermo Pérez Castillo y dos colaboradores al servicio de nuestra institución. El director recibe e integra lo que entiende pertinente de cada observación y sugerencia, presentadas individualmente y envía a la RAE el resultado y allá de nuevo vuelve al equipo técnico y a la Comisión Gramatical. El suscrito no se sentía al principio del todo motivado para ese trabajo, porque yo me preguntaba: ¿cómo es posible que estos señores de España, expertos y especialistas del lenguaje, conocedores a fondo de nuestra lengua, van a ponerle atención a lo que nosotros les sugiramos? Un buen día, en una reunión celebrada en Madrid con el equipo integrado por la comisión de la RAE y representantes de las Academias de América, en una de las sesiones de trabajo nos presentaron los primeros capítulos ya redactados y me puse a repasarlos y, para mi sorpresa, me encontré con una propuesta que, personalmente, yo les había remitido a la comisión española. ¿Cuál fue esa propuesta? La de que en el español dominicano, como también existe en el español de cada uno de los países de América, contamos con términos, expresiones y modos elocutivos propios de nuestras hablas. Yo les había informado que el español dominicano ha construido un nuevo vocablo que no existe ni en América ni en España. El español dominicano, además de creaciones léxicas, aporta formas nuevas a la sintaxis de nuestra lengua, mediante formaciones y construcciones. Por ejemplo, la composición de medalaganario y medalaganariamente. Así decimos “comportamiento medalaganario” (que procede de la frase “me da la gana”) y funciona como adjetivo y sustantivo. (“El medalaganario priva en grande” o “Fulanito tiene actitudes medalaganarias”). Medalaganario, que hemos formado de la composición me da la gana, es parte del enriquecimiento de nuestra lengua al sistema del español y, efectivamente, fue reconocido como tal. A partir de ese momento asumí la revisión de esta tarea de colaboración con mayor atención, con mayor entrega, con mayor devoción porque sabía que, efectivamente, lo que proponemos, si tiene acierto y validez, lo toman en cuenta. Cuando el Listín Diario me entrevistó, a propósito de la edición de esta gramática, sobre mi valoración de la nueva gramática, respecto a nuestra propuesta y sí realmente nos tomaban en cuenta (5), enfaticé diciendo que, efectivamente, las autoridades lingüísticas de la RAE nos tomaron en cuenta y toman en cuenta a todos los hablantes del mundo hispánico. Es la primera vez, en la historia de nuestra lengua, que se redacta una gramática de la lengua española con el concurso de todas las Academias y de numerosos usuarios de nuestra lengua, de los hablantes cultos y populares de nuestra lengua, porque en esta gramática van a encontrar valiosos testimonios de importantes escritores de América y de España, así como expresiones de la lengua coloquial y popular de diferentes regiones lingüísticas. Del cien por ciento de los testimonios orales y escritos, el setenta por ciento pertenece al español de América, en atención a la cantidad de hablantes. De nuestro país hay veinte escritores dominicanos que están citados en esta gramática, con textos suyos tomados de obras literarias, lo que acontece por primera vez en la lengua española y esto lo decimos con alegría y satisfacción, porque es un texto panhispánico. Hay una genuina representación del habla de nuestro lenguaje, de nuestra manera peculiar de usar la lengua. Los autores de la gramática privilegian siempre el buen uso de los hablantes, especialmente de los escritores en todos los ámbitos del mundo hispánico. Un planteamiento que generó cuestionamiento fue el de la representación de los académicos. No se tomó el criterio de usar los textos escritos por los académicos de la lengua, en atención al principio seguido por las autoridades de la RAE, de que los académicos son los jueces del idioma, no necesariamente los mejores hablantes. Los buenos hablantes son los que usan la lengua con la mejor ejemplaridad desde el punto de vista del genio del idioma, la pronunciación esmerada, la corrección gramatical, la propiedad semántica, la claridad expositiva y la elegancia de la expresión, que son las cualidades del buen decir. Hay académicos de España y de América representados en esta obra, pero el criterio fue el de ilustrar, con textos tomados de una obra literaria, el ejemplo que ilustrase una forma específica de nuestro lenguaje (6). Aquellos escritores que han dado notaciones del uso particular de la lengua que se corresponde con la manera elocutiva propia del país, ese ejemplo se ha tomado en cuenta. No importa la categoría del escritor, aun cuando hay que reconocer que la mayoría de los escritores citados son notables. De hecho, los grandes escritores de América están citados en esta gramática y, para satisfacer la curiosidad de los presentes, en este texto gramatical figuran los siguientes escritores dominicanos: Fernando Arturo de Meriño, César Nicolás Penson, Tulio M. Cestero, Pedro Henríquez Ureña, Max Henríquez Ureña, Manuel de Jesús Troncoso de la Concha, Juan Bosch, Ramón Marrero Aristy, Antonio Fernández Spencer, Félix Servio Doucudray, Marcio Veloz Magiolo, Federico Henríquez Gratereaux, Ramón Emilio Reyes, Bruno Rosario Candelier, Pedro Vergés, Andrés L. Mateo, José Enrique García, Ramón Elena Campos, Dinorah Coronado y Julio Adames. La participación operativa de las Academias Un profesor de lengua española, presente en el acto de lanzamiento de esta gramática, me preguntó en qué consistía nuestra colaboración gramatical. Le comenté al inquieto profesor que, al recibir una propuesta gramatical, tarea que también realizamos para la división lexicográfica en la confección de los diccionarios, leemos minuciosamente cada entrega con un triple enfoque. En primer lugar, en cuanto a la forma de presentación, si lo consideramos pertinente, comunicamos sugerencias de lenguaje, de estilo, es decir, la manera como está redactado el texto. En segundo lugar, si estamos en desacuerdo con planteamientos conceptuales o temáticos, presentamos sugerencias de contenido respecto al fondo o enfoque conceptual relacionado con reflexiones sobre el idioma, porque esta obra de gramática es una reflexión sobre cómo usamos nuestro idioma los hablantes actuales de la lengua española, no importa en qué ámbito del mundo hispánico nos encontremos. Y en tercer lugar, recomendamos formas de expresión propias del lenguaje dominicano. Esta gramática constituye un retrato vivo, una radiografía de la manera como los hablantes emplean esta lengua tan hermosa que hemos recibido como parte esencial de nuestra cultura hispánica y que hemos contribuido a su desarrollo y su expansión. Cuando así estuvo a nuestro alcance, presentamos ejemplos concretos de ilustración. Esa ilustración textual la hacíamos desde la escritura, aunque hay algunos testimonios orales. ¿Qué rasgos, qué atributos, qué características podemos apreciar en esta Nueva gramática de la lengua española? En primer lugar, sintetiza y recrea las intuiciones fundamentales de los grandes pensadores que han analizado la estructura de nuestra lengua. Desde Antonio de Nebrija, el primer español en teorizar sobre nuestra lengua castellana, varios estudiosos han rastreado el pensamiento de diferentes lingüistas que han reflexionado sobre nuestra lengua y, de manera sintetizada, hay un acopio de sus planteamientos o una actualización de sus postulados. Esta gramática ahonda en la razón interna de la estructura profunda que el hablante formaliza cuando habla, escucha, interpreta y escribe. Presenta argumentos con razones convincentes sobre las propuestas gramaticales, es decir, no es una normativa impuesta sino razonada, ya que no comporta una normativa arbitraria sino que, en atención a los conocimientos del lingüista o del gramático que hace un determinado enfoque, constituye una reflexión sobre una propuesta normativa. En sus planteamientos conceptuales, los autores tratan de convencernos de su propuesta normativa, con una razón lingüística de por qué se debe hablar de tal o cual manera; porque tal palabra combinada con tal otra tiene su forma correcta de expresión a partir de un uso específico y el uso de un vocablo tiene un sentido particular en un contexto específico y diferenciado. Cuando presenta casos de ilustración, propone ejemplos sobre hechos de lengua de todo el mundo hispánico, principalmente de nuestro tiempo. Hay casos ilustrados de las primeras décadas y de mediados del siglo XX, pero dan mayor énfasis a autores actuales para que sea una muestra de una lengua viva y palpitante. Como representación genuina y auténtica de nuestro modo de hablar en esta etapa histórica de nuestra lengua, esta gramática hace acopio de textos ejemplares de autores de diferentes países, siempre con un propósito de edificación y esclarecimiento. El ejemplo literario es para ilustrar un hecho de lengua o un comportamiento verbal. Hecho de lengua quiere decir todo lo relacionado con el habla, la escritura, la pronunciación o el significado de las palabras en sus reales combinaciones sintagmáticas y, entonces, como texto reflexivo, como documento de lengua, como código lingüístico, esta obra encarna la autoridad gramatical de nuestra lengua. Como código gramatical, tenemos la ventaja de que en nuestro tiempo se haya publicado un texto como este, en que tantos filólogos, lingüistas, escritores y estudiosos de nuestra lengua han contribuido en su realización. Hay una contribución amplia de escritores que nos enseñan cómo es nuestra lengua, cómo es la lengua que hablamos, que siempre ha concitado la atención de filósofos, pensadores y gramáticos, desde los tiempos antiguos. Cuando Heráclito de Éfeso comenzó a reflexionar sobre la lengua, concibió el Logos como la energía interior de la conciencia y entendió que lenguaje y pensamiento conforman una unidad intrínseca. Para Heráclito, lenguaje y pensamiento constituían una misma realidad porque el pensamiento no era posible sin la forma de expresión y una forma de expresión no tiene sentido sin un contenido. Entonces, esa integración entre lenguaje y pensamiento da cuenta de nuestra intelección de las cosas, del potencial que tenemos los hablantes con esa herencia hermosa y fecunda que hemos recibido y, como estamos llamados a conocerla profundamente, tenemos ahora la oportunidad para adquirir un cabal conocimiento sobre la estructura profunda del habla y el lenguaje. Guillermo de Humboldt, uno de los primeros pensadores de la época moderna en pensar los hechos de lengua, decía que con términos finitos creamos enunciados infinitos, lo que es posible en virtud de la potencia germinante de la palabra. Esta Nueva Gramática de la lengua Española será un valioso auxiliar para profesores, intelectuales, escritores y hablantes de todos los niveles socioculturales, especialmente para los usuarios de la lengua que quieran conocer a fondo nuestro idioma. La Real Academia Española va a editar un texto más reducido, más modesto o menos intimidante en términos de cantidad y profundidad, que sintetizará en unas setecientas páginas la esencia del contenido de esta obra colosal, pero el que quiera profundizar en la esencia profunda de nuestra lengua, que consulte este texto en cuyas cuatro mil páginas va a hallar la explicación de cada aspecto fundamental de nuestra lengua. La Nueva gramática tiene el fundamento técnico indispensable para la comprensión de los fenómenos gramaticales de nuestra lengua, razón por la cual está pensada, a la vez, para los hablantes cultos, los lingüistas y estudiosos del idioma, los docentes de lengua y el gran público hispanohablante de España, América y Filipinas. Como obra descriptiva, presenta las pautas que conforman la estructura del idioma con un análisis concienzudo sobre las propiedades de cada construcción gramatical. Y como obra prescriptiva, recomienda los usos pertinentes y desaconseja otros a favor de la corrección gramatical, es decir, enfatiza las formas que conviene privilegiar y desaprueba aquellas que hay que evitar en atención a las reglas de la gramática para enaltecer la manera ejemplar de hablar o escribir de acuerdo al uso modélico de los mejores hablantes de la lengua. La Nueva gramática de la lengua española comporta estos aspectos: 1. Sintetiza y recrea las intuiciones fundamentales de eminentes gramáticos de nuestra lengua que han cimentado la reflexión teorética con estudios sobre los hechos de nuestra lengua. 2. Ahonda en la razón interna de las estructuras profundas que el hablante formaliza al unir sonidos y sentidos en enunciados verbales para establecer una comunicación lingüística. 3. Argumenta con razonamiento convincente, mediante ilustraciones pertinentes, el dictamen normativo que invalida unas formas y privilegia otras entre posibles maneras de elocución en aras del buen decir. 4. Valida algunas maneras peculiares de emplear la lengua, propias de comunidades de hablantes de diferentes regiones del mundo hispánico, con apertura y flexibilidad ante un amplio registro comunicativo. 5. Hace acopio de ejemplos y usos del habla que ilustran singulares hechos de lengua y casos paradigmáticos, especialmente de escritores representativos, que alumbran la aplicación de determinadas formas gramaticales o evidencian especiales maneras de decir con la adecuada explicación conceptual. La Nueva gramática de la lengua española es una obra extraordinaria que por primera vez recoge «el español de todo el mundo» (7). El español, la segunda gran lengua internacional, se regirá desde ahora por esta nueva gramática. «Ésta es una gramática del siglo XXI», dijo Ignacio Bosque, catedrático de Filología de la Universidad Complutense, miembro de la Real Academia Española y ponente de la nueva obra. Lo dijo en su discurso de presentación ante una selecta audiencia de intelectuales, escritores, académicos y profesores de alto nivel. En sus 4.000 páginas, hay 40.000 ejemplos, procedentes de 4.000 obras de referencias, entre ellas 300 textos de periódicos y revistas utilizados como fuente para las citas. Víctor García de la Concha explicó que se trata de una obra que conjuga descripción (dice cómo funciona la lengua) y prescripción (recomienda unos usos específicos frente a otros): «Empezamos usando el esquema del Diccionario panhispánico de dudas, que es muy tajante -correcto / incorrecto-, pero nos dimos cuenta de que era necesario matizar porque hay cosas consolidadas como incorrectas en un país y en otros no. Nosotros hacemos una labor notarial cuando decimos "no se recomienda o se prefiere otro uso" y optamos por la forma que el pueblo hispanohablante prefiere». Para Ignacio Bosque, «las construcciones tienen una forma, un significado y una distribución geográfica, pero también un prestigio, que la normativa toma en cuenta. Si la Academia no existiera sería exactamente igual». La nueva gramática es una obra colectiva y consensuada entre la Academia Española y las Academias de América. «Ahora se describe primero lo común del español y luego las variantes de las diferentes regiones de España y América. Pretende mostrar lo que los hablantes compartimos y lo que nos diferencia». ¿El abuso de anglicismos? «Influye más en el léxico», dice García de la Concha, que recuerda que lo importante es acomodarlos al español como se hizo con galicismos («jardín») o italianismos («carroza»), que hoy no percibimos como tales. ¿Los SMS tal vez? «La escritura nació como abreviatura», afirma Bosque. «Una cosa es usar un código restringido a un aparato y otra, hacer un examen con ese código». «Decir en España 'a por' es una construcción normal, como 'voy a por tabaco', pero no es la forma usual en América», explica Ignacio Bosque. «Eso lo puede percibir un hablante americano, un español no lo percibe. Y a la inversa cuando un mexicano dice 'ya se los dije' por 'ya se lo dije a ustedes'. O 'esto es mucho muy interesante». La Academia no aprueba el uso del doble género, como el uso de ciudadanos y ciudadanas. «Esa fórmula la han promovido los grupos feministas, que pretenden hacer, como dicen, visible la figura de la mujer», afirma García de la Concha. «Se confunde el sexo con el género y se fuerza algo que contradice una ley básica: la economía de la lengua, que postula decir con la menor cantidad de palabras posible la mayor cantidad posible de ideas». «Lo curioso», añade Bosque, «es que nadie dice 'voy con mis hijos y con mis hijas a que jueguen con tus hijos y con tus hijas'. Los mismos que dicen “los vascos y las vascas”, dicen “ayer fui con unos amigos a cenar”. ¿Por qué? Porque no tienen un micrófono delante. Tiene algo de código artificial». Gramaticalmente horrendo es decir miembra. «La gramática no es matemática pura. En mi instituto se decía 'bedela'. Luego surgió 'concejala' y 'alcaldesa', pero ¿ha visto usted que alguien diga 'fiscala'?», a lo que Bosque agrega: «En el sujeto y el atributo nominal no hay concordancia. Por eso decimos 'María es un genio' y 'Juan es una víctima'. A los que dicen 'miembra' yo les diría: arguméntenme gramaticalmente por qué» y no podrán justificarlo. En semejante aberración caen quienes, por un populismo verbal inconsecuente, en el que han caído políticos, profesores y sacerdotes, al repetir el redundante “los y las”, o “todos y todas”, como si “los” y “todos”, no fuera un conjunto que los engloba y comprende. Las Academias tenemos un grave desacuerdo con la propuesta del doble género promovida por las feministas: “El género no marcado en español es el masculino y el género marcado es el femenino (…), lo que hace innecesario mencionar el término marcado”. Es decir, que “en la designación de seres animados, los sustantivos de género masculino no solo se emplean para referirse a los individuos de ese sexo, sino también para designar la clase que corresponde a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexo”. Por tanto, es incorrecto decir “los y las dominicanas”, “todos y todas”, ya que el uso genérico “los dominicanos” comprende toda la población de República Dominicana, no solo la masculina. Además, el artículo masculino (“los”) no concuerda en género con “dominicanas”. De igual manera, cuando decimos “todos”, no se excluye a nadie, aunque sea de diferente sexo, edad, condición social, etc., ya que engloba un conjunto. Exceptuando los términos de cortesía “señores y señoras”, el circunloquio expresivo “los” y “las”, es innecesario e incorrecto, sea quien sea el hablante. Si decimos “Saludos a todos”, es impertinente añadir “y a todas”, porque “todos” comprende a cuantos están presentes sin marginar a nadie. El objetivo gramatical en la reflexión del lenguaje Según consignan los gramáticos de la RAE, el objetivo de las Academias es conseguir que la Nueva gramática, en sus diferentes versiones, llegue a todos los hispanohablantes: a los usuarios de la lengua y a los especialistas e investigadores; a los que tienen el español como primera o segunda lengua y a los profesores de español en los diversos niveles académicos. Para el otoño del presente año está prevista la publicación del tomo de fonética y fonología, que irá acompañado de un DVD con muestras de la pronunciación del español de las diferentes zonas del mundo hispánico. La publicación de la Nueva gramática de la lengua española entraña un hecho muy significativo para nuestro idioma, para los hispanohablantes y para los estudiosos y docentes de nuestro sistema de signos y de reglas. En primer lugar, al tratarse de un nuevo código gramatical escrito con la coparticipación de las Academias de España y América, supuso una efectiva colaboración de las Corporaciones del Idioma en todo el mundo hispánico; en segundo lugar, esa colaboración implica que se tomó en cuenta la realidad lingüística de los hispanohablantes de España y América como expresión viva y elocuente de nuestra lengua en ambas laderas del Atlántico. Esta grandiosa obra, cuyo principal aporte académico corresponde a Ignacio Bosque, constituye una profunda reflexión sobre la estructura conceptual lingüística a través de la relación formal de las palabras que la construcción de frases y oraciones y actualiza una tradición que viene de Antonio de Nebrija, Andrés Bello, Rufino José Cuervo, Guillermo de Humboldt, Ferdinand de Saussure, Noam Chomsky y Eugenio Coseriu, entre otros estudiosos de los fenómenos de la lengua. La nueva gramática refleja la dimensión viva, actual y palpitante del idioma tal como lo usan los hablantes de diversas regiones de España y América, con una riqueza documental extraordinaria. Contiene numerosos ejemplos de ilustración de todos los países de habla hispana (un 70% de ejemplos de escritores de Hispanoamérica), con una exhaustiva explicación de los fenómenos fónicos, morfológicos y sintácticos de nuestra lengua. Este texto, como sostienen sus autores, es una gramática orgánica del español contemporáneo. Tiene un carácter normativo con bastante flexibilidad y apertura. La experiencia enseña que la norma fundamenta la comunicación, aunque sabemos que la norma viene privilegiada por el uso de los hablantes cultos, entre los cuales figuran, de manera destacada, los escritores. La norma se funda en la preferencia lingüística vigente de una comunidad de hablantes, adoptada por consenso y convertida en modelo del buen decir. Corresponde a la Academia fijar la norma que privilegia el uso; por tanto, la Academia interpreta la preferencia de los hablantes, mediante la preceptiva pertinente. Sabemos que el mal uso erosiona la esencia del idioma. Por eso la Academia rechaza lo que inficiona a la lengua, al tiempo que censura el yerro y prescribe la fórmula correcta. La lengua es patrimonio común de los hablantes, pero son los buenos hablantes los que sancionan, con su uso ejemplar, las formas que la Academia recomienda como norma del buen decir. La norma va dirigida a marcar el comportamiento lingüístico ejemplar. La expresión correcta, apropiada y modélica refleja la aplicación de la norma y el desarrollo de la capacidad lingüística del hablante. Pero como son muchos los usuarios es necesaria una pauta que cohesione y unifique. Ese es el sentido cohesionador de la normativa gramatical. Por esa razón, cuando nuestra Academia recibía un nuevo capítulo gramatical para estudiarlo, tomamos en cuenta las recomendaciones pertinentes: respecto a la forma de presentación, señalamos sugerencias dirigidas a la manera de decir o describir el fenómeno lingüístico; respecto al contenido, señalamos observaciones sobre el concepto gramatical, sea de estructura o de interpretación. Y respecto al uso, presentamos nuestra manera de entender el fenómeno gramatical, que ilustrábamos con un ejemplo tomado de una obra literaria. Respecto a la realidad lingüística típicamente dominicana, presentamos el fenómeno, lo describíamos y lo ilustrábamos con el ejemplo pertinente. Esta gramática contiene la más completa descripción científica realizada en la historia de la lengua española. Se registran los diferentes modos de expresión del español de España y el español de América. Se describen las construcciones gramaticales propias del español general con sus expresiones fónicas, morfológicas y sintácticas del habla. Se registran las formas o variantes cultas, coloquiales y populares del mundo hispánico, sin obviar las diferentes formas expresivas. En tal virtud, prescribe las cuestiones normativas esenciales y resuelve dudas sobre variantes dialectales con sus correspondientes normas. Por ejemplo, el sufijo –ear se usa en el español dominicano como fenómeno de derivación verbal. Así decimos abuelear ‘hacer de abuela’, canear ‘ir de can o de juerga’, flirtear ‘jugar al amor’, bolear ‘pedir bola, aventón o autostop’. Estos usos verbales obedecen a la pauta sintáctica N+ear. Otros casos se forman con la pauta Adj + izar: cualquierizar ‘rebajar, degenerar, disminuir, apocar’. Como los casos señalados, hay en esta Nueva Gramática múltiples ejemplos de ilustración, tomados de libros, revistas y periódicos, con el 70% de casos americanos. Además de la cantidad de hablantes de nuestra lengua (de cada 10 personas que hablan español, 9 viven en América), destaca la calidad de los hablantes ejemplares de nuestra lengua en América: “El esplendor de la literatura hecha por latinoamericanos en el siglo XX ayudó a que desde aquí (España) se vislumbrara de veras la realidad de la lengua” (8). En resumen, esta nueva gramática presenta los siguientes rasgos: 1. Sintetiza y recrea las intuiciones fundamentales de eminentes gramáticos que han cimentado la reflexión teorética con estudios sobre los hechos de nuestra lengua. 2. Ahonda en la razón interna de las estructuras profundas que el hablante formaliza al unir sonidos y sentidos en enunciados verbales para establecer una comunicación lingüística. 3. Argumenta, con razonamiento convincente y mediante pertinentes ilustraciones, el dictamen normativo que invalida unas formas y privilegia otras entre posibles maneras de elocución en aras del buen decir. 4. Admite como válidas algunas maneras diferentes de emplear la lengua, propias de comunidades de hablantes de diferentes regiones del mundo hispánico, con apertura y flexibilidad ante un amplio registro comunicativo. 5. Hace acopio de ejemplos y usos del habla especialmente de escritores representativos, casos singulares y paradigmáticos de usos gramaticales con la adecuada explicación conceptual. El hecho de tomar en cuenta la realidad lingüística de los hispanohablantes en América como expresión viva de nuestra lengua es ya relevante y significativo. Los responsables de su redacción en Madrid han tomado en cuenta nuestras observaciones, sugerencias y propuestas, ya que desde la dirección de la RAE se tiene una clara conciencia de que, aunque la lengua española viene de España, constituye un patrimonio común de los hablantes de cualquier lado del Atlántico. La gramática de la lengua describe el sistema de comunicación verbal. Los hechos de lengua, como expresión formal, entrañan una comunicación lingüística; es un resultado de la estructura de la lengua. La creación verbal expresa una manifestación específica que la lengua formaliza. Es obvio que si dentro de un texto literario se traslada el coloquio, los ejemplos han de tener un valor didáctico para su mejor eficacia. Esta gramática académica, como obra destinada al conocimiento de la mayoría de los hablantes, aunque de mayor rigor científico que las escritas y editadas por autores o entidades particulares, registra en esta fórmulas elocutivas, combinaciones léxicas y expresiones de las variantes del español de América que confirman que, efectivamente, hay una presencia de la realidad idiomática de los hispanoamericanos en este magnífico código gramatical del español. Destaco la amplia documentación textual para cada uno de los capítulos que enfocan todas las partes en que se divide la gramática. Es importante valorar el aporte de destacados lingüistas de la Real Academia Española y de todas nuestras Academias para la confección de este nuevo código de nuestra lengua, que sin duda constituye un hito en la historia del español contemporáneo. Como dije en otra ocasión, la mayor responsabilidad y, desde luego, el más alto mérito recae en ese ilustre gramático de nuestra lengua, Ignacio Bosque, cuya categoría es comparable a la de un Antonio de Nebrija en España o de un Andrés Bello en América. Finalmente, un crédito nada despreciable merece el actual director de la RAE, don Víctor García de la Concha, por el dinamismo, la apertura y la visión de su fecunda ejecutoria a favor del desarrollo de nuestra lengua con una entrega encomiable y una sabiduría ejemplar. La lengua española goza, desde hace tiempo, de una estatura universal cuya grandeza reconocen no solo los grandes hablantes del mundo hispánico sino que, en los ámbitos de alta cultura, la lengua española está reconocida como uno de los principales idiomas de nuestro tiempo. Esta nueva gramática no hace sino confirmar esa prestancia del idioma que enaltecieran Miguel de Cervantes, san Juan de la Cruz, santa Teresa de Jesús, Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Federico García Lorca, Camilo José Cela en el país ibérico y, en América, Rubén Darío, Gabriela Mistral, Juan Rulfo, Jorge Luis Borges, Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez, Juan Bosch, Francisco Matos Paoli y Mario Vargas Llosa, entre tantos valiosos creadores que han hecho de la palabra el vehículo edificante de creación, de reflexión y de cultura. La Academia Dominicana de la Lengua, desde esta ladera del Caribe insular en las Antillas, se asocia al júbilo de todo el mundo hispánico por la publicación de este nuevo código gramatical, que sin duda dará lustre y esplendor al hito histórico que entraña esta grandiosa edición para el conocimiento y la difusión la lengua española en el mundo contemporáneo. Bruno Rosario Candelier Academia Dominicana de la Lengua Santo Domingo, Ciudad Colonial, 9 de febrero de 2010.- Notas: 1. RAE, Nueva gramática de la lengua española, Madrid, Espasa, 2009. 2. Cfr. Emilio Alarcos Llorach, Estudios de gramática funcional del español, Madrid, Gredos, 1973, pp. 36ss. 3. Cf. B. Vásquez Mazatzi, La casa de los relojes, México, Meridiano, 2001, p. 79. 4. En Rafael Damirón, Cronicones de antaño, Santo Domingo, Alfa y Omega, 1949, p.129. 5. Los académicos dominicanos que colaboraron, con sus observaciones y sugerencias, para la confección de la Nueva gramática de la lengua española, fueron Mariano Lebrón Saviñón, Rafael González Tirado, Bruno Rosario Candelier, Ramón Emilio Reyes y Guillermo Pérez Castillo. 6. La ilustración de textos de autores dominicanos en este nuevo código gramatical incluye pasajes narrativos, poéticos y ensayísticos como ejemplos de formas específicas del español dominicano que, como los demás países de nuestra América, tienen un lenguaje con peculiares formas léxicas, elocutivas y fónicas. 7. El criterio de ejemplificación no se funda en la autoridad de un escritor, sino en la representatividad de su frase, que se ha tomado como ejemplo de un fenómeno gramatical de nuestra lengua. Los académicos que figuran con textos de su autoría no aparecen como académicos de la lengua sino como usuarios ejemplares del idioma. Los académicos son jueces de los hechos de lengua, no necesariamente modelos del buen decir, aunque muchos son magníficos hablantes. 8. Cfr. Gregorio Salvador, “Tenemos la lengua más cohesionada del mundo”, en El País, Madrid, 10 de nov. de 2005, p. 39. |
| < Anterior | Siguiente > |
|---|








