“La belleza no puede herir su dardo en un corazón atolondrado. Reclama el recogimiento. Espacios de soledad. Para oír y para cultivar el espíritu en la palabra. En el fragor diario de la vida, el poeta se sabe llamado. Esta llamada es pabilo humeante, centella tremulante. Pero es luz -certeza de luz-, aunque esté vertida en frágil vaso de barro” (Helena Ospina, “Arte y persona en Bartolomé Lloréns”).