NUESTRO IDIOMA - Fabio J. Guzmán Ariza
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BREVÍSIMA HISTORIA DEL ESTILO LLANO |
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En mi última columna introduje el tema del estilo llano1 en la escritura y señalé que se había desarrollado un movimiento mundial a su favor, particularmente en lo que concierne a documentos gubernamentales. Se ha entendido que todo ciudadano tiene el derecho de recibir de sus autoridades información clara y objetiva para hacer efectivos sus derechos y cumplir con sus obligaciones2. Ese ideal sólo puede concretarse con el uso en todos los documentos que emanen de los diversos entes estatales de un estilo llano y accesible, orientado a las necesidades de información de todos los públicos, muy especialmente en países como nuestra República Dominicana, donde la educación del ciudadano promedio no pasa del nivel de la escuela primaria.
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“Suprimir toda palabra inútil. Simplicar la frase. Simplificar la idea. Suprimir, suprimir. Esta es la fórmula para escribir bien...” Noel Clarasó.
“Short words are best, and the old words when short are best of all.”1 Winston Churchill.
“Si j'ai écrit une si longue lettre, c'est parce que je n'ai pas eu assez de temps pour l'écrire plus courte.”2 Blaise Pascal.
La regla es la misma en todos los idiomas: escribir bien nada tiene que ver con el uso de palabras rimbombantes ni de expresiones superfluas ni de estructuras complejas; por el contrario, es mejor – nos dicen los ilustres autores citados en los epígrafes– utilizar un estilo llano de palabras cortas y castizas, y de sintaxis sencilla.
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UN SINFÍN DE “A LOS FINES DE” |
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La locución conjuntiva “a los fines de”, equivalente a “a fin de”, “con el fin de”, “con el objeto de”, o simplemente “para”, es de uso muy común en el mundo jurídico dominicano. Aparece dondequiera: en leyes, proyectos de leyes, sentencias de la Suprema Corte de Justicia, artículos de doctrina y hasta en las ciberpáginas de organismos judiciales, desplazando casi totalmente a otras frases de igual significado pero, a mi entender, más correctas. Al igual que en las ciencias económicas, donde la ley de Gresham establece que “moneda mala hace desaparecer la buena”, en lingüística el lugar común o cliché y los extranjerismos tienden a expulsar la expresión o palabra castiza.1
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EL ABOGADO DOMINICANO Y EL IDIOMA ESPAÑOL |
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“En composant la Chartreuse, pour prendre le ton, je lisais chaque matin deux ou trois pages du code civil, afin d'être toujours naturel...”1 Carta de Stendhal a Balzac del 30 de octubre de 1840.
Se supone que los abogados, por la naturaleza de su oficio, deben hablar y escribir bien el idioma o por lo menos mejor que la generalidad de la población y que otros profesionales cuyo quehacer principal no es la comunicación. Así como no se concibe que un cirujano no maneje el bisturí con destreza ni que un agricultor no sepa utilizar el machete, parecería absurda la idea de un abogado que no se exprese correctamente y que, por ende, sea incapaz de “abogar” de manera convincente en provecho de su representado. Con razón al abogado de antaño le llamaban “letrado”. Su conocimiento de la lengua y la habilidad que mostraba en su uso le hacían merecedor del calificativo, así como de prestigio y autoridad en la comunidad en que vivía.
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“Si el estado de la lengua permite sospechar cómo anda el pueblo que la habla... entonces estamos jodidos.” Julio Cortázar, El examen.
El idioma español está en crisis en la República Dominicana. Para comprobarlo no hay que ser ni filólogo ni sociólogo; basta con pasear por las calles de cualquier ciudad y leer los letreros de los negocios, u oír una conversación entre jóvenes profesionales en una oficina, u hojear las páginas de cualquier periódico - especialmente las deportivas –, o simplemente ir a comer a un restaurante de clase alta en Santo Domingo. En la calle, ya a nadie le causa sorpresa ver rótulos con genitivos foráneos como Fulano’s, o incorrectos aun en el idioma de donde provienen como Fulano Motor’s; en las oficinas, pululan los “espero por tí”, “eso hace sentido”, “déjame saber”, “te doy un forward”, “el issue es” y “te llamo para atrás”; en las páginas deportivas nos enteramos de que Mengano “hizo el equipo”; y en el restaurante nos tropezamos con una carta escrita en una jerigonza desconcertante, donde entre otras barbaridades, el pescado que en mi juventud se llamaba “atún” se ha trasmutado en todas partes en “tuna”, vocablo que puede significar muchas cosas en español, desde un grupo musical estudiantil – la tuna de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, por ejemplo – hasta el arbusto con espinas que se da en el Noroeste del país 1, pero jamás un plato para comer.
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