Apodos y Alias

Los raterillos de medio pelo y los ladrones de cuello blanco pueblan las crónicas periodísticas de apodos de lo más pintorescos que, si no fuera por lo que ocultan, podrían incluso resultar divertidos.
 
La ortografía, como si de una vulgar metiche se tratara, también tiene algo que decir sobre la forma correcta de escribirlos. Para los ejemplos, prefiero el mundo deportivo. El apodo, que generalmente se basa en algún rasgo de la persona, debe escribirse con mayúscula inicial. Si va introducido por un artículo, éste debe escribirse en minúscula: José Reyes, el Correcaminos, y David Ortiz, el Big Papi. Los sobrenombres se escriben entre comas excepto en los casos, en los que no pueden usarse aislados del nombre propio: Pedro el Cruel o Alfonso X el Sabio. Hay una costumbre muy frecuente en las crónicas deportivas de esta orilla del español: situar el sobrenombre entre el nombre de pila y el apellido.

Si elegimos esta modalidad, el apodo debe distinguirse del nombre mediante el uso de las comillas o de las cursivas: el pelotero José el Mambo Lima o el boxeador Fausto «Ceja» Rodríguez. A veces lo que distingue al personaje no es su apodo, sino su hipocorístico. No se me asusten: no es una mala palabra. Así se llaman los nombres abreviados o afectivos que usamos a veces como sustitución del nombre de una persona: Pepe por José, Tatica por Altagracia. La regla es la misma; así en Retiraron el número 31 como reconocimiento a Guillermo Memo García (o Guillermo «Memo» García). Los apodos, familiares, populares, deportivos o históricos, merecen también su minuto de gloria ortográfica.

Envíe sus comentarios y/o preguntas a la Academia Dominicana de la Lengua en esta dirección: consultas@academia.org.do

© 2011 María José Rincón

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